ORDENACIÓN DE PRESBÍTEROS Y DIÁCONOS

 


ORDENACIÓN DIÁCONOS.
Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Cerro de los Ángeles
10 de Octubre de 2004


Queridos hermanos sacerdotes, queridos seminaristas, queridos amigos y hermanos y muy particularmente queridos ordenandos que dentro de unos momentos vais a recibir el sagrado orden del diaconado.

Hoy es un día muy feliz para la Iglesia diocesana de Getafe. Un día de alabanza a Dios y de acción de gracias por los muchos dones que el Señor derrama continuamente sobre nosotros. Especialmente damos gracias a Dios por haber llamado a estos jóvenes al ministerio diaconal y por la respuesta generosa que ellos han dado al Señor; damos gracias por sus familias, que hoy viven con gozo este momento, en las cuales ha nacido y ha crecido su fe y damos gracias por sus formadores que durante varios años de intenso trabajo les han ido preparando en su camino al sacerdocio.

A vosotros, queridos ordenandos, quiero dirigirme de una manera más directa en este momento. Hace unos instantes, el Sr.Rector del Seminario ha ido pronunciando vuestros nombres. Y vosotros os habéis ido levantando mientras decíais: "aquí estoy". Después dirigiéndose a mí me ha pedido, en nombre de la Santa Madre Iglesia, que os ordene diáconos. Y yo, representando sacramentalmente, en este momento, a Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote, he respondido diciendo como acabáis de oír: " Con el auxilio de Dios y de Jesucristo, nuestro Salvador, elegimos a estos hermanos nuestros para el Orden de los diáconos". Es Jesucristo quien os ha elegido. Es el Señor quien os llama. Se están cumpliendo ahora, aquí, en vosotros, las palabras del Señor a los apóstoles en la última Cena: " No me habéis elegido vosotros a mí, sino que Yo os he elegido a vosotros y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda" (Jn. 15,16). La conciencia de esta elección, la seguridad de haber sido gratuitamente llamados por Él y la certeza de que vuestra oración será, en toda circunstancia, escuchada ha de llenar vuestra vida, para siempre, de una inmensa gratitud, y de un gozo desbordante, que nada ni nadie os podrá arrebatar; y de un deseo muy grande de cumplir la misión para la que Él os ha destinado. Es verdad que esa elección del Señor se ha ido manifestando poco a poco. Un día sentisteis que Dios os llamaba para algo especial. Más tarde, con la ayuda de vuestros formadores, esa llamada fue madurando. Y hoy esa llamada es confirmada por la Iglesia con la autoridad del Señor. No tengáis ningún temor. Hoy vais a recibir la gracia del Espíritu Santo para cumplir la misión que Jesucristo y la Iglesia os confían y para dar fruto abundante. Y lo que el Señor ha comenzado en vosotros, Él mismo lo llevará a término.

Vuestra misión consiste en estar donde está el Señor. Y estar como servidores: seguir al Señor como servidores de Dios y de los hombres. "Si alguno me sirve, que me siga, y donde esté yo, allí estará también mi servidor. Y mi Padre le honrará" (Jn.12,26). Y estar con Jesús es estar en la gloria del Padre, es decir, en la presencia y en el amor del Padre. Y, con el Padre por medio de Jesucristo y por el don del Espíritu Santo, estar con los hombres, haciendo presente entre ellos el amor infinito de Dios: haciendo presente entre los hombres la misericordia entrañable de un Dios que, como dice el salmo 112,: "Levanta del polvo al desvalido, alza de la basura al pobre, para sentarlo con los príncipes, los príncipes de su pueblo..." Un Dios que " a la estéril le da un puesto en su casa como madre feliz de hijos".

