San Juan Pablo II, en Don y Misterio, decía: «Se suele decir que el Seminario es para un obispo la “pupila de sus ojos”», y es frecuente que nuestro obispo se refiera a él como el corazón y esperanza de la diócesis.
La relación del Seminario con el resto de la diócesis es bidireccional: al mismo tiempo que nace y se alimenta de ella, su principal objetivo es servir al «cuerpo vivo de Cristo en Getafe». Por este motivo, creemos que este día nos ofrece una oportunidad extraordinaria para reflexionar, como Iglesia diocesana, en qué consiste esta ayuda esencial que esta porción del Pueblo de Dios nos presta.
En primer lugar, es la gracia de Dios la que nos sostiene en nuestro camino formativo y en cada una de las dificultades que surgen. El Papa Francisco convocó el Jubileo del año 2025 bajo el lema «La esperanza no defrauda» (Rm 5, 5); efectivamente, fiados en la verdadera esperanza tenemos la certeza de que el Señor es capaz de transfigurar nuestra miseria y convertirnos en imagen de Jesucristo, sumo y eterno sacerdote. El obispo nos recuerda a los seminaristas que «si el Señor llama, el Señor acompaña», por lo que tan sólo hemos de dejarnos acompañar por Jesús, que también se ha querido servir de toda su Iglesia para formar en nosotros un corazón de Buen Pastor como el suyo.

Por tanto, lo que necesitamos principalmente es la oración de tantos que interceden por nosotros y por nuestra docilidad a esa gracia de Dios que se nos dona constantemente y que brota de su Corazón traspasado, a cuyos pies vivimos y nos formamos. Nunca podremos agradecer lo suficiente tantas oraciones en lo escondido, esas que el Padre ve y recompensa. Otra ayuda esencial es la generosidad de tantas familias y el acompañamiento de tantas comunidades cristianas y sacerdotes por la promoción y cuidado de las vocaciones. Son verdaderos colaboradores de la gracia en la realización de la promesa del Señor de darnos pastores según su corazón.
Gracias a los benefactores
Finalmente, debemos fijarnos también en las necesidades materiales que requiere la formación sacerdotal: los gastos de manutención de cada seminarista, el coste de los estudios académicos y el mantenimiento del propio Seminario. Son gastos que mayoritariamente afrontan las familias de los seminaristas, pero que en muchos casos exceden sus posibilidades. Aprovechamos, pues, para agradecer a tantos benefactores que colaboran en el sostenimiento económico del Seminario y en la financiación de becas para seminaristas, en algunos casos más en la medida de nuestras necesidades que en la de sus posibilidades. En el contexto de esta jornada, toda colaboración redundará en beneficio del Seminario.
Terminamos agradeciendo al Señor por el don de la vocación sacerdotal como servicio ministerial a nuestra Iglesia que camina en Getafe, al mismo tiempo que renovamos y expresamos nuestro deseo de continuar nuestra formación para llevar la alegría del Evangelio y la presencia del Resucitado a cada comunidad parroquial, a cada movimiento, a cada institución diocesana y, en definitiva, a cada rincón de la diócesis donde el Nombre del Señor deba ser proclamado.