Buscaba un centro en el que crecer a nivel personal, en el que le dieran una formación de calidad y que le ayudara en su vida espiritual. Álvaro, de 16 años, encontró el Colegio-Seminario de Rozas, se lo propuso a sus padres y ahora es uno de los seminaristas.
• ¿Cómo llegaste al Seminario Menor?
—Estaba buscando un sitio donde tuviera un ambiente de estudio, sobre todo estos años que he empezado Bachillerato; también un sitio donde creciera a nivel
personal; que aumentara mi responsabilidad y mi autosuficiencia. En la parroquia, y chicos de mi pueblo que estaban aquí, me hablaron del Seminario e investigué. Vine a la jornada de Puertas Abiertas, estuve tres días de prueba y a verdad que me encantó.
• ¿Fue una propuesta de tus padres o quisiste tú?
—Yo fui el que aposté, digamos así, y se lo comenté a mis padres y ellos me apoyaron en todo momento.
• ¿Cómo es tú día en el Seminario?, ¿qué es lo más importante para ti?
—Nos despertamos, nos aseamos, vamos a desayunar, y después rezamos Laudes. Luego vamos a clase. Cuando salimos tenemos diferentes actividades entre las cuales se encuentran el deporte, voluntariado algún día, senderismo… Después del tiempo de estudio, por las tardes celebramos la Eucaristía y por las noches hay días que tenemos cine, otros días Hora Santa… está muy bien la verdad. Para mí lo más importante son esos ratos con el Señor. En todo el Colegio- Seminario tenemos tres Sagrarios y para mí es fundamental buscar esos huecos para hacer oración personal porque además me da mucha fuerza y ánimo.
• ¿Y si Dios te llamara al sacerdocio?
—Bueno, pues al final llame a lo que llame el Señor, la vocación que Él tiene preparada es la que más feliz nos va a hacer y en la que más cerca estemos de Él. Ahora mismo tengo una cosa muy clara: mi vocación, como la de todos, es ser santo y estar cerca de Dios. Entonces, sea padre de familia, sea sacerdote o a lo que Dios me llame, lo más importante sería eso, estar cerca de Él. El discernimiento, el acompañamiento que tenemos por directores espirituales y la relación con el Seminario Mayor se agradece muchísimo y ayuda muchísimo.
• ¿Qué es lo que más te llama la atención de la formación del Colegio y del Seminario?
—Destacaría la familiaridad y la disponibilidad que tienen los profesores y los formadores. La familiaridad porque se sienten como súper cercanos y como si fuera tu familia; y luego la disponibilidad porque en cualquier momento puedes hablar o con la orientadora o con el rector sobre cualquier tipo de cosa, ya sea educativa o personal. Los seminaristas que por las tardes estamos aquí también podemos acudir al director espiritual.
• ¿Cómo les recomendarías a otros que estudiaran en este Colegio y que probaran la experiencia del Seminario Menor?
—Yo les diría lo enriquecedoras que son las actividades, cómo te forman, cómo es vivir en comunidad. También a nivel personal, puesto que muchas veces vas a tener que convivir con otras personas en tu trabajo o en una comunidad de vecinos, por ejemplo. El aprender a convivir con los demás, hacer deporte, el tener esa responsabilidad, esa constancia, sobre todo en el estudio, que es lo que más nos cuesta. También el estar cerca de Dios, la Eucaristía diaria y tener una confesión en tu misma casa y dormir bajo el mismo techo que Dios, pues es un regalazo.