Acaba de celebrar sus 25 años ayudando a los privados de libertad: a los que todavía se encuentran cumpliendo condena y a los que ya han dejado la cárcel, pero cuya vida se convierte en una celda: despreciados, marginados, sin hogar, muchos sin familia…
La Asociación Entre Pinto y Valdemoro, dependiente de la Delegación de Pastoral Penitenciaria de la diócesis, ofrece pisos de acogida, talleres, formación y otras actividades para favorecer su reinserción.
Carmen Guardia es la presidenta de la Asociación. Asegura que tiene «un sentimiento de gratitud a la Divina Providencia que nos ha permitido llegar hasta hoy a pesar de los problemas y adversidades que hemos tenido que afrontar, económicos y personales» en estos años. El objetivo principal de la entidad es la preparación para la vida en libertad, en todos sus ámbitos. También en la acogida en sus permisos penitenciarios de segundo grado, tercer grado y libertad condicional. Indispensable es la prevención de la delincuencia, así como la búsqueda activa de empleo y la formación del voluntariado.

Susana Cano, coordinadora de la asociación y directora de las viviendas de acogida, asegura que estos 25 años han sido «muy positivos porque, dentro de nuestra precariedad, siempre hemos conseguido muy buenos resultados con las personas a las que ayudamos». Cano detalla que «cada año, vamos aumentando el número de personas acogidas y eso es fruto del buen hacer de nuestra asociación dentro y fuera de los centros penitenciarios».
En estos 25 años, subraya la «inmensa labor» de los que forman la asociación. «Somos poquitas personas consiguiendo cosas muy grandes, con mucha esperanza y mucha fe, con gran esfuerzo y ganas de seguir luchando por sacar adelante a estas personas que depositan toda su confianza en nosotros». Pero no quiere olvidar a esas otras «que salen de prisión con la ilusión de volver a formar parte de la sociedad y luchan contra todas lasadversidades que la vida presenta y las puertas que se les cierran por haber estado en prisión».
«Esto no puede ser: ¿cómo va a acabar mi vida?»
Karim llegó a España con 16 años y, tras una vida marcada por las drogas y la delincuencia, ha pasado un total de ocho años en prisión. Ahora se encuentra en libertad, recomponiendo su vida. Explica que robaba para drogarse y entró en prisión seis veces; las últimas dos le hicieron preguntarse qué estaba haciendo con su vida. «Salí cabreado, con mucho estrés, agobio, frustración, por eso no duré mucho en la calle». Fue al volver a ingresar cuando algo cambió: «Se encendió algo y dije: “esto no puede ser”, ¿cómo va a acabar mi vida?».

Gracias a Entre Pinto y Valdemoro está saliendo adelante. «Si esperas algo de la cárcel, —creo yo que no—, no te lo van a facilitar porque no hay un seguimiento». Para él, la clave fue encontrar el respaldo de entidades externas y voluntarios. «Sales de la cárcel sin nada, con tanta droga en el cuerpo y un pasado difícil, pero esta vez, gracias a Dios, salí con un gran apoyo de muchos voluntarios».
Mustafa también está recibiendo el apoyo de la asociación. Es de Siria y tiene 41 años. Tras salir de prisión, donde ha permanecido cuatro años, vive en una de las casas de acogida. Dice que «me ayudan en todo» y «me siento muy cuidado».
Desde Polonia llegó Janusz hace unos años. Tras pasar por prisión, ahora recibe apoyo de Entre Pinto y Valdemoro. Cuando hablamos con él, nos da una buena noticia: «Ayer me quitaron la pulsera telemática», dice con una sonrisa. En la asociación «me han dado un sitio donde vivir, me ayudan con el papeleo y me han encontrado trabajo», afirma, aunque lamenta: «soy ciudadano europeo, pero todavía tengo problemas con el registro comunitario».
«Yo tenía un tercer grado y me han ayudado en todo. Cuando uno está en esa situación no sabe ni por dónde empezar, está perdido». Antes «pensaba que era imposible salir adelante, pero ahora tengo esperanzas» y aunque «me queda mucho por recorrer», «estoy convencido de que lo voy a lograr».