En nuestro mundo, aparentemente opulento y lleno de bienestar, hay muchas necesidades y también, como dice el salmo, hay mucho desvalimiento. Está el desvalimiento y la pobreza de muchos hermanos nuestros que viven en situaciones verdaderamente críticas por su falta de recursos materiales, o por su desarraigo familiar, o por su situación de emigrantes recién llegados sin papeles y sin trabajo, o por tantas y tantas causas que conducen a la marginación y a la indigencia. Pero hay también otro desvalimiento, del que se habla menos y que incluso intenta taparse, el desvalimiento espiritual: la falta de valores espirituales y morales, el desconcierto de muchas familias que no saben cómo educar a sus hijos o la confusión de muchos jóvenes que no sabe qué hacer con su vida; y que se ven diariamente engañados por falsos paraísos de felicidad, que dejan el corazón vacío y una triste sensación de estar malgastando la vida.

Queridos ordenandos hoy la Iglesia os elige, os llama, os enriquece con el don del Espíritu Santo y os envía como diáconos para que, en medio de este mundo, como servidores del evangelio, anunciéis a Jesucristo, Salvador y Redentor, luz del mundo, en quien el hombre descubre su dignidad, su vida se llena de esperanza y el mundo entero adquiere para él consistencia y armonía.

En la oración propia esta celebración hemos pedido a Dios por vosotros con estas palabras: "Oh Señor concede a estos hijos tuyos que has elegido hoy para el ministerio del diaconado, disponibilidad para la acción, humildad en el servicio y perseverancia en la oración". Esto es lo que la Iglesia pide a Dios para vosotros: disponibilidad, humildad y perseverancia. Una disponibilidad que os llene de ardor apostólico y os haga estar siempre muy atentos a las necesidades de los hombres y a las orientaciones magisteriales de la Iglesia; una actitud humilde que os haga reconocer con gratitud, cada día, que todo lo que tenéis lo habéis recibido de Dios, y mucha perseverancia: siendo constantes en la oración y pacientes en el trabajo apostólico, soportando las debilidades humanas, propias y ajenas, y buscando siempre, no el propio provecho, sino el bien de aquellos que la Iglesia os ha confiado.

Y en la Plegaria de ordenación la Iglesia pide al Señor por los diáconos para que "resplandezca en ellos un estilo de vida evangélico, un amor sincero, solicitud por los pobres y los enfermos, una autoridad discreta, una pureza sin mancha y una observancia de sus obligaciones espirituales".

A partir de ahora, fortalecidos con el don del Espíritu Santo, tenéis, como diáconos, la misión de ayudar al Obispo y a su presbiterio en el anuncio de la Palabra, en el servicio del altar y en el ministerio de la caridad. Mostraos siempre como servidores de todos: que vean en vosotros al mismo Cristo, que se mostró, en el lavatorio de los pies, servidor de sus discípulos, enseñándonos que "el que quiera ser grande ha de convertirse en servidor... como el Hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir y dar su vida como rescate por muchos" (Mt. 20,26-28). Cuando exhortéis a los fieles, en la catequesis o en la homilía transmitiendo fielmente la fe de la Iglesia; o cuando presidáis las oraciones, administréis el bautismo, bendigáis los matrimonios o llevéis la comunión a los enfermos, que, en todo momento, sea el mismo Cristo quien actúe en vosotros , que os sintáis siempre instrumentos del Señor, hasta el punto de que el mismo Señor pueda deciros, al terminar cada jornada, como al servidor de la parábola: "Siervo bueno y fiel, en lo poco has sido fiel, te pondré la frente de lo mucho; entra en el gozo de tu Señor"(Mt. 25,23)

El ministerio del diaconado es un carisma, es un don del Espíritu. Pero es un don, no para vosotros, sino para la Iglesia, para el bien de la Iglesia, para la edificación del Cuerpo de Cristo. Acoged este don con mucho amor:

* Acoged este don haciendo de Jesucristo el centro de vuestra vida, en quien todo adquiere sentido y consistencia. (cfr. Col. 1,17). Que la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor, el sacramento de la reconciliación y la liturgia de las horas, sean el alimento de vuestra fe. Vivid como Él vivió, dando la vida por los demás, siendo seguidores fieles de Aquel que nos dijo: "Yo soy el buen pastor; y conozco a mis ovejas y las mías me conocen... y doy mi vida por las ovejas... nadie me la quita yo la doy voluntariamente" (Jn.10,14.15). El celibato, imitando a Jesucristo célibe, será para vosotros símbolo y, al mismo tiempo, estímulo para vivir la caridad pastoral y fuente de una especial fecundidad apostólica. Aceptad el celibato como una regalo de Dios y señal de una particular intimidad con Él. Por vuestro celibato os resultará más fácil consagraros, sin dividir el corazón, al servicio de Dios y de los hombres y con mayor facilidad seréis verdaderos ministros de la gracia divina.

* Acoged el don de este ministerio que la Iglesia os confía, abrazando la cruz. No son tiempos fáciles. Lo sabéis. Recibid como dirigidas hoy a vosotros, las palabras de Pablo a su joven discípulo Timoteo: "Haz memoria de Jesucristo el Señor, resucitado de entre los muertos... por el que sufro hasta llevar cadenas como un malhechor. Pero la Palabra de Dios no está encadenada. Por eso lo aguanto todo por los elegidos, para que ellos también alcancen la salvación, lograda por Cristo Jesús, con la gloria eterna" (2 Tim. 8-1).

* Y finalmente, acoged este don de Dios, en todo momento, con un corazón agradecido y gozoso, como el samaritano, del evangelio de hoy, que al ver lo que el Señor había hecho con él, "se volvió alabando a Dios a grandes gritos y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias" (Lc.17,15).

Pedimos hoy para vosotros y para toda la Iglesia de Getafe la especial protección de la Virgen María. Que nuestra actitud sea siempre ante Dios como la de la humilde servidora del Señor y que siempre reconozcamos y proclamemos con gozo las maravillas de Dios. Que María, reina de los ángeles y madre de la Iglesia interceda por nosotros.

ORDENACIÓN PRESBÍTEROS
Basílica del Sagrado Corazón de Jesús. Cerro de los Ángeles
12 de Octubre de 2004

Muy queridos hermanos que hoy vais a ser ordenados presbíteros, queridos familiares y amigos, queridos formadores del seminario, queridos hermanos sacerdotes, queridos amigos y hermanos todos.

Hace dos días celebrábamos con gozo, en nuestra Diócesis, la ordenación de diáconos y hoy nos volvemos a encontrar llenos de alegría para la ordenación de presbíteros. ¡ Bendito sea Dios!. " Dad gracias al Señor porque es bueno, porque es eterna su misericordia... (salmo 106). Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre. El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades. (salmo 99)". Continuamente tenemos que dar gracias a Dios porque nos acompaña en el camino de la vida dándonos continuas pruebas de su amor. Y ¡ qué mayor prueba de amor que su presencia cercana, en el ministerio sacerdotal, que hoy se va a ver acrecentada y enriquecida, en nuestra diócesis, con la ordenación de ocho nuevos presbíteros!. Sí. En el ministerio sacerdotal, el Señor ha querido mostrarnos su amor. Ha querido permanecer sacramentalmente como Buen Pastor que guía y cuida a su pueblo y como alimento de vida eterna en el pan eucarístico. Sacerdocio y Eucaristía son inseparables. No hay eucaristía sin sacerdocio ni sacerdocio sin eucaristía. Los dos sacramentos nacieron en la Última Cena, cuando el Señor, "habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo los amó hasta el extremo".

Hace ahora un año, nuestro querido obispo D. Francisco, al que en estos momentos volvemos a recordar con emoción, decía en su homilía de ordenación de presbíteros: "Nos reunimos para la ordenación sacerdotal de este grupo a quienes el Señor ha llamado para ser ministros suyos. Les impondremos las manos, invocaremos al Espíritu Santo y les entregaremos los signos de un poder espiritual, que arranca de aquella noche santa de la Última Cena, en que Cristo quiso instituir la Eucaristía como memorial de su Pasión, Muerte y Resurrección. Desde aquel momento, Eucaristía y sacerdocio quedaron íntimamente vinculados. Si la Eucaristía es centro y cumbre de la vida de la Iglesia, también lo es del ministerio sacerdotal... La Eucaristía es la principal y central razón de ser del sacerdocio... En aquella memorable noche al ofrecerles a sus apóstoles como alimento su Cuerpo y su Sangre, Cristo les implicó misteriosamente en el sacrificio que habría de consumarse pocas horas después en el Calvario". Hago mías, con gratitud, estas palabras de D. Francisco.

