La implantación del Sínodo de la Sinodalidad en la diócesis sigue su curso. La fase actual llamada «de implementación» se centra ahora en coordinarse con los consejos diocesanos; preparar personas facilitadoras de esta implantación; prestar especial atención a la llamada «conversación en el espíritu», e identificar herramientas y metodologías.
Olalla Rodríguez es la responsable de la Comisión sostiene que «si entendemos bien lo que es la sinodalidad nos daremos cuenta de que no es un proyecto en sí mismo o una línea a desarrollar de manera paralela a lo que se haga en el resto de la diócesis, sino que es una manera de vivir, de relacionarnos, de pensar, que tiene que integrarse en todas las actividades y propuestas que ya tenemos en la diócesis». «Ese es el gran reto –añade– que tenemos en esta fase. Que el Sínodo no sea una actividad, un proyecto o algo que hagan algunos, sino que la sinodalidad sea el modo de hacer Iglesia propio de esta diócesis y de todas, pero en concreto de la nuestra».
Transparencia y rendición de cuentas
Entre los puntos derivados del mismo Sínodo y aprobados por la Santa Sede se encuentran la evaluación del grado de sinodalidad así como los itinerarios formativos. Pero también las nuevas formas de ‘ministerialidad’ y la integración del trabajo en los grupos de estudio. Además, la renovación litúrgica, la transparencia, rendición de cuentas y el impulso del cambio económico.
La Comisión trabaja en un análisis o «fotografía actual» de la sinodalidad en la diócesis a través de un cuestionario facilitado a algunas parroquias y a los vicarios. Jesús Úbeda, Vicario para la Evangelización y la Transmisión de la Fe, explica que «las distintas delegaciones tienen un papel esencial en todo ello». La de Apostolado Seglar «con todas las jornadas y encuentros que organiza» tendrá «una comunicación directa con la Comisión», afirma.