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El obispo de Getafe, D. Ginés García Beltrán, presidió el sábado 7 de enero, en la Catedral Santa María Magdalena, un multitudinario funeral diocesano por el Papa emérito Benedicto XVI, fallecido el pasado 31 de diciembre, a los 95 años de edad.

El prelado estuvo acompañado por su auxiliar, D. José María Avendaño, y el emérito diocesano, D. Joaquín María López de Andújar; por el vicario general y moderador de Curia, Javier Mairata; los vicarios episcopales, algunos arciprestes y delegados y más de sesenta sacerdotes.

D. Ginés en su homilía comenzó subrayando el motivo del encuentro que reunía a los miembros de la Iglesia getafense: “en esta mañana, queridos hermano, nos convoca la fe en Cristo muerto y resucitado, sostén de nuestra esperanza y fundamento de la caridad fraterna. Nos reunimos para celebrar la Eucaristía por el Papa Benedicto XVI al que Dios confío el cuidado de su Iglesia como sucesor del apóstol Pedro”. 

“Nuestra oración es de alabanza y de acción de gracias por la persona y el ministerio del querido Papa Benedicto, y de oración confiada para que Dios cumpla en él su promesa dándole el premio de los buenos pastores” destacó.

García Beltrán desgranó en sus palabras la vida y el magisterio de Benedicto XVI, destacando su humildad, su sabiduría, su entrega y su amor a Cristo y a la Iglesia: “el teólogo Ratzinger, después Benedicto XVI, nos enseñó que el misterio de la vida y de la muerte solo se esclarecen en el Amor. Solo el amor de Dios ilumina la realidad del hombre y del mundo y hace que cobren todo su sentido”. 

“Nunca he podido olvidar la emoción cuando leí por primera vez la Introducción al cristianismo de Ratzinger en mi etapa de formación sacerdotal, aquellas páginas en las que al hablar de la resurrección de Cristo afirmaba: “La profesión de fe en la resurrección de Jesucristo es para los cristianos expresión de fe en lo que sólo parecía sueño hermoso. Que el amor es fuerte como la muerte, dice el Cantar de los cantares (8,6) (...). Ahora podemos comprender lo que significa resurrección: Es el amor que es más fuerte que la muerte” recordaba el obispo diocesano.

En relación al Evangelio proclamado en la celebración, que mostraba a a Cristo como pastor (“Yo soy el buen pastor") D. Ginés remarcó que "Benedicto ha sido un hermoso ejemplo de este pastoreo como 'un simple y humilde trabajador de la viña del Señor’”.

“Tenía la humildad de los grandes, la sabiduría adquirida, sobre todo, en la escuela del Maestro, la capacidad de escucha que no desprecia a los demás, sino que los acoge como alguien importante” continuó, añadiendo: “Benedicto cargó sobre sus hombros el peso de la Iglesia para iluminarla con la luz de la fe y servirla como servidor fiel. Es el ejemplo de su disponibilidad el que todavía nos conmueve, disponibilidad para aceptar la misión, y disponibilidad honesta para renunciar”.

“Los últimos diez años del Papa emérito han sido también un precioso servicio a la Iglesia desde la oración y el silencio. Nos ha enseñado que a la Iglesia se le sirve en la primera línea de la evangelización y en la vida pastoral activa, pero también en el silencio y en la oración” subrayó.

El obispo quiso terminar con una llamada a la esperanza, fundada en Cristo y en María y señalando el texto de Ratzinger sobre esta virtud ‘Spe Salvi’ que decía: “Dios es el fundamento de la esperanza; pero no cualquier dios, sino el Dios que tiene un rostro humano y que nos ha amado hasta el extremo, a cada uno en particular y a la humanidad en su conjunto”. 

“Su reino no es un más allá imaginario, situado en un futuro que nunca llega; su reino está presente allí donde Él es amado y donde su amor nos alcanza. Sólo su amor nos da la posibilidad de perseverar día a día con toda sobriedad, sin perder el impulso de la esperanza, en un mundo que por su naturaleza es imperfecto. Y, al mismo tiempo, su amor es para nosotros la garantía de que existe aquello que sólo llegamos a intuir vagamente y que, sin embargo, esperamos en lo más íntimo de nuestro ser: la vida que es «realmente» vida” (n. 31)” concluyó.