Perfiles
Por José Rico Pavés

El Año santo de la misericordia continúa su andadura ofreciendo el marco de las intervenciones del Santo Padre en las últimas semanas. Las meditaciones que acompañan el rezo del Angelus y las catequesis de las Audiencias generales de los miércoles y de las Audiencias jubilares de los sábados se centran en los pasajes bíblicos que la Liturgia proclama y en las enseñanzas de Jesús que transmiten los evangelistas. La Palabra de Dios aparece así como la lámpara que el Papa sigue levantando para guiar a la Iglesia por el camino de la misericordia. Esta Palabra es la que nos muestra a Jesús desvelando el rostro misericordioso del Padre, la que nos enseña a distinguir dos estilos de vida contrapuestos (el mundano y el evangélico), la que descubre a la Iglesia el camino a seguir para salir al encuentro de cada persona, la que nos permite desenmascarar las imágenes falsas de Dios que nos impiden disfrutar de su presencia, la que revela la necesidad de redención para adquirir la verdadera libertad, la que nos invita a acudir con plena confianza a Cristo, en quien está nuestro descanso, y la que nos ayuda a comprender que la llamada del Señor a ser perfectos es llamada a ser misericordiosos como el Padre.

En este marco hemos celebrado la segunda Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, expresión del compromiso común para proteger la vida, respetando el ambiente y la naturaleza. El Papa ha presidido la Santa Misa dentro de la cual ha sido canonizada la Madre Teresa de Calcuta, quien ha sido propuesta como “generosa dispensadora de la misericordia divina”: “Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad”. Francisco ha viajado de nuevo a Asís para la Jornada Mundial de oración por la paz, donde ha vuelto a subrayar el vínculo intrínseco entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz: “Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra”.

El último mes nos ha dejado también encuentros decisivos que han permitido al Papa trazar el perfil de diferentes vocaciones y ministerios en la Iglesia y la sociedad. Así, a los participantes en el Congreso de abades benedictinos, les ha recordado la responsabilidad que por vocación los monjes están llamados a custodiar: mantener vivos los oasis del espíritu donde pastores y fieles puedan beber en las fuentes de la divina misericordia. A los participantes en el Seminario de actualización para obispos en territorios de misión les ha pedido que manifiesten con su vida y ministerio la paternidad de Dios. Palabras parecidas ha dirigido también a los participantes en el Curso de formación para nuevos obispos, ofreciendo recomendaciones para “hacer pastoral la misericordia”: “La mayor riqueza que podéis llevar de Roma al inicio de vuestro ministerio episcopal es la conciencia de la misericordia con la que habéis sido mirados y elegidos”. A los participantes en un encuentro de representantes pontificios les ha pedido realizar su ministerio como humildes enviados y les ha recordado el perfil de los pastores que considera necesarios para la Iglesia de hoy: “testigos del Resucitado y no portadores de curriculum; obispos orantes, familiarizados con las cosas de lo «alto» y no aplastados por el peso de lo que viene desde «abajo»; obispos capaces de entrar «con paciencia» en la presencia de Dios, para poseer así la libertad de no traicionar el Kerygma que se les ha confiado; obispos pastores y no príncipes y funcionarios”. Al Consejo Nacional Italiano de la Orden de los Periodistas ha pedido que el periodismo favorezca la cultura del encuentro, ofreciendo para ello tres consejos: amar la verdad, vivir con profesionalidad y respetar la dignidad humana. A los catequistas, en fin, durante la celebración de su jubileo, les ha pedido que no olviden el centro en torno al cual gira su ministerio: el anuncio pascual, es decir, proclamar con gozo que Cristo ha resucitado.

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