El obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, concelebró el pasado domingo 8 de febrero una misa de acción de gracias en Huércal-Overa, por la beatificación de Salvador Valera Parra, conocido como el Cura Valera.
En la celebración, en Huércal-Overa, de donde es natural el obispo de la diócesis, participó el obispo de Cartagena, gran número de sacerdotes y religiosos, autoridades civiles y militares y muchos fieles devotos del Cura Valera.
García Beltrán fue el encargado de pronunciar la homilía en la que compartió «la profunda emoción» que lo embargaba, señalando que «ahora estamos recogiendo los frutos de la fe de un pueblo».
«Seguro que todos ponemos nombres, y personas que nos hablaron del Cura Valera, y nos enseñaron a quererlo, a pedirle la gracia de la fe, de la vida, de salir de las situaciones difíciles», señaló.
El obispo expresó que «la celebración de la beatificación no era sino el fruto de los 150 años de devoción intemporal al Cura Valera. Nunca en Huércal-Overa se ha dejado de venerar a este sacerdote».
El Cura Valera, reflejado en cada lectura
También subrayó la importancia de su ejemplo, y cómo las lecturas del día se podían aplicar a la figura y el ministerio del Cura Valera.
En la lectura del profeta Isaías, el obispo destacó el amor a los pobres que tenía el sacerdote: «no es un apéndice de nuestra fe, sino que forma parte de nuestra esencia… el pobre es la imagen viva de Jesucristo, y el Cura Valera sabe donde está la pobreza —sea material, moral o espiritual— y va a su encuentro».
«El Cura Valera era recto pero misericordioso, mostraba la misericordia de Dios en el perdón. También iba a buscar a los más desheredados de la sociedad», añadió Mons. Ginés.
«Desde niño me llamó la atención su modo de ejercer la caridad. Iba a visitar a un enfermo o a casa de gente pobre y les dejaba algo de dinero debajo de la almohada o de una silla. Era una caridad en silencio, que ya se expresaba con su presencia y su cercanía», recordaba el obispo.
«Con esa caridad expresaba el cuidado de su pueblo. El secreto de su sacerdocio es que cuidaba a su pueblo y su pueblo lo seguía», señaló.
Un sacerdote a imagen de Cristo
¿De dónde sacaba el Cura Valera su fuerza?, se preguntaba el obispo: «lo hemos escuchado en la lectura de san Pablo, … de la experiencia de Dios. El que vive y predica mirando a Cristo y a Cristo crucificado. El que mira a Cristo y se ha identificado con Cristo de tal manera que su vida es una manifestación y reflejo de la vida del Señor».
Y en relación al Evangelio, Mons. García Beltrán subrayó que el Cura Valera era sal y luz: «la sal da sabor y hace que la carne no se pudra. Esto es lo que el Cura Valera nos testimonia, que es sal y luz al mismo tiempo».
El obispo, después de recordar las cualidades que el Papa León XIV destacaba del Cura Valera, «caridad y humildad», quiso terminar su homilía con tres exhortaciones. La primera, una invitación a revitalizar la fe de la parroquia y de cada uno; la segunda, a dar a conocer al Cura Valera, a transmitir esa devoción, a amarlo y a imitarlo; y la tercera, a seguir su ejemplo de amar a los pobres.