Realmente al pensar en la grandeza del ministerio sacerdotal uno se siente sobrecogido al ver la distancia tan grande que existe entre la misión que el Señor nos confía y nuestra debilidad humana; y sentimos como S. Pablo que este tesoro lo llevamos en "vasijas de barro". Pero nuestros temores desaparecen cuando pensamos que es el Señor quien nos ha elegido y que nunca nos faltará la fuerza de su Espíritu para cumplir esta misión.

Queridos hermanos que vais a ser ordenados presbíteros, tened confianza en Dios, dejaos llevar por Él. Él os ha llamado y Él os acompañará siempre con la fuerza de su Espíritu. No os avergoncéis de vuestra debilidad, ni de la debilidad de la Iglesia frente a los poderes de "este mundo" Porque vuestra fuerza es el Señor. Y Dios ha querido, como nos dice el apóstol, elegir lo débil del mundo para confundir a los "fuertes". Dios os ha elegido. Y en esa elección se tiene que fundar vuestra confianza. Tened presentes aquellas palabras del Señor al profeta Jeremías, que acabamos de escuchar: "Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de que salieras del seno materno te consagré... Adonde yo te en envíe irás y lo que yo te mande lo dirás. No tengas miedo que Yo estaré aquí para librarte... Mira yo pongo mis palabras en tu boca... (Jer. 1,4-9). Y también haced vuestras y meditad muchas veces las palabras del apóstol Pablo: "Encargados de este ministerio por misericordia de Dios no nos acobardamos... no adulteramos la Palabra de Dios... Predicamos que Cristo es Señor y nosotros siervos vuestros por Jesús" ("2 Cor. 4,1-2.5-7).

El Señor os ha elegido para continuar, sin interrupción, en el mundo su obra de Maestro, Sacerdote y Pastor, siendo colaboradores de los obispos, con quienes, junto con todo el presbiterio y en unidad de sacerdocio, sois llamados al servicio del Pueblo de Dios.

Jesús ha querido establecer un estrecho paralelismo entre el ministerio confiado a los sacerdotes y su propia misión: "quien a vosotros os recibe a Mi me recibe, y quien me recibe a Mi, recibe al que me ha enviado"(Mt.10,40); "quien a vosotros os escucha, a mi me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a Mi me rechaza; y quien me rechaza a Mi, rechaza al que me ha enviado"(Lc. 10,16). Y el evangelista S. Juan, a la luz del acontecimiento pascual de la muerte y resurrección del Señor, llega a decir: "Como el Padre me envió, también Yo os envío" (Jn.20,,21; cf.13,20; 17.18). Igual que Jesús tiene una misión que recibe directamente del Padre, así los sacerdotes tienen una misión que reciben de Jesús. Y de la misma manera que " el Hijo no puede hacer nada por su cuenta" (Jn. 5,19.30) Jesús les dice a los apóstoles y hoy os dice a vosotros: " separados de Mi no podéis hacer nada"(Jn 15,5). Vuestra misión, queridos hermanos que vais a ser ordenados presbíteros, no es propia, sino que es la misma misión de Jesús. Y esto es posible no por las fuerzas humanas, sino sólo por el poder de Dios. "Recibid el Espíritu Santo - dice el Señor a sus apóstoles - a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos"(Jn. 20, 23). (cf. PDV 14)

"Los presbíteros - nos dirá Juan Pablo II en PDV - son en la Iglesia y para la Iglesia una representación sacramental de Jesucristo, Cabeza y Pastor: proclaman con autoridad su Palabra; renuevan sus gestos de perdón y de ofrecimiento de la salvación, principalmente con el Bautismo, la Penitencia y la Eucaristía; ejercen hasta el don total de sí mismos, el cuidado amoroso de su comunidad, a la que congregan en la unidad y conducen al Padre por medio de Jesucristo en el Espíritu. En una palabra, los presbíteros existen y actúan para el anuncio del evangelio al mundo y para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabeza y Pastor ..." (PDV 15)

