La parroquia San Saturnino, en Alcorcón, ha acogido en la tarde del jueves 22 de enero, el XXXII encuentro ecuménico, en el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que en esta ocasión ha contado con la presencia de la pastora presbiteriana norteamericana Melanie Mittchel.
La celebración, a la que también han asistido el párroco, Alejandro Palma, y el vicario parroquial, Jerónimo de Andrés, consistió en una celebración de la Palabra que ha tenido como centro la parábola del buen samaritano.
El encuentro ha comenzado con una monición ambiental en la que se ha destacado el valor de la unidad y la necesidad de seguir el ejemplo de Cristo: «Jesús recorrió el camino que nos lleva a cambiar el mundo».
«Su camino fue el del amor, hasta entregar la vida por nosotros», se ha subrayado en la monición de entrada, añadiendo que «el mundo necesita de Cristo, necesitamos acudir a la fuente que es Él».
❝ El mundo necesita a Cristo
Melanie Mittchel
Después de la proclamación del Evangelio ha intervenido la pastora Melanie Mittchel, quien ha recordado que los materiales de este año han sido elaborados por la Iglesia de Armenia y «se ha elegido a esta Iglesia de Armenia porque en esta nación está arraigado uno de los testimonios más antiguos de la fe en Jesucristo».
Asimismo, «Armenia fue la primera nación que proclamó oficialmente el cristianismo como religión del Estado en el año 301, gracias a la misión evangelizadora de san Gregorio el Iluminador», ha señalado.
También ha hecho un recorrido histórico «por un pueblo que ha sufrido persecución y sometimiento», para después preguntar, en relación a la parábola del buen samaritano: «¿se puede amar a un enemigo que no respeta tus derechos, ni tu autonomía y que incluso quiere tu desaparición?».
Nuestro prójimo es cualquiera que sufre necesidad
«Jesús nos llama a acercarnos unos a otros, a un amor en acción, incluso al enemigo», ha respondido Mittchel, añadiendo: «nuestro prójimo es cualquiera que sufre necesidad; al que hay que acercarse con compasión».
«Tenemos que llevar nuestro ministerio fuera de las Iglesias, rescatar al que nos necesita, hacer que la Iglesia sea una comunidad de acogida y hospitalidad, donde se recibe a los que llegan, se curan las heridas, se calman los miedos, se da alimento espiritual y material y cada uno se esfuerza en ser digno de la confianza que el Señor ha depositado en él», ha dicho la pastora presbiteriana.

Además, ha insistido, en la necesidad de esforzarse por buscar la unidad, recuperar el sentido del bien común, en promover el conocimiento de los hermanos de las iglesias cristianas «huyendo del miedo, la desconfianza o la indiferencia hacia los que no comparten nuestra fe».
«Si permitimos que nuestras diferencias nos separen, ¿cómo vamos a curar las heridas de la sociedad y cómo vamos a llevar a Cristo a los más alejados? Nuestra unidad es testimonio ante el mundo», ha concluido.