Homilía de D.
Joaquín Mª López de Andújar, Obispo de la Diócesis de Getafe en el X
Aniversario del Seminario Diocesano.
Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. 24 de abril de
2005.
"Acercándoos al Señor, la piedra viva desechada por los hombres,
pero escogida y preciosa
ante Dios, también vosotros como piedras vivas, entráis en la construcción del
templo del Espíritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios
espirituales que Dios acepta por Jesucristo" (1 Ptr. 2,4
ss.)
Querido Sr. Vicario General, Sr. Rector y formadores
del Seminario, queridos seminaristas, queridos sacerdotes, queridos amigos y
hermanos, que en este quinto domingo de Pascua, estáis participando con gozo en
esta solemne Eucaristía para conmemorar, con un corazón agradecido, el décimo
aniversario de la fundación de nuestro Seminario. Es un día de gozo para
nuestra Diócesis, y lo es también para toda la Iglesia por la entronización,
como su Pastor Supremo, de Su Santidad Benedicto XVI, celebrada esta mañana en
la Basílica de S. Pedro. Pediremos con filial afecto por él en esta Misa para
que el Señor le llene de su Espíritu de sabiduría y con fortaleza apostólica
nos confirme a todos en la fe.
Las palabras de la primera carta del apóstol San
Pedro, que hemos escuchado en la segunda lectura, nos animan, una vez más, a
poner nuestra mirada en Jesucristo nuestro Señor, muerto y resucitado, piedra
viva desechada por los hombres, pero escogida y preciosa ante Dios. En Él, todo
tiene consistencia y nuestra vida se llena de luz. Él ha querido contar con
nosotros para que unidos a Él, como piedras vivas, entremos a formar parte en
la construcción del Templo del Espíritu y, en esta porción de la Iglesia que es
la Diócesis de Getafe, seamos protagonistas directos y testigos privilegiados
de las maravillas que el Señor ha querido realizar en nosotros.
El Señor, en su misericordia infinita, quiso elegir
para guiar, como primer Obispo de la recién creada Diócesis de Getafe, a una
persona providencial.
D. Francisco José Pérez y Fernández-Golfín, al que de
una manera especial tenemos presente en este momento, tuvo en su mente desde
los comienzos mismos de la Diócesis, la creación del Seminario. Como maestro
formador de muchos sacerdotes, tanto en su etapa de Director Espiritual del
Seminario, como más tarde como Párroco, Vicario episcopal y Obispo Auxiliar de
Madrid, tuvo siempre la gran preocupación de formar sacerdotes santos,
entregados en cuerpo y alma a su ministerio sacerdotal, que transmitieran la
alegría infinita de haber sido llamados por Dios para hacer presente entre los
hombres a Jesucristo, Buen Pastor.
Al ser llamado por Dios para poner en marcha la
Diócesis de Getafe, su principal deseo fue la creación del Seminario. En Cubas
de la Sagra, comenzaron los primeros pasos y felizmente, con la ayuda eficaz y
generosa de D. Rafael Zornoza, nacía el Seminario de Getafe el año 1994, siendo
bendecidos sus locales, en una ceremonia sencilla y entrañable, por el Nuncio
de su Santidad, Mons. Mario Tagliaferri.
Han sido diez años muy fecundos; y aquí estáis ahora,
para darle gracias a Dios gran parte de los sacerdotes que en él os habéis
formado. Podemos decir que las palabras del Señor, que hemos escuchado en el
Evangelio, se han cumplido en la breve historia de nuestro Seminario diocesano:
"El que cree en mí, también él hará las obras que yo hago y aún mayores
" (Jn. 14,12). El Seminario es una obra de Dios, fruto de la fe
y la confianza en Él. Pero una obra, que está en sus comienzos y que, animados
por esa fe, hemos de seguir construyendo, entre todos, con la ayuda de Dios. En
el Seminario está el futuro de la Diócesis y seguirá caminando y dando frutos
si, entre todos, lo sacamos adelante, poniendo cada uno, según la misión que en
la Iglesia ha recibido, la parte que le corresponda, y uniéndonos todos,
siempre y en todo momento con la fuerza insustituible de la oración., en la que
participan de forma intensa y misteriosamente eficaz nuestras monjas de
clausura y una gran cadena de oración por el Seminario.
A los formadores del Seminario, con los que ahora
convivo y a los que estoy profundamente agradecido, les pido que, como han
hecho hasta ahora, muy unidos a su Obispo, sigan fielmente las orientaciones de
la Iglesia. "El Seminario es, nos dice la Exhortación Apostólica
“Pastores Dabo Vobis” sobre todo, una comunidad educativa en camino: la
comunidad promovida por el Obispo para ofrecer, a quien es llamado por el Señor
para el servicio apostólico, la posibilidad de revivir la experiencia formativa
que el Señor dedicó a los doce Apóstoles (..) La identidad profunda del Seminario es ser, a
su manera, una continuación en la Iglesia, de la íntima comunidad apostólica en
torno a Jesús, en la escucha de su Palabra, en camino hacia la experiencia de
la Pascua, a la espera del don del Espíritu para la misión" (PDV60) .
Siguiendo estas orientaciones aparece con claridad la
importancia de hacer del seminario una verdadera comunidad educativa que, en
comunión con el Obispo, tenga un claro y único proyecto formativo para que los
que caminan al sacerdocio conozcan y amen la inmensa riqueza de ministerios y
carismas que el Señor ha derramado en esta Diócesis y se preparen para ser
pastores, según que el corazón de Cristo, de todos aquellos que la Iglesia un
día les va a confiar, acogiendo a todos con paternal afecto sin otra
preferencia que la de los más pobres y desfavorecidos.
