33 – Ciclo A – Exaltación de la Santa Cruz – (14/9/2014)
+ José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe

Exaltar la Cruz de Cristo

La Iglesia celebra este Domingo la Exaltación de la Santa Cruz. Se trata de una fiesta que prevalece sobre el Domingo del Tiempo Ordinario, cuya celebración se remonta al siglo IV. El 13 de septiembre del año 335 fueron dedicadas dos basílicas constantinianas, la del Gólgota y la de la Resurrección, ambas en Jerusalén. Al día siguiente, fue expuesta a la veneración de los fieles la reliquia de la cruz que, según la tradición, había sido encontrada un 14 de septiembre. La cruz es el signo distintivo del cristiano. Es la primera señal cristiana que se realiza sobre el que va a ser bautizado y es también la última que recibe el cuerpo sin vida cuando se celebran las exequias de un difunto. El signo de la cruz está en el comienzo y el fin de la vida terrena del cristiano. Pero como todo signo, también la cruz es realidad visible que remite a otra invisible. En la cruz de Cristo hemos sido salvados: en ella, Jesucristo nos ha revelado el amor más grande; por ella, hemos conocido hasta qué punto somos importantes para el Señor; con ella, aprendemos a dar a cada cosa su verdadero valor; desde ella, descubrimos que la fecundidad de la vida humana es superior al peso de la muerte. Si la cruz puede ser exaltada y declarada santa es porque en ella ha colgado el Autor de la Vida. La Exaltación de la Santa Cruz es la proclamación de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte. Jesucristo, al morir en la cruz, ha convertido el castigo de muerte ignominiosa en la proclamación gozosa del camino más sublime que puede recorrer el ser humano: devolver amor a los que nos odian, poner alegría donde otros siembran tristeza, construir la paz frente a quienes esparcen la guerra, contagiar esperanza a los que desesperan, crear concordia donde hay división.  

Pero la cruz expresa también las dificultades de la vida: el dolor, la enfermedad, el sufrimiento físico o moral. Exaltar la cruz ¿no es una forma retorcida de no aceptar los problemas? ¿no es acaso una forma de resignación que impide combatir el sufrimiento? No debemos nunca olvidar que si exaltamos la cruz es por encontrar en ella a Cristo. Sólo Él nos puede ayudar a dar sentido a un sufrimiento que tantas veces obstaculiza nuestro anhelo de felicidad. Importa recordar que Cristo invita a cargar con la propia cruz y a seguirle sólo después de anunciar que Él entregará su vida en la cruz y resucitará. No hay cruz en la que no podamos encontrar a Jesús, porque Él la ha cargado primero. El don de la fe nos permite confesar en la Santa Cruz la presencia salvadora de Cristo y la comunicación del amor infinito de Dios. La celebración de la Exaltación de la Santa Cruz es ocasión preciosa para renovar y fortalecer nuestra fe en el amor extremo de Cristo muerto y resucitado. Pero como toda virtud, también la fe requiere ejercicio. Recuerda san Pablo que la fe nos viene por la escucha de la Palabra de Dios. En las lecturas que se proclaman este domingo encontramos la propuesta de ejercicios sencillos y concretos destinados a fortalecer la fe en Cristo Salvador y en el poder de su cruz redentora.

En la primera lectura se nos recuerda la importancia de mirar al Crucificado. En la segunda, san Pablo nos invita a recorrer el mismo camino de Cristo, que es camino de humildad, servicio y entrega. En el evangelio, Jesucristo desvela el misterio que la cruz esconde: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único. La única forma digna de celebrar la Exaltación de la Santa Cruz es reaccionar amando y devolver amor a Quien nos ha amado con amor extremo. Quien movido por el amor de Dios, carga con la propia cruz, ayuda al prójimo a cargar con la suya y sigue en todo a Jesucristo, exalta de forma digna la Santa Cruz.

¡Feliz Domingo!

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