«Más de 400 jóvenes de la diócesis de Getafe, de entre 16 y 30 años, partimos en peregrinación a Loyola (Guipúzcoa). Vamos a visitar la casa donde nació san Ignacio, donde nació a la vida, pero también donde nació a la fe. Allí ocurrió el milagro de su conversión». Con estas palabras, el subdelegado de Juventud, Rubén Herráiz, explica el sentido de la peregrinación organizada por la Delegación diocesana de Juventud que tendrá lugar desde este viernes 27 de febrero al domingo 1 de marzo.
Procedentes de numerosas parroquias —algunas de pequeños pueblos de la diócesis—, los peregrinos caminarán acompañados por el obispo de Getafe, Mons. Ginés García Beltrán, que permanecerá junto a ellos durante el fin de semana y presidirá la eucaristía del domingo en la Basílica de Loyola. También participarán gran número de sacerdotes de diferentes parroquias.
El lema elegido para estos días recoge la palabra de Jesús al leproso: «Quiero, queda limpio». Herráiz explica: «queremos vivir lo mismo que vivió san Ignacio: una curación quizá no en el cuerpo, como él lo vivió en su pierna, pero sí una curación interior del corazón para darnos totalmente a Jesucristo como Él».
Un camino hacia la conversión
El plan comenzará este viernes 27 de febrero. Los peregrinos partirán desde las parroquias o puntos cercanos hasta llegar al pueblo de Zumárraga, donde harán noche. Al día siguiente comenzarán a peregrinar desde Zumárraga hacia el Santuario de Loyola, donde Ignacio se entregó a Dios. Por la tarde, realizarán distintas actividades en el pueblo de Azpeitia, donde dormirán ese día. Finalmente, el domingo 1 de marzo, celebrarán la eucaristía en la Basílica y visitarán la casa de san Ignacio para partir posteriormente hacia Madrid.
«El momento central de nuestra peregrinación será la visita a la capilla de la conversión, donde se nos indica este milagro. Aquí se entregó a Dios Íñigo de Loyola», explica Herráiz. En ese mismo lugar donde comenzó el camino espiritual del santo, los jóvenes están llamados a renovar su propia entrega.
En un momento en el que —como él mismo señala— «se escucha mucho que la fe se ha puesto de moda, como si fuera algo que va y viene», la propuesta quiere responder a una realidad más profunda: la sed de Dios, el deseo de sentirse perdonado y sanado. Una experiencia que ya vivió san Ignacio de Loyola tras su herida en batalla: no solo fue curado del cuerpo, sino transformado interiormente.
«Rezad por todos nosotros y sobre todo por estos jóvenes que peregrinan hasta Loyola», concluye el subdelegado de Juventud.