Carta de D. Joaquín Mª López de Andújar Obispo de Getafe con motivo del nombramiento de Benedicto XVI.

 

BENEDICTO XVI, Obispo de Roma.

Signo, puesto por Dios, para reconocer la verdadera Iglesia

 

                El Evangelio, antes de narrarnos la institución de la Eucaristía, nos habla de su preparación, que comienza con un mandato del Señor:   “Id a la ciudad, encontraréis un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo y en la casa en que entre, decidle al dueño: “El  Maestro pregunta ¿ dónde está la habitación en que voy a comer la Pascua con mis discípulos?”. Os enseñará una sala grande en el piso de arriba, arregladla con divanes. Preparadnos allí la cena”(Mc. 14, 13-15).

S. Juan de Ávila, comentando este texto en uno de sus sermones sobre el Santísimo Sacramento, compara a la Iglesia con  la casa  de la Cena :“No se nos pase por alto esta casa, porque ésta significa la Iglesia”.Y al Papa lo compara con el hombre del cántaro, que conduce a los discípulos al lugar del Cena:  “Mirad que dice que un hombre lleva el cántaro de agua, porque ha de haber un hombre que sea cabeza y guía a quien vosotros sigáis, para acertar a la Iglesia (...) Este es el Papa, Vicario de Cristo, que lleva en su mano el cántaro de agua, que es la divina Escritura y los sacramentos; no porque él pueda hacer fe ni sacramentos, como tampoco el hombre que lleva el cántaro crió el agua ni el cántaro; más llevarlo en la mano es declarar cómo se ha de entender, y poner cada cosa en su lugar; y dar a beber el agua que Dios dio. Pues le está dicho “apacienta mis ovejas (Jn. 12,17). Y ¿cómo las apacentará, si no le dan que pueda declarar la Escritura y los sacramentos, en que las ovejas se apacientan? Diósele este poder para soltar y ligar, para declarar e interpretar, y sobre él está fundada la Iglesia” (Obras Completas.  BAC, T.III, pag.407)

 

                La muerte de Juan Pablo II y el comienzo del pontificado de Benedicto XVI han sido momentos intensos de emoción  y acción de gracias a Dios, por la vida santa, el ministerio fecundo y la entrega, hasta el límite de sus fuerzas, del Papa que se nos iba; y, al mismo tiempo, momentos también de profunda gratitud, por el Papa que nos venía, bien conocido de todos, que se presentaba ante la Iglesia y ante el mundo como humilde trabajador de la viña del Señor; y lo hacía, consciente de asumir un cometido infinito, superior a toda capacidad humana, pero seguro y firme, porque se sentía lleno de la gracia del Señor, protegido por la muchedumbre de los santos y acompañado por el amor, la fe y la esperanza de todos sus hijos.

 

                Pero los acontecimientos de estos días  han de ayudarnos especialmente a meditar y a  dar gracias a Dios, por encima de cualquier coyuntura histórica, por el don que constantemente, a lo largo de toda la historia, ha dado a su Iglesia y seguirá dándoselo, con el ministerio del Sucesor de Pedro. “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” (Mt.16,18).

 

                El Papa, “el hombre del cántaro”, seguirá guiando a los discípulos del Señor a la “Casa de la Cena”, la Iglesia Santa, que en torno a la Eucaristía, se va construyendo en medio del mundo, como edificio espiritual y sacerdocio santo, para mostrar a los hombres las maravillas de Dios. El Señor nunca abandona a su Iglesia. “He aquí que Yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. (Mt. 28,20). En el ministerio de nuestro nuevo Papa, seguiremos experimentando, todos los días, suceda lo que suceda, esta presencia

 

Joaquín Mª López de Andújar