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Homilía de Mons. López de
Andújar en la fiesta de SANTA MARÍA MADRE DE DIOS (Jornada de
oración por paz – 1 de enero 2006) |
La Iglesia quiere que comencemos el
año contemplando el misterio de María Madre de Dios. “Santa María Madre de
Dios, ruega por nosotros pecadores ahora y en la hora de nuestra muerte”. Así
rezaba el pueblo fiel acompañando a los padres conciliares, cuando en el año
431, en la ciudad de Éfeso, fue definido el dogma de la Maternidad Divina de
María. Si María no fuese Madre de Dios, Jesús no sería Hijo de Dios, y si Jesús
no fuera Hijo de Dios estaríamos sin Salvación.
María es Madre de Dios. La Salvación entró en el mundo por medio
de María. Ella es la puerta por la que Dios entró en el mundo y Ella es también
la puerta por la que el mundo entra en Dios. María no sólo es la Madre de Dios.
También es nuestra Madre. Jesucristo en la cruz nos la entregó como Madre. Por
eso podemos decir también que ella es el camino y la puerta para llegar a
Cristo, el Hijo de Dios. Ella es el camino para llegar a Dios. “Dios y Señor
nuestro que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los
bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión de Aquella de
quien hemos recibido a tu Hijo Jesucristo, el Autor de la Vida”.
Por eso es muy apropiado celebrar en este día primero del año la
Jornada Mundial de Oración por la Paz, pidiendo al Señor, por intercesión de
María, el bien de la salvación más precioso: el bien de la paz.
Como todos los años el Papa ha
dirigido su mensaje de paz a todos los hombres y mujeres del mundo: “Deseo
hacer llegar un afectuoso saludo a todos los hombres y a todas las mujeres del
mundo de modo especial a los que sufren a causa de la violencia y de los
conflictos armados. Es también un deseo lleno e esperanza por un mundo más
sereno, en el que aumente el número de quienes, tanto individualmente como
comunitariamente, se esfuerzan por seguir las vías de la justicia y de la paz”
(Cf. nº1).
Este año el Papa ha centrado su mensaje en la relación entre la verdad
y la paz. El lema de este año, que es “En la verdad, la paz”, se expresa la convicción de
que, cuando el hombre se deja iluminar por el esplendor de la verdad, emprende de modo, casi natural, el camino de
la paz (cf. nº 3).
En la
verdad la paz
Y es que la paz sólo es posible como
fruto o resultado de un orden diseñado y querido por el amor de Dios. Para que
haya paz es preciso respetar ese orden. Hay que vivir en coherencia con la
verdad de ese orden, es decir, con la realidad de las cosas, tal como esa
realidad ha sido creada por Dios. Y para que respetemos ese orden, esa
realidad, Dios ha inscrito en el corazón de cada hombre, desde que el hombre es
hombre, en todas las culturas y en todas las épocas una ley moral universal.
Por eso cuando, quebrantando esa ley universal impresa en la naturaleza humana,
no se respeta la vida humana, o no se respeta la familia o cuando se
obstaculiza y se impide el desarrollo integral de la persona y la tutela de los
derechos fundamentales; cuando muchos pueblos se ven obligados a sufrir
injusticias y desigualdades intolerables ... , es imposible la paz. Sólo es
posible la paz cuando se respeta y se realiza por completo la verdad del hombre
(cf. nº 4).
Lo contrario de la verdad es la mentira, es negar la realidad,
es contradecir ese orden querido por Dios, es inventarse “otra realidad”, según
las propias conveniencias de cada uno. Y la mentira está relacionada con el
drama del pecado y sus consecuencias perversas, que han causado y siguen
causando efectos devastadores en la vida de los individuos y de las naciones
(cf. nº 5).
La auténtica búsqueda de la verdad
requiere tomar conciencia de que el
problema de la verdad y la mentira concierne a cada hombre y a cada
mujer, y que es decisivo para un futuro pacífico de la humanidad. Buscar la
Verdad, amar la Verdad, ser testigos
valientes de la Verdad. Todo esto supone:
·
Conciencia de estar
unidos por un mismo destino
trascendente, valorando y teniendo en cuenta y valorando adecuadamente las
legítimas diferencias.
·
Promover una convivencia
de todos los ciudadanos en una sociedad gobernada por la justicia.
·
Cultivar relaciones
fecundas y sinceras, buscando la reconciliación y el perdón y siendo fieles a
la palabra dada.(6)
Jesucristo es quien nos revela la plena verdad del
hombre y el sentido último de la historia. Jesucristo es la Verdad que nos da
la paz. Con la fuerza de su gracia es posible estar en la verdad y vivir en la
verdad.
Los enemigos
de la verdad
Los grandes enemigos de la verdad y, por tanto, de la
paz son el “nihilismo” y en el “fanatismo religioso” (fundamentalismo). Uno y
otro están en la base de muchas formas de terrorismo.
Los nihilistas niegan
la existencia de cualquier verdad. (casa edificada sobre arena; dictadura del
relativismo)). Los fundamentalistas tiene la pretensión de imponer la “verdad”
por la fuerza.
Unos y otros coinciden en le desprecio del hombre y de
la vida y, en última instancia, en el desprecio de Dios. El “nihilismo” niega
su existencia; el fundamentalismo fanático desfigura su Rostro benevolente y
misericordioso.(cf. nº 8)
“Quien mata
con atentados terroristas cultiva sentimientos de desprecio hacia la humanidad,
manifestando desesperación ante la vida y el futuro” (Mensaje Jornada Mundial
de la paz 2002,6).
Nuestra vocación
cristiana nos impulsa en este día a intensificar en todas las partes del mundo
el anuncio y el testimonio el evangelio de la paz.
Dios es Amor que salva. Dios es Padre amoroso que
desea ver cómo sus hijos se reconocen entre ellos como hermanos. Dios es fuente
inagotable de esperanza que da sentido a la vida personal y colectiva. Dios es
el único que hace eficaz toda acción encaminada al bien y a la paz.
Y ese Dios se ha encarnado en el mundo por María. A
Ella acudimos hoy como hijos pidiéndole que nos ayude a encontrarnos con su
Hijo, Príncipe de la Paz, Autor de la Vida, Revelación del amor del Padre,
Señor de la Historia, amigo y hermano nuestro, que nos conduce, por el don del
Espíritu Santo, hacia el Padre, fuente inagotable de Verdad y de Amor.