En su mensaje, el prelado se une «a la voz de tantas mujeres que, dentro y fuera de nuestra Iglesia, sostienen la vida y la sociedad, muchas veces en condiciones de precariedad, invisibilidad o exclusión». En este sentido, recuerda que la diócesis participa en la iniciativa de Iglesia por el Trabajo Decente, desde la que se subraya que «no podremos construir una sociedad verdaderamente humana mientras millones de mujeres sigan privadas de un trabajo digno».
El obispo invita también a mirar la realidad desde el Evangelio, recordando la actitud de Cristo hacia las mujeres. «Hoy la Iglesia quiere miraros con los ojos de Cristo, que siempre se acercó a las mujeres con ternura, respeto y dignidad, reconociendo en ellas un reflejo privilegiado del amor del Padre», afirma.
La dignidad de la mujer, reflejo de la imagen de Dios
En su reflexión, García Beltrán recuerda que la dignidad de la mujer hunde sus raíces en la propia creación. «La dignidad de la mujer es, en primer lugar, una exigencia de la creación misma que se ve iluminada por la luz de la fe», señala. En referencia al libro del Génesis, explica que Dios crea al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, confiándoles juntos el cuidado de la creación.
Por ello, advierte de que cuando una mujer es marginada o explotada «no solo se hiere a una persona: se hiere la imagen misma de Dios en el mundo».
Una Iglesia cercana al mundo del trabajo
El obispo recuerda además la llamada del León XIV a ser una Iglesia «cercana al mundo del trabajo, compasiva y encarnada». Esta cercanía –subraya– no es únicamente social, sino también espiritual, ya que el propio Jesús compartió la vida de los trabajadores durante gran parte de su vida.
«En Él descubrimos que el trabajo es vocación, colaboración con Dios, camino de santidad», afirma el obispo, quien advierte que cuando el trabajo se convierte en causa de sufrimiento o desigualdad «la Iglesia siente la obligación de alzar la voz».
La brecha digital, nueva forma de exclusión
En su mensaje para este 8 de marzo, el prelado pone también el foco en una realidad que afecta especialmente a las mujeres: la brecha digital. «No se trata solo de tecnología, sino de humanidad», señala, al advertir que cuando una mujer queda fuera de un empleo o de una formación por falta de acceso o competencias digitales «no estamos ante un problema técnico, sino ante una herida en su dignidad».
El obispo muestra igualmente su preocupación por la escasa presencia femenina en el desarrollo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial. «Si la mirada femenina –tan necesaria para humanizar la vida– no está presente en la construcción del futuro, ese futuro será más pobre y menos justo», afirma.
Un compromiso renovado con la dignidad de la mujer
En este contexto, el obispo de Getafe recuerda que el trabajo digno, la igualdad y el desarrollo tecnológico al servicio de la persona son principios fundamentales para la sociedad y para la Iglesia.
«El trabajo digno es expresión concreta del amor de Dios», afirma, al tiempo que recuerda que «la igualdad no es solo un derecho, sino una exigencia del Evangelio» y que la tecnología debe estar siempre «al servicio de la vida y no al revés».
Finalmente, encomienda esta jornada a la intercesión de la Virgen. «Que María, mujer creyente y trabajadora, nos enseñe a mirar la realidad con ojos de fe y a construir juntos un mundo donde ninguna mujer quede excluida».