Tarea importantísima de todos es la pastoral
vocacional. Es verdad que tenemos que darle muchas gracias a Dios porque, en
estos años, no nos han faltado vocaciones y nuestro seminario figura entre los
primeros de España en número de vocaciones. Pero, proporcionalmente a la
cantidad de habitantes de la Diócesis, el número de vocaciones sigue siendo
insuficiente y es mucho lo que nos queda por hacer. Por el misterio de la
Encarnación sabemos que Dios siempre actúa por mediación nuestra. Y es muy
grande la responsabilidad que tenemos para que lleguen a buen término las
vocaciones que el Señor sigue suscitando.
Sabemos muy bien que nuestra primera responsabilidad es vivir santamente nuestra vocación sacerdotal. Al lado de un sacerdote santo siempre surgen vocaciones. Y la santidad va siempre unida al gozo inmenso de una vida totalmente entregada al servicio de Dios y de los hermanos. Ser sacerdote hoy es algo apasionante. Nadie como el sacerdote puede acercarse, con la luz de la fe, a los abismos más profundos del corazón humano, participando en sus alegrías y penas y siendo para todos, cauce e instrumento privilegiado de la misericordia divina. Nadie como el sacerdote llega a alcanzar un grado de comunicación tan intenso con los hombres que le permita ser compañero, amigo y padre de mucha gente hambrienta de Dios y deseosa de escuchar palabras verdaderas que ayuden a entender el significado más hondo de la realidad en la que vivimos inmersos. Y esta pasión y este gozo de la vida sacerdotal hemos de transmitirla a nuestros jóvenes, para que, a través nuestro, el Señor, si es su voluntad, les llame al ministerio sacerdotal.
Pero esto, siendo lo más importante, no basta. Para
fomentar la pastoral vocacional, junto al atractivo de nuestro testimonio
personal, los jóvenes han de sentir el atractivo de una Iglesia unida; han de
sentir la belleza una Iglesia que transparenta en su forma de ser y en su
misión evangelizadora, esa unidad que brota de las Tres Divinas Personas y que
por la gracia que nace de los sacramentos, especialmente del Bautismo y de la
Eucaristía, va dando frutos abundantes de comunión. Estos frutos hemos de
verlos, en lo que se refiere al cuidado y fomento de las vocaciones, en la
pastoral de juventud. Es fundamental una pastoral de juventud, sin
ambigüedades, con una propuesta clara y valiente del misterio de Cristo y, como
ha venido haciendo Juan Pablo II en todo su pontificado, fomentando la vida interior
y ofreciendo a los jóvenes la vocación a la santidad como algo que, con la
gracia de Dios, llena el corazón y es posible alcanzar. El día a día de la
pastoral de juventud hemos de hacerla en nuestras comunidades parroquiales y
movimientos apostólicos, pero no es suficiente. Los jóvenes necesitan espacios
más amplios donde vivir su fe y por ello hemos de ayudarnos mutuamente, para
poder ofrecer a los jóvenes signos eclesiales y encuentros comunitarios que
hagan visible la rica realidad de nuestra Iglesia diocesana; y, junto al Papa,
en las jornadas mundiales, poder experimentar con gozo la catolicidad de la
Iglesia. Las fronteras entre las naciones y las culturas son cada vez más
flexibles y los jóvenes han nacido ya en un mundo globalizado en el que la
Iglesia ha de manifestar la universalidad del evangelio y su capacidad de ser
fermento de las culturas, fuente de unidad y semilla de un mundo y de una
humanidad nueva en donde resplandezca la dignidad del hombre.
En la Diócesis de Getafe abundan los jóvenes y, por
ello nuestra responsabilidad es aún mayor. El Señor nos está bendiciendo con
muchos dones y nuestra respuesta ha de ser generosa. No escatimemos esfuerzos.
Presentemos con toda su fuerza transformadora la palabra de Cristo, en el seno
de una Iglesia diocesana unida y vigorosa, en la que todos los hombres de buena
voluntad puedan reconocer la vitalidad de aquella primitiva comunidad cristiana
de la que nos habla el libro de los Hechos de los Apóstoles donde "los
hermanos eran constantes en escuchar las enseñanzas de los apóstoles, en la
vida en común, en la fracción del pan y en las oraciones y todo el ,mundo
estaba impresionado por los muchos prodigios y signos que los apóstoles hacían
en Jerusalén" (Hech. 2,42-47)
Encomendemos el
Seminario y la Diócesis de Getafe a la Virgen María en este año de la
Inmaculada y de la Eucaristía. Que ella, mujer eucarística, sea siempre nuestra
maestra e intercesora.
"Madre de Jesucristo,
que estuviste con
Él al comienzo de su vida
y de su misión,
lo buscaste como
Maestro entre la muchedumbre,
lo acompañaste en
la cruz,
exhausto por el
sacrificio único y eterno,
y tuviste a tu lado
a Juan, como hijo tuyo;
acoge desde el
principio
a los llamados al
sacerdocio,
protégelos en su
formación
y acompaña a tus hijos
en su vida y en su
ministerio sacerdotal
Oh Madre de los
sacerdotes" AMEN. (PDV82)