Se trata de una de las imágenes más queridas y que mayor fervor despierta entre los fieles locales y visitantes. Cientos de vecinos acudieron a rezar a lo largo de todo el día.
El obispo auxiliar de la diócesis, Mons. José María Avendaño Perea, presidió la eucaristía. Durante la celebración, invitó a los fieles a contemplar el rostro de Cristo y a vivir con un corazón purificado, recordando que la vida cristiana consiste en «pasar por el mundo haciendo el bien».
Al comienzo de su homilía, Mons. Avendaño subrayó el sentido profundo de la vida cristiana, orientada al encuentro definitivo con Dios. «Contemplar el rostro de Dios, porque más tarde o más temprano todos los que estamos aquí iremos a la presencia de Dios… solo Dios sabe cuándo nos llamará a cada uno de nosotros», afirmó. Y añadió que ese encuentro será fruto de una vida marcada por la conversión.

El obispo agradeció la presencia de los sacerdotes, de los padres franciscanos y de los fieles, así como de los miembros de la corporación municipal. También tuvo palabras de cariño para los niños que participaron en la liturgia, destacando la devoción con la que ayudan en la celebración.
Durante la predicación, Mons. Avendaño invitó a los fieles a mirar dentro de su propio corazón y a reconocer las preocupaciones y sufrimientos que cada uno lleva consigo. «¿Quién nos separará del amor de Dios?», preguntó, recordando que muchas veces las personas llegan ante Cristo cargadas de problemas: «la enfermedad nuestra o de nuestros hijos, los problemas laborales, la soledad o la falta de esperanza». «Cada uno sabe qué es lo que llevamos dentro, porque la procesión va por dentro», subrayó.
Besar el pie de Cristo
A la luz del Evangelio, el obispo auxiliar recordó que el mundo sigue necesitando paz y reconciliación. En ese contexto, lamentó la violencia que existe en tantos lugares y animó a los cristianos a convertirse en instrumentos de paz. «¿Qué nos pasa cuando somos capaces de impartir violencia?», preguntó, recordando que en muchos lugares del mundo hay hombres y mujeres que desearían vivir con la paz de la que disfrutan quienes celebraban la eucaristía.
La contemplación de la imagen del Cristo de Medinaceli llevó al obispo a meditar sobre los distintos signos de la pasión del Señor. Al referirse a los pies de Cristo, recordó que recorrieron muchos caminos «haciendo el bien», y animó a los fieles a pedir que también su vida sea así: «Besar el pie de Cristo es pedirle al Señor que nuestros pies, donde vayan, vayan haciendo el bien».

Asimismo, explicó que las manos de Cristo, atadas durante la pasión, invitan a los cristianos a vivir con gestos de paz y reconciliación. «Que en nuestras manos haya siempre paz… que sean manos abiertas y no manos que acusan», exhortó.
Mons. Avendaño también advirtió sobre el uso desordenado de la tecnología y las distracciones que pueden alejar a las personas de una mirada limpia. «Que nuestra mirada lleve paz, que sea una mirada de Dios», pidió, invitando a los fieles a pedir al Señor que purifique el corazón y la forma de mirar el mundo.
❝ Que nuestra mirada lleve paz, que sea una mirada de Dios
Mons. José Mª Avendaño Perea
En la parte final de su homilía, el obispo recordó el sufrimiento de la Virgen María al contemplar la pasión de su Hijo. «¿Qué cruz llevamos, qué espinas llevamos en nuestra mente, propias o ajenas? Pongámoslo ante el Cristo de Medinaceli: “Señor, mira a esta persona, mira a este sacerdote, mira a este obispo, mira a este mi hijo, mira a mi nieto, mira a mi hermana, mira a mi marido, mira a mi mujer, mira a mi padre, mi hermana…”».

La celebración concluyó con una invitación a vivir la fe de manera coherente en la vida cotidiana. «Pedimos al Santísimo Cristo de Medinaceli que interceda por nosotros y que nuestra vida sea una vida de bienaventuranza», afirmó el prelado. Y finalizó con una esperanza dirigida a todos los fieles: «Que el Señor nos diga al final de nuestra peregrinación por este mundo: “Ven, bendito de mi Padre… eres bienaventurado porque fuiste limpio de corazón”».