El obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, presidió en la tarde del domingo 22 de febrero el Rito de la Elección al Catecumenado en la Catedral Santa María Magdalena, en una celebración en la que también participó el vicario episcopal para la Evangelización y la Transmisión de la Fe, Jesús Úbeda, acompañado de algunos sacerdotes de la diócesis.
A través de este rito, cargado de signos, medio centenar de catecúmenos fueron inscritos en el libro de la vida y elegidos para recibir los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía en la próxima vigilia pascual. Tras dos años de itinerario catecumenal, comienzan ahora el tiempo de purificación e iluminación propio de la Cuaresma, acompañados por la oración de toda la comunidad.
En su homilía, el obispo enmarcó este momento dentro del camino cuaresmal iniciado con el Miércoles de Ceniza: «queridos catecúmenos, queremos que hagáis con nosotros, que hagáis con la Iglesia este itinerario cuaresmal que es un itinerario de gracia, que es un itinerario de conversión para que lleguéis a la noche santa de la Pascua en la que vais a recibir el Bautismo y los sacramentos de la iniciación cristiana».
García Beltrán subrayó que la Cuaresma es un tiempo especialmente pensado para quienes se preparan para el Bautismo, y señaló que el Evangelio de las tentaciones ilumina de manera particular este momento decisivo en su camino de fe.
El misterio de la tentación y del pecado
Deteniéndose en el relato evangélico, recordó que «la tentación es prueba», y explicó que esa prueba «viene a tocar los puntos esenciales o, podríamos decir en un lenguaje más llano, los puntos flojos de nuestra vida». En las tentaciones de Jesús —lo material, el honor y el poder—, el obispo destacó el núcleo del combate espiritual: «donde el diablo quiere tocar es al hecho de ser Hijo, al hecho de ser Hijo; el diablo quiere romper, quebrar la fidelidad del Hijo».
Mons. García Beltrán profundizó también en el misterio del pecado y en la experiencia de la conversión, evocando los testimonios de quienes descubren la fe después de haber vivido alejados de Dios: «como el que vive en la oscuridad no reconoce que vive en la oscuridad y, sin embargo, cuando Dios llega a la vida de una persona y se hace la luz, se da cuenta de lo grande, de lo bueno, de lo hermoso que es todo».

Lejos de una visión ingenua de la vida cristiana, recordó que incluso Cristo «sintió hambre», subrayando así que la debilidad forma parte de la condición humana. Sin embargo, animó a los catecúmenos a abrazarse al verdadero árbol de la vida: «el árbol del que tenemos que comer no es el árbol del bien y del mal (…) sino el árbol de la cruz del Señor, que es el árbol de la vida, el árbol que da la vida porque Él nos ha salvado».
Con palabras llenas de esperanza, proclamó la primacía de la gracia: «no hay proporción entre el don y el delito, no hay proporción entre el pecado y la gracia» y recordó, citando a san Pablo, que «donde abundó el pecado sobreabundó la gracia».
Ya al final de la homilía, antes de proceder al rito, el obispo se dirigió directamente a los elegidos: «la Iglesia os elige en el nombre del Señor para el Bautismo y para los sacramentos (…) La Iglesia está en oración por vosotros para que el don que vais a recibir no caiga en saco roto, sino que dé fruto abundante».
Elegidos desde todos los confines de la tierra
Los nuevos elegidos pertenecen a 19 países distintos. La mayoría son españoles, pero también proceden de Estados Unidos, Indonesia, China, Irán, Holanda, Polonia, Colombia, Ecuador, Perú, Honduras, Mozambique, Angola, Marruecos, Guatemala, Venezuela, República Dominicana, Brasil y Portugal. Tienen entre 17 y 46 años, con una media de 28 años.
Durante esta Cuaresma, en sus 31 parroquias, celebrarán los escrutinios y recibirán las entregas del Credo y del Padre Nuestro, acompañados por sus comunidades, que rezan por ellos en esta etapa decisiva hacia la iniciación cristiana.
Desde la diócesis se invita a todos los fieles a sostenerles con la oración en este tiempo de gracia.