La Santa Iglesia Catedral de Getafe acogió en la tarde de este sábado la celebración de la eucaristía previa al Vía Crucis diocesano, presidida por el obispo auxiliar de Getafe, Mons. José María Avendaño Perea, quien invitó a los fieles a vivir la Cuaresma como un tiempo para «dejar que Cristo abra nuestros ojos».
En la celebración estuvieron presentes numerosos miembros de hermandades y cofradías de la diócesis, así como sacerdotes, religiosos y fieles que posteriormente participaron en el rezo del Vía Crucis por las calles de la ciudad acompañando dos imágenes especialmente queridas por el pueblo: Nuestro Padre Jesús Nazareno de Valdemoro y Nuestra Señora de la Soledad de Colmenar de Oreja.
Al inicio de su homilía, Mons. Avendaño agradeció la presencia de las hermandades y la cesión de las imágenes para esta celebración, subrayando el valor de la piedad popular. Así, afirmó que «no es algo simplemente externo o folklórico. Es la expresión de una fe viva que ha pasado de generación en generación», afirmó. En este sentido, recordó que muchas personas encuentran ante estas imágenes «consuelo, esperanza y fuerza para seguir adelante».
«El Señor mira el corazón»
Comentando las lecturas del cuarto domingo de Cuaresma, tradicionalmente llamado domingo Laetare, el obispo auxiliar explicó que la Iglesia invita en este día a mirar la cruz desde la esperanza: «Puede parecer sorprendente hablar de alegría cuando contemplamos la cruz del Señor, pero la Iglesia nos recuerda algo muy profundo: la cruz no es el final del camino; la cruz conduce a la luz».
Refiriéndose al pasaje del libro de Samuel sobre la elección de David, destacó una enseñanza siempre actual: «El hombre mira las apariencias, pero el Señor mira el corazón». Frente a una sociedad que a menudo se fija en lo exterior —la imagen, el éxito o el prestigio—, recordó que Dios «ve el corazón de quien llega con una preocupación por su familia, de quien trae una enfermedad, de quien viene a dar gracias o de quien simplemente permanece en silencio delante del Señor».
De la oscuridad a la luz
El obispo auxiliar centró también su reflexión en el Evangelio del ciego de nacimiento narrado por Juan el Evangelista, señalando que el verdadero milagro no es solo la curación física, sino el camino interior que realiza el hombre curado. «Pasa de la oscuridad a la luz, pero también de la ignorancia a la fe», explicó.
Este itinerario espiritual refleja, según Mons. Avendaño, el sentido profundo de la Cuaresma: «Es un tiempo para que Cristo abra nuestros ojos». Y añadió que con frecuencia los cristianos viven «con los ojos del alma un poco cerrados», distraídos por las preocupaciones o la rutina, sin percibir el amor de Dios ni las necesidades de los demás.
«Cristo camina con nuestras cruces»
Antes de iniciar el Vía Crucis por las calles de Getafe, el obispo auxiliar invitó a contemplar el significado de las imágenes que acompañaron la oración. Sobre el Nazareno, recordó que «Jesús no vino a salvarnos desde lejos, sino desde dentro del sufrimiento humano». Por eso, afirmó, tantas personas se sienten cercanas a esta imagen: «Cristo conoce nuestras cruces: la del enfermo, la de quien está preocupado por su familia, la de quien atraviesa momentos difíciles».
Junto a Él aparece Nuestra Señora de la Soledad, que representa a la madre que permanece fiel en medio del dolor. «Hay momentos en la vida en los que no podemos solucionar todos los problemas de quienes amamos –señaló–, pero sí podemos hacer algo muy grande: estar, acompañar, permanecer».

Finalmente, Mons. Avendaño animó a los fieles a recorrer las estaciones del Vía Crucis «con el corazón abierto», recordando que cada una de ellas ofrece una enseñanza para la vida cristiana: las caídas de Jesús recuerdan las propias caídas del creyente; su levantarse, la posibilidad de volver a empezar; y el gesto del Cirineo, la necesidad de ayudarse unos a otros.
«El Vía Crucis no es solo recordar el sufrimiento de Cristo –concluyó–. Es descubrir que Cristo sigue caminando con nosotros hoy: por nuestras calles, por nuestras preocupaciones y por nuestras esperanzas».
El obispo auxiliar invitó a los fieles a hacer una sencilla oración durante la celebración: «Señor, abre mis ojos», para reconocer el amor de Dios y descubrir que incluso en la cruz «está escondida la esperanza».
La celebración concluyó con la salida del Vía Crucis diocesano por las calles de Getafe, acompañando a Nuestro Padre Jesús Nazareno y Nuestra Señora de la Soledad, en un testimonio público de fe en pleno camino hacia la Pascua.