En pocos trazos
Enseñanzas del Papa Francisco
Enero-febrero 2015

Presidir en la Caridad
Por José Rico Pavés

Dos hechos han marcado las orientaciones del Magisterio pontificio durante el último mes: la creación de nuevos cardenales y el comienzo del tiempo litúrgico de la Cuaresma.

Con relación al primer hecho, Francisco ha recordado que en la Iglesia, toda presidencia proviene de la caridad, se desarrolla en la caridad y tiene como fin la caridad. La Iglesia que está en Roma tiene también en esto un papel ejemplar: al igual que ella preside en la caridad, toda Iglesia particular, en su ámbito, está llamada a presidir en la caridad. Por eso, recordando el himno paulino, el Papa ha pedido a los nuevos cardenales que sean “incardinados y dóciles”. Cuanto más incardinados estamos en la Iglesia que está en Roma, más dóciles tenemos que ser al Espíritu, para que la caridad pueda dar forma y sentido a todo lo que somos y hacemos. “Incardinados en la Iglesia que preside en la caridad, dóciles al Espíritu Santo que derrama en nuestros corazones el amor de Dios”. Los cardenales están llamados a servir a Jesús crucificado en toda persona marginada, por el motivo que sea.

Días antes de la celebración del consistorio, la Iglesia celebró el día del enfermo, recordando la memoria de la Virgen, Nuestra Señora de Lourdes. Con ese motivo, el Santo Padre ha recordado que la obra salvífica de Cristo no termina con su persona y en el arco de su vida terrena; prosigue mediante la Iglesia, sacramento del amor y de la ternura de Dios por los hombres. Enviando en misión a sus discípulos, Jesús les confiere un doble mandato: anunciar el Evangelio de la salvación y curar a los enfermos. Fiel a esta enseñanza, la Iglesia ha considerado siempre la asistencia a los enfermos parte integrante de su misión. “La Iglesia madre, mediante nuestras manos, acaricia nuestros sufrimientos y cura nuestras heridas, y lo hace con ternura de madre”.

En las audiencias de los miércoles el Papa sigue completando la exposición sobre la familia, con catequesis sobre el padre, los hijos y los hermanos. Una enseñanza que se amplía en la Carta dirigida a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y a los Superiores de los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica sobre la Pontificia Comisión para la tutela de menores. “Como expresión del deber de la Iglesia de manifestar la compasión de Jesús a los que han sufrido abuso sexual, y a sus familias, se insta a las diócesis y los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica a establecer programas de atención pastoral, que podrán contar con la aportación de servicios psicológicos y espirituales. Los Pastores y los responsables de las comunidades religiosas han de estar disponibles para el encuentro con los que han sufrido abusos y sus seres queridos: se trata de valiosas ocasiones para escuchar y pedir perdón a los que han sufrido mucho”.

En cuanto al comienzo de la Cuaresma, el Mensaje del Papa para este año contiene una firme invitación a vencer uno de los desafíos más urgentes de nuestro tiempo: la globalización de la indiferencia. Cuando el pueblo de Dios se convierte a su amor, encuentra las respuestas a las preguntas que la historia le plantea continuamente. La indiferencia hacia el prójimo y hacia Dios es una tentación real también para los cristianos. Por eso, necesitamos oír en cada Cuaresma el grito de los profetas que levantan su voz y nos despiertan. Para no ser indiferente y para no cerrarse en sí mismo, el pueblo de Dios necesita la renovación que el periodo cuaresmal le ofrece. Esa renovación pasa por encontrar a Dios en el corazón de la ciudad, como tarea específica de los laicos; pasa por seguir impulsando la reforma de la Curia vaticana, para favorecer una más eficaz evangelización desde la auténtica sinodalidad y colegialidad; pasa porque los sacerdotes pidan el don de las lágrimas para que su conversión y oración sean cada vez más humildes y sin hipocresías.

La Cuaresma es un tiempo propicio para dejarnos servir por Cristo y así llegar a ser como Él. Amar con su mismo amor para vencer toda forma de indiferencia. Dejar así que la caridad ocupe la presidencia.

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