La parroquia Natividad de Nuestra Señora de San Martín de la Vega acogió en la noche del viernes 9 de enero la primera OCEO (Oración con el Obispo) del año. Decenas de jóvenes se dieron cita para rezar junto al obispo, Ginés García Beltrán, en la Adoración Eucarística y meditar sobre la familia y la fidelidad a la vocación.
Como en cada encuentro, el obispo dirigió unas palabras a todos ellos. Después de proclamarse el capítulo quinto de la Epístola a los Efesios y escuchar dos testimonios, lanzó la pregunta «¿Qué es lo que sustenta una familia?». «La fuente de una familia es el matrimonio. ¿Por qué hay una familia?, porque hay un matrimonio, un matrimonio que como fuente de vida tiene hijos, la experiencia de ser hijo, que es una experiencia de amor, que es la experiencia también de los esposos».
García Beltrán subrayó que «el matrimonio también es una vocación» y recordó que «no solo los sacerdotes tenemos vocación, no solo las religiosas, las consagradas o consagrados tienen vocación, sino que el matrimonio también es una vocación, y cuando el matrimonio se vive con vocación se sabe llamado a una misión».
El amor entre los esposos
«Siempre que escucho este texto de la Carta a los Efesios, que a mí personalmente me gusta leerlo, me acuerdo cuando fui párroco, y en concreto en una parroquia donde estuve, donde había muchísimas bodas, más de 100 bodas cada año, y cada fin de semana preparaba las bodas con las tres parejas que se iban a casar, y siempre les preguntaba: “¿Qué lectura de la Palabra de Dios queréis que se lea en vuestro matrimonio?”. Y el 95 % me decían esta»
«Y si yo os preguntara ahora –continuó dirigiéndose a los jóvenes–, ¿cuál es la lectura de la Palabra de Dios del matrimonio?, el 95 % me diría: “Esa de San Pablo”. Pero ¿cuál es esa de San Pablo?».
«“El amor es comprensivo, el amor es servicial, el amor no tiene envidia”, y yo me pregunto: ¿y no podríamos leer esa en una ordenación sacerdotal?, ¿y no podríamos leerla en una consagración de religiosas, de consagrados?, ¿por qué no?».

El obispo de Getafe ofreció la respuesta a continuación: «El texto del Nuevo Testamento, donde más claro nos habla del matrimonio, según lo que piensa la Iglesia, es este que hemos escuchado, Efesios 5».
«¿Cómo tiene que amar el esposo a la esposa?, ¿cómo tiene que amar la esposa al esposo? La respuesta que da san Pablo es: “como Cristo amó a su Iglesia”. Y si yo os preguntara: ¿y cómo amó Cristo a su Iglesia? Entregándose por ella. ¿Y para qué se entrega el esposo a la esposa?: para que la esposa sea santa, inmaculada, hermosa».
El obispo continuó: «¿Por qué se casan dos jóvenes? Para ser santos, para crecer, para ser hermosos, no según el mundo, sino hermosos en el corazón de Dios».
«Cristo se entrega a la Iglesia, y por eso el amor cristiano y el amor matrimonial tienen el modelo de Cristo, que es el esposo de la Iglesia».
No es un sombrero, sino un sacramento
El obispo también se refirió a los que no se quieren casar porque piensan «que para firmar unos papeles no hace falta amarse». «Yo estoy de acuerdo: cuando uno se casa, no se casa para firmar unos papeles, sino que lo que quiere realizar es un signo, que nosotros los cristianos llamamos sacramento, que es un signo de la presencia de Dios en medio de nosotros, una presencia que transforma, una presencia que nos hace nuevos, una presencia que nos llena de identidad y que nos capacita para amar como Cristo amó a su Iglesia».
«El chico y la chica que vienen aquí a la iglesia y se dicen “sí quiero”, delante de Dios, cuando salen, ya son distintos», explicó.
«Es esposo, es esposa. Por eso, el matrimonio cristiano no es un sombrero: ¡no!, transforma, porque los sacramentos transforman».

Ginés García Beltrán preguntó entonces a los jóvenes: «¿Cómo puede vivir la Iglesia sin Cristo? Imposible. ¿Cómo puede vivir la esposa sin el esposo? Imposible. En el reconocimiento de la propia vocación matrimonial, uno es más consciente de la vida que ha recibido».
«Queridos jóvenes, muchísimos de vosotros, seguro que estáis llamados a ser y a formar familias cristianas. Muchos de los que, a lo largo de estos años, han venido a rezar a la OCEO, hoy son matrimonios cristianos, hoy son padres cristianos. Esto es lo que necesita la Iglesia, pero esto también es lo que necesita el mundo».
Antes de concluir, pidió rezar especialmente por aquellos que quieren formar una familia cristiana, para que sean «la primera Iglesia, como el Concilio Vaticano II la llamó, la Iglesia doméstica».