Una identificación tan intensa con la persona y la misión de Jesús nos está pidiendo a los sacerdotes una gran intimidad con Él en la oración y un modo de vivir como el de Cristo. Una relación tan estrecha con Jesús, nos esta exigiendo una caridad sin límites como la del Señor " el cual, siendo de condición divina no hizo alarde de su categoría divina, sino que se despojó de su rango tomando la condición de esclavo... y se humilló a si mismo obedeciendo hasta la muerte y una muerte de cruz". (Fil. 2, 6-10). Nos está pidiendo una existencia radicalmente evangélica, marcada y configurada por la cruz del Señor. Una cruz abrazada con amor y con gozo. Porque en la cruz del Señor, en su sacrificio redentor, diariamente actualizado en la celebración eucarística, está nuestra salvación y está la salvación del mundo y está el sentido último de nuestra misión como sacerdotes. La existencia del sacerdote es "Eucaristía" hecha vida.

Dentro de unos momentos, cuando os entregue la patena con el pan y el cáliz con el vino para la ofrenda eucarística escucharéis, cada uno de vosotros, estas palabras: "recibe la ofrenda del pueblo santo para presentarla a Dios. Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la cruz del señor". Que la Eucaristía sea el centro de vuestra vida. Es el momento más esencial en la vida de un sacerdote. Es el momento del día que da sentido a todo lo demás. En la Eucaristía el sacerdote se hace uno con Cristo, entra con Cristo, por el don del Espíritu Santo, en el misterio de la redención, se identifica de tal manera con Cristo que su palabra y su vida ya no son suyas, son las palabras y la vida del mismo Cristo: "Tomad y comed, esto es mi Cuerpo que se entrega por vosotros. Tomad y bebed, esta es la Sangre de la Nueva a Alianza derramada por vosotros". Toda la vida del sacerdote es vida eucarística, es constante acción de gracias por el amor del Padre, manifestado en el sacrificio redentor de su Hijo; y es constante ofrenda que se entrega para que los hombres tengan vida eterna. Toda la vida del sacerdote es un morir para que otros vivan, es tener los sentimientos de Cristo, el amor de Cristo, la compasión de Cristo. Es acercarse al ciego, incapaz de descubrir la verdad, para iluminar sus ojos con la luz de la fe; es acercarse al que está cansado de la vida y ha perdido la esperanza para decirle, como el Señor al paralítico: "levántate y anda". Es buscar como buen pastor a tantas ovejas perdidas, a tantas "samaritanas" deseosas de que alguien les ofrezca el agua viva del Espíritu para calmar su sed de amor, de reconocimiento sincero, de dignidad y de verdadero respeto; es volver la mirada a muchos "pedros" arrepentidos para secar sus lágrimas y, en el nombre de Cristo, perdonar sus pecados, es acercarse a tantos "zaqueos" que hartos ya, de bienes que se corrompen , buscan, muchas veces sin saber donde , esos bienes del espíritu, cuyo origen sólo podrá ser encontrado en el amor infinito de un Dios, que en su Hijo Jesucristo muerto y resucitado, nos lo ha dado todo.

¡Oh María, Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes, tú que estuviste con tu Hijo Jesucristo al comienzo de su vida y de su misión, lo buscaste como Maestro entre la muchedumbre y lo acompañaste en la cruz, acoge a estos hijos tuyos, que hoy van a ser ordenados sacerdotes, protégelos y acompáñalos siempre en su vida y en su ministerio para sean en todo momento fiel reflejo de tu Hijo Jesucristo, Buen Pastor, y como Él den su vida por las ovejas. Madre de los sacerdotes, ruega por nosotros. AMEN

NOTA DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

NOMBRAMIENTO EPISCOPAL
Mons. Joaquín Mª López de Andújar ha sido nombrado Obispo de Getafe

Era Obispo auxiliar de esta diócesis desde mayo de 2001 y desde febrero de 2004 era el Administrador diocesano

Madrid, 29 de octubre de 2004

La Nunciatura Apostólica en España comunica a la Conferencia Episcopal Española (CEE) que a las 12 horas de hoy, viernes 29 de octubre de 2004, la Santa Sede ha hecho público que el Papa Juan Pablo II ha nombrado Obispo de la diócesis de Getafe a Mons. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo.

