Los jóvenes de la diócesis participaron en una nueva Oración con el Obispo presidida por su obispo, Ginés García Beltrán.
En un clima de recogimiento, los jóvenes comenzaron con la adoración eucaristíca durante la que escucharon algunos fragmentos de la vida de San Francisco y Santa Clara de Asís. Se tuvo muy presente el Año Jubilar que el Papa León ha convocado con motivo de los 800 años del tránsito del ‘Poverello’ y que se vive especialmente en la parroquia de San Pedro Bautista de Alcorcón.
En el santuario, profundamente ligado a la historia franciscana y a la figura de la Beata Juana de la Cruz, comenzó su homilía recordando precisamente que la Iglesia celebra «ese abrazo que Francisco da a la hermana muerte», señalando que la imagen del santo en el momento de su muerte, «nos habla de una confianza total en Dios».
Asimismo, explicó el significado del reciente reconocimiento pontificio a la Beata Juana de la Cruz. «Puede parecer una contradicción, beata a la ‘Santa Juana’ (como se la conoce popularmente), pero lo que el Papa ha hecho es reconocer el culto inmemorial de una figura quizá poco conocida, pero que tendríamos que conocer mucho más». Sobre ella destacó que fue «una mujer profunda, centrada en el misterio de la cruz, una gran predicadora», adelantada a su tiempo y estrechamente unida a este lugar.
A partir del Evangelio de la Anunciación, Mons. García Beltrán invitó a los jóvenes a detenerse en el «sí» de la Virgen. «Muchas veces decimos que María dijo sí, pero en realidad pronuncia un “hágase”», explicó. «El hágase es cuando uno sabe que quien te llama tiene poder y autoridad para hacerlo, pero también es decir: “yo me fío de ti”».
«Ese abandono confiado –añadió– permite comprender no solo el sí de María, sino también el de Francisco, Clara o la Beata Juana. «Es “yo me fío, y sé que lo que tú permites en mi vida es, con mucho, lo mejor”».
El obispo se dirigió directamente a los jóvenes, reconociendo sus inquietudes ante el futuro: «Muchas veces tengo la sensación de que cuando miráis al mañana hay ciertos nubarrones de miedo. Eso es falta de confianza». Frente a esa incertidumbre, propuso redescubrir la vida como vocación y aventura: «El hágase tiene mucho de aventura. ¿Qué es la vida sin aventura?».
Con tono cercano, animó a no paralizarse ante la posibilidad del error o del sufrimiento: «Siempre después del nublado viene el sol». Y recordó que María, incluso al pie de la cruz, «nunca perdió la esperanza», convirtiéndose en modelo de fe firme «contra toda esperanza».
El encuentro concluyó con palabras de gratitud y alegría por la respuesta de los jóvenes. «Esto es de los momentos preciosos en la vida», confesó el obispo al comprobar, una vez más, que la convocatoria había superado las expectativas. Una jornada de oración y catequesis que volvió a confirmar el santuario de Santa María de la Cruz como lugar privilegiado para renovar la confianza en Dios y aprender a decir, con María, un verdadero «hágase».
Los jóvenes, antes de dar por concluido el encuentro, pudieron venerar las reliquias de la beata Juana de la Cruz.