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Más de 300 niños, adolescentes y jóvenes procedentes de las diócesis de Getafe, Madrid, Castellón, Canarias, Cáceres y Valladolid participaron del 23 al 29 de junio en un campamento en Peguerinos (Ávila) organizado por el Movimiento Comunión y Liberación.
Acompañados por ocho sacerdotes, 54 monitores y 40 voluntarios, los participantes, estudiantes desde 5º de Primaria a 3º de ESO, descubrieron la belleza de la vida cristiana y vivieron una gran aventura.
Juntos celebraron cada día la Eucaristía y experimentaron en primera persona la misericordia de Dios a través del sacramento de la reconciliación durante la mañana dedicada a las confesiones.
“Estar juntos y vivir en comunión cada uno de los gestos ha sido un regalo. Fuimos de marcha con vivac y pudimos dormir en la abadía benedictina de la Santa Cruz del Valle de los Caídos (San Lorenzo de El Escorial), mirando y dejándonos sorprender por la belleza del lugar, de las estrellas”, destaca Julia Sánchez, una de las monitoras.
En este campamento hubo tiempo para participar en juegos de día y de noche, para disfrutar de la piscina, de ratos de ocio para charlar con los amigos, para jugar al fútbol y al voleibol y para disfrutar de una noche de cantos con los universitarios , así como de la fiesta final preparada por todos.
“Estuvimos muy atentos a los testimonios que nos dieron personas cambiadas por el encuentro con Cristo, que compartieron cómo éste le puede suceder a cualquier persona a través de una compañía que te permite entender la fe como respuesta y cumplimiento de lo humano”, afirma Julia.
El lema del campamento fue ‘¡Fuera caretas!’, con el que se quería ayudar a los participantes a reflexionar sobre las máscaras que la gente usa, impulsada por el miedo, para caer bien a los demás, y sobre la necesidad de arriesgarse a ser uno mismo para que los demás puedan conocernos y amarnos como somos en realidad, porque, como dijo el papa Francisco, “Jesús no quiere que te maquillen el corazón; Él te ama tal y como eres”.
“También se insistió en la idea de que, para quitarse la máscara, es necesario que alguien nos ayude, alguien que nos ame y nos conozca de verdad. Tenemos que pedir ayuda al único que puede ayudarnos: sólo Jesús conoce nuestro corazón”, explica la monitora.
“En esa unidad profunda entre la fe y cada acto de la jornada en el que todo tendía a convertirse en un gesto lleno de significado y alegría, del ‘céntuplo ahora’ prometido por Jesús -porque nada de lo hermoso que nos sucede se pierde-, hemos hecho experiencia de la correspondencia de la propuesta de Cristo con nuestra humanidad”, insiste Julia Sánchez.
“Dios nos promete una vida grande, una vida plena, una vida que merece la pena vivir y que ahora tenemos que transmitir. Para los que queremos iluminar, no hay otro camino posible más que ‘brillar’. Hay que hacer resplandecer la luz de Cristo en nuestros rostros porque la fe se transmite de persona a persona, como una llama enciende otra llama”, concluye Julia Sánchez.

 

 

 

 

 

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