Una marca es más que un logotipo, pero también un logotipo. Una marca es más que una tipografía, pero también es una tipografía.
Una marca es más que un eslogan, pero también es un eslogan. Una marca es más que un lugar donde se visualiza, pero también es un lugar.
Una marca es más que su oferta, pero también es el contenido que ofrecerá para relacionarse con sus públicos. Una marca es más que su CEO u obispo, pero también es cada una de las personas que la representan, la defienden y trabajan por ella.
Así podría seguir, con cada una de las decenas de atributos que constituyen una marca, pero sin ánimo de aburrir al lector y sin pretender que este artículo se convierta en algo puramente académico, me atrevería a sintetizarla en dos palabras: Promesa y expectativas. Sí, una marca es una promesa y la capacidad de esta para cumplir las expectativas que genera (o en nuestro caso que nos han encomendado) en sus públicos. Por ello, no podemos olvidar un tercer elemento crucial que fundamenta nuestra razón de ser: el público. ¿Para quién existo como organización?, ¿para quién existo como marca? ¿La nueva imagen ayudará a que el otro se sienta más identificado con mi institución?, ¿está dentro de su código visual, de su patrón de estilos y estética? O, ¿más desde el mío? En definitiva, una imagen de marca no debería levantar barreras para hacer percibir lo que esta tiene preparado para su público.
Debería ayudar a que su promesa, —a través de todos los atributos que mencionaba antes—, se perciba y quieran saber más sobre ella.Esto último no es baladí, sino fundamental. Una marca, con su identidad visual, contenido, personas, lenguajes, etc., debe despertar interés en sus públicos y así provocar en estos el deseo de conocer más sobre ella. En términos de marca, deberíamos «olvidarnos» del «venid y veréis» para pasar al «ved y venid». Porque «fruto de lo que veo en todos los atributos de una marca, me intereso más en ella». Únicamente así podremos movilizar no solo la atención tan codiciada en estos tiempos sobresaturados de logos, marcas, mensajes y contensidos, sino también el interés y el corazón de muchos que desean de forma más o menos consciente la promesa real y actualizada que es la Buena Noticia que portamos.