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Alpha es un novedoso método de evangelización nacido en Londres a finales del siglo XX y que funciona en algunas parroquias de la Diócesis de Getafe. Su “secreto” es sencillo: consiste esencialmente en una serie de cenas donde además de compartir la comida se intercambian experiencias y formación sobre temas de fe.

 


A través de las cenas Alpha, Fátima Salgado –de la Parroquia San Francisco de Sales (Parla)- se encontró con Cristo, y por fin el vacío interior que había sentido toda su vida se llenó y se llenó de la paz y de la felicidad que tanto había buscado desde su infancia.


Este es su testimonio:
 
 
“Mis padres me educaron en la fe, recuerdo ir a misa cada domingo y ver la cara de satisfacción de papá mirándome.
 
Cuando cumplí 14 años mi padre me contó que nací a los 7 meses y los médicos no confiaban en que saliera del hospital con vida y él se entregó al Señor pidiendo por mí. Desde entonces no faltó a misa ni un solo día.
 
Yo tuve una infancia feliz, muy feliz. Pero siempre con el deseo de algo más, era muy exigente conmigo, me costaba conformarme y disfrutar de los logros. Quería ser maestra, casarme, tener hijos...
 
Cuando tenía 18 años mi padre murió y al año mi madre entró en coma por un infarto cerebral (del cual, gracias a Dios se recuperó).
 
Fueron experiencias muy duras para mi hermana y para mí; aun así luchamos como dos guerreras, de la mano, siempre unidas pero con una sensación de vacío muy grande.
 
Los años pasaron y aunque había cumplido mis deseos de ser profesora, esposa y madre... Me seguía faltando algo, algo grande, porque mi vacío era cada vez mayor.
 
Al mes de nacer mi segundo hijo me puse enferma y tuvieron que ingresarme. Mi marido se quedó solo en casa con mi niña de cuatro años y mi bebe de un mes. Yo sentía que me moría; los médicos no encontraban explicación a todo lo que estaba pasando.
 
Comencé a rechazar a mi bebe y a culparle de todo lo que me había pasado, me lo traían al hospital y no le podía ni mirar. Y le pedía perdón a mi hija por ser tan mala mamá y no poder cuidar de ella. Uno de mis peores días de soledad en el hospital apareció Gema Martínez, la madre de un compañero del colegio de mi hija, y sentí que entraba un ángel, se sentó y comenzamos a hablar, me transmitió una paz inmensa.
 
Las cosas a nivel médico empezaron a vez la luz, y a pesar de un diagnóstico de fibromialgia, todo empezó a encaminarse. Aun así yo seguía sintiendo que algo me faltaba. A pesar de todo lo que tenía en la vida, no me sentía plena.
 
Un día Gema me comentó que podía hacer el curso Alpha. Yo tenía muchos miedos; no estar bien físicamente, no saber qué hacer ni qué decir, y así se lo transmití. Sus palabras fueron; "prueba, no pienses, déjate llevar y si no puedes lo dejas, sin compromiso", y de nuevo volví a sentir esa paz tan grande.
 
Me metí en Internet y me informé sobre lo que significaba Alpha, parecía interesante, esto haría que dejara de pensar en mis limitaciones físicas, y podría ser una manera de llenar ese vacío tan grande que llevaba arrastrando años.
 
Recuerdo el primer día cuando me preguntaron 'qué te ha movido a venir a Alpha': "si tengo todo lo que deseaba, ¿por qué me siento vacía? necesito respuesta a todo esto y mucha, mucha paz" dije entre lágrimas. Y allí estaban ellos, José Luis Sánchez con lágrimas en los ojos y Esperanza S. que agarró mi mano con fuerza, mis guías, el padre y la madre que necesitaba.
Entonces supe que comenzaba un maravilloso camino y que ellos no me soltarían jamás. El primer día salí emocionada y así se lo comenté a mi marido: "No sé qué saldrá de esto pero sé que va a ser muy bueno" le dije.
 
A medida que iban pasando las semanas, más ganas tenía de ir a las cenas. El domingo era mi recarga de pilas. Sentía que éramos una gran familia y me asombraba la entrega y el amor de la gente, los abrazos, las sonrisas... Pensaba "¿qué hay que hacer para ser así como ellos?, Fátima fíjate y aprende de todos".
 
He vivido momentos maravillosos, de muchas emociones; he encontrado respuesta a mis preguntas; he aprendido a tener paciencia, a saber esperar porque todo llega. He presenciado un milagro que ha sanado heridas del pasado. Y por fin siento paz, mucha paz. Ahora vivo cada día buscando la verdad con ilusión y mucha fe, el regalo más grande que Dios me ha dado.
 
Gracias a todo el equipo Alpha por mediar con sus oraciones y ayudarme a encontrar al Señor, mi mayor respuesta.
 
Ahora soy yo la que rezo por vosotros, para que sigáis con esa fuerza y entrega que os caracteriza. Este mundo necesita gente como vosotros.
 
GRACIAS”.

 

 

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