Con motivo del Día Internacional de la Mujer, la diócesis ha organizado este viernes 6 de marzo en Móstoles un acto público y una eucaristía para visibilizar la situación de exclusión que sufren muchas mujeres en el mundo laboral. En esta ocasión, la iniciativa pone el foco especialmente en la brecha digital, una realidad que limita el acceso de muchas mujeres a determinados empleos y oportunidades de formación.
En el marco que ofrece esta jornada, Nuria Parejo, subdirectora del Centro de Orientación Familiar (COF) de la diócesis, profesora universitaria, esposa y madre, ha reflexionado en El Espejo de la diócesis en COPE sobre el papel de la mujer en el trabajo, la familia y la sociedad.
Desde su experiencia personal y profesional, subraya que el verdadero camino para muchas de ellas pasa por encontrar el equilibrio entre las distintas dimensiones de la vida. «El verdadero empoderamiento está en el equilibrio y en sentirse bien con una misma», afirma. A su juicio, el concepto de empoderamiento, tan presente en el discurso social actual, puede convertirse a veces en una carga excesiva, ya que con esta idea «muchas veces se ha puesto sobre las mujeres una losa muy pesada».
Parejo explica que cada mujer debe interrogarse con honestidad por su propia vocación y situación vital. «Hay que preguntarse: “¿Estoy bien?, ¿estoy donde quiero estar?”; si la respuesta es sí, ahí está el empoderamiento», remarca.
Conciliar sin romperse
La subdirectora del COF reconoce que muchas mujeres viven con la sensación de no llegar a todo. Ella misma ha experimentado esa tensión al compaginar su vida familiar con su trabajo en la diócesis y en la universidad.
«Cuando decimos que nos hemos roto no es algo que se arregle con pegamento: nos rompemos emocional, física y psicológicamente, y volver a encajar todos esos trozos es muy difícil», explica la profesora, experta en sociología. Por eso, considera fundamental aprender a poner límites y ordenar las prioridades para no romperse. «Tuve que hacer un balance de mis prioridades y decir con realismo: “Llego hasta aquí y no más”», explica.
En este sentido, recuerda también la importancia de compartir responsabilidades en el entorno familiar: «Todo lo que no se puede hacer también hay que aprender a delegarlo, aunque los demás no lo hagan exactamente como nosotros, también se aprende».
Trabajo y familia: una falsa confrontación
Desde su experiencia, Parejo considera que el debate social a menudo plantea de forma innecesaria una oposición entre el trabajo y la vida familiar.
«Enfrentar trabajo y familia es un enfrentamiento estéril: son perfectamente compatibles», afirma. A su juicio, existen diferentes formas legítimas de vivir la vocación femenina, ya que «hay mujeres que se dedican al cuidado de sus hijos y otras que compatibilizan familia y profesión; ambas opciones son igual de valiosas», ha dicho en los micrófonos de COPE.
La brecha digital
El acto organizado en la diócesis este año pone la mirada en la brecha digital, una cuestión que también preocupa a Parejo. Según explica, el problema no aparece tanto en el acceso básico a la tecnología como en la especialización.
«La brecha digital se ve sobre todo en las especializaciones tecnológicas, y ahí es donde realmente aparece la desigualdad», señala. Por eso considera imprescindible garantizar oportunidades iguales: «Lo esencial es el acceso igualitario a los recursos y a la formación tecnológica, independientemente de si eres hombre o mujer».
La mirada de las nuevas generaciones
Como profesora universitaria, Parejo mantiene un contacto directo con jóvenes que se están formando para trabajar en el ámbito educativo. Desde esa experiencia, percibe que las nuevas generaciones no ven necesariamente la maternidad y la vida familiar como algo opuesto a su desarrollo profesional.
«Las jóvenes ven la maternidad con mucha belleza y son muy conscientes de la importancia del compromiso familiar», explica. En su opinión, la experiencia formativa y las prácticas educativas que realizan durante la carrera les ayudan a comprender el papel decisivo de la familia en la vida de los niños.
Por eso, asegura que, aunque cada generación vive estas cuestiones de manera diferente, entre muchas jóvenes sigue existiendo un fuerte deseo de integrar las distintas dimensiones de su vida.
Acompañar las heridas de las mujeres
Además de acompañar a los jóvenes desde su labor como profesora, Nuria Parejo también acompaña a matrimonios y familias en crisis y con muchos sufrimientos desde el Centro de Orientación Familiar de la diócesis. En ese contexto, observa algunas heridas recurrentes entre muchas mujeres.
«Muchas mujeres se sienten incomprendidas y experimentan una gran soledad dentro del matrimonio», explica. A esto se suma, en muchas ocasiones, una fuerte autoexigencia, porque «existe una autoexigencia mal entendida: querer ser madres perfectas, esposas perfectas, trabajadoras perfectas… y eso genera mucha frustración».
Para la subdirectora del COF, la fe ofrece una luz particular para comprender la dignidad y la vocación de la mujer. «El gran modelo es la Virgen María: transmitir la fe y el cuidado desde esa mirada maternal», señala.
Por eso, anima a las mujeres creyentes a vivir su fe con naturalidad en todos los ámbitos de la vida. «Somos creyentes las 24 horas del día: la fe no se puede aparcar», afirma. Y concluye: «La fe tiene que mostrarse en nuestra forma de vivir, de trabajar y de relacionarnos con los demás».
El acto que se celebra este viernes en la diócesis quiere dar voz a las mujeres trabajadoras y recordar la importancia de promover un trabajo digno y accesible para todos, especialmente para quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad.
Puedes escuchar el testimonio completo de Nuria Parejo aquí: