450aniversaroicristoweb

El obispo auxiliar de Getafe, D. José Rico Pavés, celebró el pasado 16 de septiembre una multitudinaria eucaristía en la Parroquia Nuestra Señora de la Asunción (Griñón), con la que comenzaron los actos para celebrar el 450º aniversario de la aparición del Santísimo Cristo de esa localidad.
En su homilía, D. José felicitó a todos los vecinos y les animó a vivir este año con gran alegría, ya que “esta presencia del Cristo Aparecido debe recordar que Jesús se hace presente en la vida del cristiano cada día”.
También les animó a seguir transmitiendo y dando a conocer a las nuevas generaciones la historia de la aparición de este Cristo, para que, pasado el tiempo, cuando se cumpla el 500º aniversario, se conmemore y se celebre.
El prelado estuvo acompañado en la celebración por los miembros de la junta directiva de la Hermandad del Santísimo Cristo Aparecido y de Nuestra Señora de la Asunción; por la teniente de Alcalde, María Antonia Díaz, y por varios concejales de la corporación municipal.
También asistió una representación de los Hermanos de la Escuelas Cristianas de La Salle, junto con el hermano Celestino Hernando director de la casa-convento de Griñón, y un grupo perteneciente a las Hermanas Reparadoras.
 
Breve resumen de la aparición el 17 de junio de 1569
El 17 de junio de 1569, a Pedro Gómez, labrador humilde vecino de Griñón, se le apareció entre las espigas mientras cosechaba el trigo la imagen de un Crucificado, muy pequeño, sin cruz y envuelto en un olor a rosas que impregnó todo el pueblo.
En ese momento, la forma del sol se transformó en cruz (este hecho se vio desde la localidad vecina de Humanes) y los bueyes de carga que estaban con él en el campo se arrodillaron ante este hecho milagroso.
Se corrió la voz a los pueblos vecinos y empezaron a acudir peregrinos con la intención de sanar de los males que les aquejaban. Y durante años se produjeron hechos milagrosos de curación de enfermos que fueron acreditados por las autoridades eclesiásticas de la época.
Todos estos hechos están recogidos en un libro que redactó el entonces párroco, Antonio Bernardo Campo y Melgarejo, en el año 1737.