
28/11/2025. Cristina Pérez-Miranda, de la parroquia Santiago Apóstol, de Villaviciosa de Odón, asegura que «la misión es la vida». Esta joven de 23 años y graduada en Derecho y Economía, ha decidido vivir por cuarta vez una experiencia misionera en Camaná (Perú), en una iniciativa impulsada por la Delegación diocesana de Misiones.
Cuando habla de la misión, Cristina lo tiene claro: «Es a lo que estamos todos llamados. Por el simple hecho de estar bautizados, ya somos misioneros. Urge que más gente se decida a servir en la misión». «Hacer apostolado es para todos, en la universidad, en el trabajo, donde estés», insiste.
Su labor misionera, desde septiembre se desarrolla en varios frentes: acompaña a niños, adolescentes, y adultos; participa en la vida parroquial; en un colegio y ambién visita el penal de Camaná, donde entra en contacto con personas que cumplen condena. «Servimos de canal para que Dios ame a quienes tenemos delante. Estamos cuidando una misión que comenzó hace cuatro años». «En la cárcel aprendo mucho de cómo es Dios, cómo cuida de cada uno de sus hijos, cómo es su perdón, su misericordia», expresa.
Además, se traslada hasta los asentamientos más alejados, donde la fe llega en forma de secta «debido a la escasez de sacerdotes, de agentes pastorales» pero «donde hay esperanza».
Más allá de las actividades concretas, lo que más impacta a Cristina es la fe de la gente. «Aquí la fe viene de una manera muy sencilla. Son muy conscientes de que Dios está con ellos, incluso con sufrimientos tan grandes». Y esa sencillez la interpela: «Cuando Dios se vuelve el centro, todo lo demás se ordena. Los problemas no pesan tanto si sabes que Él está contigo».
Desde Perú subraya que: «Urge que más jóvenes se comprometan. Que la Eucaristía alcance a todos, que lleguen los sacramentos. Pido muchas vocaciones, santos sacerdotes que lleven el alimento de vida eterna». Cristina lanza también un mensaje a los jóvenes que, como ella, sienten que Dios les llama a algo más: «De verdad, que no lo duden. Jesús quiere servirse de ellos para llegar a tocar los corazones. Dios es muy bueno».
Ella experimenta en aquella tierra, rodeada de desierto, que el Señor con un poco puede hacer una gran obra: «Aquí dicen que hay que darle al Señor un “solcito” de generosidad. Un sol es como 25 céntimos. Solo eso. Pero el Señor no se deja ganar en generosidad».
Desde Camaná, Cristina envía un abrazo grande a su parroquia, a su familia y a sus amigos. Y, sobre todo, una petición que lo resume todo: «Os pido oraciones. Por favor, por favor».
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