35 – Ciclo A – Domingo XXVI T.O. – (28/9/2014)

+ José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe

El poder del perdón y de la misericordia

El poder de Dios se manifiesta especialmente en el perdón y en la misericordia. La oración central de la Liturgia de este día se abre con esta afirmación sorprendente: perdón y misericordia no son expresión de debilidad, sino de poder. Si grande es el poder divino que se revela en la obra de la creación, mayor aún es el que se manifiesta a través del perdón. No es poderoso quien destruye, sino quien genera vida, la hace crecer o la devuelve a quien la ha perdido. Lo que a los ojos humanos muchas veces parece debilidad, resulta ser expresión del verdadero poder. El mismo Dios todopoderoso que crea todo por amor, es el que recrea con su misericordia. Cuando el amor se hace perdón, nace la misericordia. El pecado es siempre ofensa al Creador y daño de la criatura. La misericordia divina es derroche de amor que repara el daño de la culpa y manifiesta la grandeza de Dios. Dios no quiere la muerte del pecador, sino que cambie de conducta y viva. La misericordia mueve al arrepentimiento, lo sostiene y lo orienta al perdón. Quien se sabe amado por un amor más fuerte que su pecado, puede abrirse al arrepentimiento. Quien se experimenta sostenido por un amor que no lleva cuenta del mal, puede cambiar de conducta. Quien recibe amor de misericordia sin límites puede despertar su capacidad de amar y acoger el perdón. Al arrepentimiento no se llega por miedo a un castigo sino por caer en la cuenta del amor perdido. Mueve al arrepentimiento quien manifiesta sin dobleces su amor y lo ofrece sin condiciones. Para sacarnos del pecado, Dios manifiesta la fuerza de su amor y nos ofrece el camino del arrepentimiento, de modo que volviéndonos a Él reconozcamos el daño de la culpa y nos dejemos levantar por su perdón reparador. Cuando llegamos con la Iglesia a la celebración del Domingo vigésimo sexto del tiempo ordinario, la Palabra de Dios que se proclama en las lecturas de este día nos descubren el modo de enderezar la vida, superar los errores cometidos y mirar al futuro con esperanza. El perdón de Dios todo lo cura, su amor es siempre más fuerte que nuestras maldades, su misericordia es capaz de reconstruir lo que nuestro pecado destruyó. ¿Cómo abrirse a la misericordia divina? ¿Cómo empezar de nuevo desde el perdón del Señor? En una palabra encontramos la respuesta: “recapacitando”. Hasta en tres ocasiones encontramos este verbo en las lecturas de este domingo. 

En la primera nos recuerda el Señor por medio del profeta, que quien recapacita después del pecado cometido puede abrirse al arrepentimiento, cambiar de conducta y salvar la vida. La justicia de Dios no se opone a su misericordia. Precisamente porque Dios es justo, obra derramando amor sobre todas sus criaturas, incluso sobre los pecadores. De esta manera se nos descubre la noticia que puede llenar de esperanza la vida: hasta cuando cometemos graves errores, de consecuencias irreparables, el amor de Dios nos espera para sanar las heridas que hayamos podido provocar, en nosotros mismos o en otros. La última palabra en la vida del hombre no corresponde al pecado, sino a la misericordia divina. Recapacitar es el primer paso para recuperar la salvación perdida.

En la segunda lectura, el apóstol san Pablo nos invita a tener los mismos sentimientos de Cristo y para ello nos propone el camino que recorrió Él: siendo Dios, asume la condición humana, padece muerte ignominiosa y es exaltado por el Padre con el triunfo de la resurrección. A la gloria de la resurrección precede la humillación de la encarnación y de la crucifixión. El camino de Cristo es el camino de la humildad. 

Jesucristo en el evangelio nos anuncia, en fin, que siempre estamos a tiempo de rectificar, de acoger su perdón y de enderezar la vida. Quien se crea seguro y considere que no necesita recapacitar y rectificar en su vida, perderá la oportunidad de acoger la misericordia y caerá en la desesperanza. El Señor nos conceda siempre recapacitar para permanecer abiertos al amor de Dios. ¡Feliz Domingo!

 

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