Apostas铆a: “Nos duele que se vayan de casa”
2008-06-10
Son las diez y media de la ma帽ana, llega Olga, la cartera, y entre toda la correspondencia para el Obispado de Getafe, se encuentra una carta especial. Es la comunicaci贸n de un hermano que solicita el abandono formal de la Iglesia Cat贸lica y la cancelaci贸n de su partida de Bautismo. Un hermano que rechaza su fe.
Las personas encargadas de atender esta encomienda nos ponemos manos a la obra, con discreci贸n, prudencia y el amor que requiere toda persona. Lo que verdaderamente importa es ese hombre o mujer que nos muestra su desacuerdo y se quiere marchar de Casa.
Perm铆teme, amigo lector, que haga un alto en el escrito con el fin de ayudarnos en la realidad que nos ocupa:
驴Te has encontrado con alguien que se ha planteado apostatar? 驴Qu茅 opini贸n te merecen, a ti, en concreto? 驴Te parece algo menor en medio de la multitud de quehaceres pastorales y misioneros? 驴Cual ser铆a tu discurso junto al ap贸stata despu茅s de escuchar sus razones?
A todos nos preocupa la situaci贸n de la Iglesia en Europa donde la p茅rdida de esperanza reside en el intento de hacer prevalecer una antropolog铆a sin Dios y sin Cristo. El Papa Juan Pablo II constataba: “La cultura europea da la impresi贸n de ser una apostas铆a silenciosa por parte del hombre autosuficiente que vive como si Dios no existiera” (Ecclesia in Europa n 9). Pero no es menos cierto que hemos de considerar positiva la presencia de quienes se acercan a exponer los motivos que sostienen la decisi贸n de apostatar, aunque el n煤mero de apostas铆as no sea elevado. En nuestra Di贸cesis, en este a帽o, se han recibido 30 peticiones.
Dichos acontecimientos nos interpelan y hacen que nos “adelantemos” hacia los que viven sumergidos en la duda. Urge buscar a la persona; es preciso llegar a los 煤ltimos, a los que llamamos alejados. Nos inquieta disponer con verdadero esp铆ritu evang茅lico, el tiempo, los medios y lo que sea necesario, para que estas personas sean atendidas correctamente, y acoger la oportunidad de su ayuda para revisar la vida cristiana, y facilitamos elementos en la autocr铆tica eclesial, porque en ocasiones velamos en lugar de desvelar el genuino rostro de Dios. Por eso oramos as铆: “Creo, Se帽or, pero aumenta mi fe”.
Los ap贸statas, cuando se establece un encuentro verdaderamente humano, verbalizan sus porqu茅s de dejar la Iglesia. Tambi茅n soy testigo de c贸mo escuchan las razones y porqu茅s de nuestra pasi贸n por Jesucristo y del porqu茅 permanecemos en Casa.
Hemos viajado a Segovia, a Castell贸n,…para encontrarnos, tomando un caf茅 o sentados en el banco de un parque. Tenemos encuentros frecuentes en el bar de la Estaci贸n Getafe Central, dialogamos sobre nuestra vida, de las razones que la sostienen, de la dignidad de la persona y de Dios, Padre de todos.
La mayor铆a han llevado el proceso hasta la anotaci贸n de la apostas铆a en su partida de Bautismo. En otros casos se mantiene la conversaci贸n, y quiz谩s se produzca el regreso a la plena comuni贸n eclesial.
La experiencia nos indica que los hombres y mujeres que apostatan piden, sin pedir, que se les escuche, pues por diferentes motivos viven heridos de desesperanza, desorientados, inseguros, en una cultura donde parece que lo obvio es no creer, mientras que creer requiere una legitimaci贸n social que no es indiscutible. Recuerdo a uno de los ap贸statas, ingeniero, director de una empresa, y c贸mo me confiaba los motivos de su vac铆o interior. Escuchar y ayudar a un ap贸stata tiene un efecto de c铆rculos conc茅ntricos; cerca de 茅l, hay familia, amigos o colegas, y el bien se expande.
En Getafe no nos resulta gravoso este encargo del Obispo; pensamos que el anuncio del Evangelio de Cristo, no es cuesti贸n de cantidad, sino de dejarse guiar por el Esp铆ritu Santo, de tener entra帽as de misericordia y atender con todo nuestro ser a la persona concreta, con nombre y apellidos, con una historia 煤nica, por la que Dios se desvive cada ma帽ana. Desde el coraz贸n de la Iglesia salimos en busca de la oveja perdida:
“Yo soy el buen pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas… Tengo, adem谩s, otras ovejas que no son de este redil; tambi茅n a ellas tengo que conducirlas” (Jn 10, 14-17), Y esperamos a la vera del camino al hijo que se march贸 de Casa. Santa Teresa del Ni帽o Jes煤s nos regal贸 una perla preciosa para el desierto de los corazones: “Tu hija acepta comer el pan del dolor todo el tiempo que t煤 quieras, y no quiere levantarse de esta mesa repleta de amargura, donde comen los pobres pecadores hasta que llegue el d铆a que t煤 tienes se帽alado”.
Tarea dif铆cil y compleja con los ap贸statas. Para afrontarla necesitamos la ayuda de testigos de Cristo, miembros de comunidades cristianas humildes, discretas, generosas donde se comparten los progresos y los fracasos, viviendo insertados en la sociedad dando testimonio del amor de Dios a los hombres.
iDios, Padre nuestro!
Jos茅 Mar铆a Avenda帽o Perea (Publicado en la revista Vida Nueva)聽















