La parroquia Santiago Apóstol, en Valdemoro, acogió el domingo 15 de febrero la celebración de clausura de la visita pastoral, presidida por el obispo Mons. Ginés García Beltrán.
Durante toda la semana, desde el 9 de febrero, el obispo y el auxiliar, Mons. José María Avendaño, se reunieron con los diferentes grupos de pastoral con quienes han mantenido encuentros y diálogo, y compartido la celebración de los Sacramentos.
En la misa de clausura, García Beltrán explicó el sentido de esta presencia episcopal en la parroquia añadiendo una reflexión sobre su ministerio episcopal: «la misión del obispo es continuar la misión de Cristo», recordando que Cristo confió a los apóstoles la tarea de prolongar su obra en la historia.
No he venido a abolir la ley, sino a darle plenitud
Comentando el Evangelio del día, tomado del sermón de la montaña, Mons. García Beltrán subrayó que Jesús «no ha venido a abolir la ley, sino a darle plenitud». Explicó que toda la historia de la salvación encuentra su cumplimiento en Cristo y que «todo hay que mirarlo desde Cristo, en Cristo y con Cristo».
Como fruto concreto de la visita pastoral para la comunidad parroquial, lo resumió en una expresión directa: «Cristo. Todavía más Cristo». Porque «donde Él está presente y donde Él es el centro, todo fructifica, todo es mejor, todo es más bello».
El obispo destacó que esa plenitud de la que habla el Señor «está en el corazón». No se trata de un mero cumplimiento externo, sino de una transformación interior: «La plenitud está en Él. Y en mí, por Él, la plenitud está en mi corazón». Recordó que «el corazón del hombre está hecho a la medida del corazón de Cristo» y que solo en Él encuentra descanso y saciedad.
Libertad, un don de Dios
En su predicación abordó también el tema de la libertad, apoyándose en el libro del Eclesiástico: «tú eres libre». Subrayó que la libertad es un don grande de Dios, pero advirtió del riesgo de deformarla: cuando se identifica con «hacer lo que me agrada» o «lo que me apetece», puede terminar en esclavitud. En cambio, «la libertad que crece en el bien» hace que la persona crezca y sea bendecida por Dios. «La libertad nunca me puede llevar a un mal, sino siempre a un bien», afirmó.
Otro de los ejes de la homilía fue la llamada a evitar el conformismo en la vida cristiana. «La vida cristiana no es un camino de mínimos», señaló. No basta con cumplir externamente; el Evangelio invita a aspirar a la santidad: «sed perfectos como Dios, nuestro Padre, es perfecto».

Refiriéndose a la realidad parroquial constatada durante la semana, reconoció que se trata de «una comunidad con vida», pero animó a no acomodarse: «no nos conformamos». Y añadió que el Señor «quiere más de vosotros», especialmente en el ámbito de la evangelización.
Citando a san Pablo VI, recordó que «el mayor acto de amor de la Iglesia a la humanidad es la evangelización», y planteó una pregunta directa: «si Cristo es lo mejor, ¿cómo no comunicarlo?». Animó así a los fieles a ser testigos y a acercarse a quienes no conocen verdaderamente a Cristo.
La ley de Señor
En la parte final de la homilía, el obispo aludió a la acción del Espíritu Santo, que «viene a poner en el corazón la verdadera ley del Señor» y capacita para el testimonio. «Se os da la oportunidad de ser santos», afirmó, exhortando a vivir como testigos «en la Iglesia y en el mundo, en la familia, en el trabajo y con los amigos».
La celebración, en la que recibieron el sacramento de la Confirmación cuatro adultos, concluyó con la acción de gracias por los frutos de la visita pastoral y por la vida de la comunidad parroquial, renovada en su compromiso de poner a Cristo en el centro y crecer en santidad y misión.