En medio de un mundo rápido y saturado de ruido, todavía hay jóvenes que se detienen, preguntan y descubren que la fe sigue siendo una respuesta posible. Cuatro voces de nuestra diócesis comparten su experiencia de creer en el presente: historias distintas unidas por un mismo hilo: la búsqueda sincera de Dios.
Pedro López lo expresa con serenidad: «Tengo fe porque la he buscado y Dios me ha correspondido». Aunque parte de su familia vive la fe, insiste en que no la mantiene por inercia, sino por decisión propia. «La fe es un don, pero llega si la pides, si buscas sin prejuicios y con la mente abierta». Hoy no pertenece a ningún grupo, pero comparte la fe con su novia y su círculo más cercano: «En ellos encuentro una referencia». Para él, no se trata de modas o booms espirituales, sino de redescubrir lo esencial: «Cristo, con doce, cambió la historia. Los valores cristianos siguen siendo respuesta a las preguntas que todos nos hacemos».

Jaime Lapastora también creció en un entorno creyente. «La fe la tengo desde pequeño, por mis padres y mi colegio. Pero ha sido ya de joven cuando he empezado a vivirla por mí mismo, precisamente en los grupos de vivencia de la diócesis». Observa con esperanza que algo está cambiando: «Creo que estamos viviendo un momento donde la gente está redescubriendo la Iglesia y la fe, desde fuera y desde dentro». Aunque confiesa entre risas que lee menos de lo que le gustaría, reconoce el valor de la formación para seguir creciendo.
«Busco dónde quiere el Señor que esté»
Por su parte, Laura Ruiz vivió una experiencia similar, pero con un punto de inflexión. «Crecí en una con Cristo». Hoy forma parte de los Jóvenes del Costado de Jesús, en Getafe, y observa con alegría cómo más personas se acercan a la fe, aunque advierte: «Dios no se manifiesta en grandes revelaciones emotivas, sino en las cosas pequeñas del día a día».
Ana María Caras Piles también reconoce haber recibido la fe en casa: «Desde pequeña he crecido en un ambiente católico. Mi mayor testimonio de fe son mis padres y mi hermano; tengo mucha suerte». Su camino comenzó en el Regnum Christi, movimiento que considera su hogar espiritual, pero ahora vive un tiempo de discernimiento: «Estoy explorando otras realidades de la Iglesia, buscando dónde quiere el Señor que esté».
Acompañada por su novio, comparte su crecimiento a través de la lectura y la formación. «El último libro que leí fue “Tres Meses”, de Tomás Trigo, y ahora estamos leyendo “Alegría para el tiempo y para la eternidad”, sobre el noviazgo cristiano y el verdadero sentido del amor».
En sus voces resuena una misma verdad: la fe puede nacer en la familia, en un colegio o en una comunidad, pero solo se sostiene cuando se elige cada día. Creer no es repetir lo aprendido, sino descubrir que, en medio del ruido, Dios sigue hablando en silencio, esperando ser encontrado por quien lo busca con el corazón abierto.