La diócesis de Getafe estaba vacante desde que el 24 de febrero de 2004 fallecía repentinamente su hasta entonces titular, Mons. Francisco José Pérez y Fernández-Golfín, primer Obispo de Getafe. Mons. López de Andújar era Obispo auxiliar de Getafe desde mayo de 2001 y a la muerte de Mons. Pérez y Fernández-Golfín fue elegido Administrador diocesano de Getafe.
Madrileño de 62 años
Nació en Madrid el 13 de septiembre de 1942. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Hispanoamericano y en el Seminario Conciliar de Madrid. El 30 de noviembre de 1968 fue ordenado presbítero. Es bachiller en Teología, licenciado en Derecho Civil y ha cursado un bienio de Teología Catequética.
En los primeros ocho años de su ministerio sacerdotal fue Coadjutor en dos parroquias de la archidiócesis de Madrid. Entre 1977 y 1984 fue Ecónomo de la parroquia "Ntra. Sra. de Africa" de la capital de España y entre 1978 y 1984, Arcipreste de "San Roque", también en Madrid. Entre 1984 y 1991, fue Vicario Episcopal de la Vª Vicaría Episcopal Territorial de Madrid.
Getafe, la séptima diócesis más populosa de España
Desde 1991 era el Vicario General de la diócesis de Getafe, creada ese mismo año y que, en la actualidad, supera el millón doscientos mil habitantes. Getafe es la séptima diócesis más poblada de España.
Responsable del Diaconado permanente
Fue nombrado Obispo auxiliar de Getafe el 19 de marzo de 2001, recibiendo la ordenación episcopal el 6 de mayo siguiente. En la CEE pertenece a la Comisión Episcopal del Clero y es el responsable del Comité para el diaconado permanente

COLEGIO DE CONSULTORES


El Colegio de Consultores de la Diócesis de Getafe

Se complace en invitarle a la toma de posesión de la Diócesis de Getafe del Excmo. y Rvmo. Sr. D. Joaquín María López de Andújar y Cánovas del Castillo que tendrá lugar en la Solemne Celebración de la Eucaristía del IV Domingo de Adviento, el 19 de diciembre de 2004, a las 17,00 horas en la Basílica del Sagrado Corazón de Jesús del Cerro de los Ángeles (Getafe)

GETAFE, NOVIEMBRE 2004

INFORMACIONES


Formación permanente para sacerdotes
Calendario del curso 2004-2005

Encuentros en el Cerro de los Ángeles: 11, 15h.

13 dic LA LLAMADA A LA MISION DE ECCLESIA IN EUROPA

17 ene LA PARROQUIA, ESPERANZA PARA LA NUEVA EVANGELIZACION

7 feb EL APOSTOLADO SEGLAR ASOCIADO, ESPERANZA PARA LA NUEVA EVANGELIZACION

14 marzo LAS TENTACIONES ANTE LA EVANGELIZACIÓN y LA CONVERSIÓN INDISPENSABLE (cf. C.2) el secularismo interno de la Iglesia> el afecto a la Iglesia, la eclesialidad, las divisiones> las tentaciones de incercia, apatía, rutina, pereza y falta de celo evangelizador

11 abril VIDA Y ACCION DE LOS MINISTROS ORDENADOS > una vida profética > el signo del celibato>

9 mayo LAS VOCACIONES HOY: NUEVAS CONDICIONES Y PROPUESTAS Visión práctica del problema y lectura teológica de la crisis vocacional


EJERCICIOS ESPIRITUALES PARA SACERDOTES

Enero, 10-14. Casa de Ejercicios Esclavas de Cristo Rey. Navas de Riofrío. Segovia.