Comenzar un nuevo Año siempre es una oportunidad. No se trata solo de pasar una página del calendario, sino de volver a situar el corazón en lo esencial: Dios existe.
Enero nos invita a mirar hacia delante con realismo, pero también con esperanza, sabiendo que nuestra vida y nuestra diócesis están sostenidas, antes que por nuestros planes, por la fidelidad de Dios.
En estos primeros días de 2026, quizá muchos llevamos dentro cansancios, preguntas o incluso cierta incertidumbre. La vida pastoral no es sencilla, y tampoco lo es la vida personal de quienes formamos la Iglesia. Sin embargo, el comienzo del año nos recuerda una verdad fundamental: Dios no se cansa de nosotros. Él sigue saliendo a nuestro encuentro, renovando su llamada y ofreciéndonos su gracia.
La fe cristiana no nace del esfuerzo por ser mejores, sino del encuentro con un Dios que nos ama primero. Por eso, iniciar el año desde Dios significa volver a la oración sencilla, a la escucha de su Palabra, al silencio que nos permite reconocer su presencia en lo cotidiano y de forma especial en los Sacramentos y en la vida de los más pobres de entre los pobres. No necesitamos grandes discursos ni estrategias complicadas; necesitamos corazones disponibles.
Como diócesis de Getafe, joven y diversa, estamos llamados a vivir este nuevo tiempo con un estilo evangélico muy concreto: cercanía, humildad y servicio. Nuestras parroquias, comunidades, movimientos y realidades pastorales solo darán fruto si permanecen unidas al Señor y atentas a la vida real de las personas. La Iglesia, Cuerpo de Cristo, crece cuando acompaña, cuando escucha, cuando camina al paso de los más frágiles.
Para todo el Pueblo Santo de Dios enero es una invitación a renovar la entrega. Nuestro ministerio y nuestro servicio no se apoyan en la eficacia ni en el reconocimiento, sino en la fidelidad diaria al Evangelio de Jesucristo que se nos confía. Servir con sencillez, sin protagonismos, con alegría discreta, es una de las formas más auténticas de anunciar el Evangelio hoy.
Este comienzo de año nos anima igualmente a mirar con esperanza el futuro. No sabemos todo lo que vendrá, pero sí sabemos Quién camina con nosotros. Cristo, nacido para todos, sigue presente en medio de su Iglesia, sosteniéndola y enviándola.
Pidamos a la Trinidad Santa, misterio y casa de Comunión, que este 2026 sea un año vivido desde la caridad y la humildad, donde cada uno, desde su vocación concreta, pueda decir con verdad: “Señor, aquí estoy”. Y que nuestra diócesis de Getafe siga siendo un hogar donde muchos puedan descubrir que Dios es Padre de todos y nunca deja de acompañar a sus hijos. Que la Virgen María, Nuestra Señora de los Ángeles, nos arrebuje y custodie.