Las balanzas del Señor
Por José Rico Pavés

Se cierra el año litúrgico con la solemnidad de Jesucristo, Rey del universo, Juez de todo y de todos, y el Papa nos recuerda cómo juzga el Señor: no mide según las apariencias de la cantidad, sino escrutando la calidad del corazón. “Las balanzas del Señor son diferentes a las nuestras. Pesa de manera diferente a las personas y sus gestos: Dios no mide la cantidad sino la calidad, escruta el corazón, mira la pureza de las intenciones”. En su primera Encíhttps://www.diocesisgetafe.es/administrator/index.php?option=com_content&view=article&layout=edit#clica, haciendo suya la enseñanza de Benedicto XVI, Francisco afirmaba que creer es “ver como Jesús ve”, “ver con los ojos de Jesús”. Las enseñanzas del Papa en el último mes nos ayudan a comprender cómo podemos mirar con los ojos de Jesús. Así lo descubrimos en las catequesis sobre los mandamientos, en los encuentros ecuménicos e interreligiosos, o en la creación de nuevas iniciativas para sembrar la paz.

Manteniendo la exposición sobre el sentido de los mandamientos, el Papa se ha detenido en el séptimo y el octavo. El séptimo mandamiento (“no robarás”) no sólo recuerda la responsabilidad a la hora de respetar los bienes ajenos, sino también la necesidad de poseer bienes con generosidad, sin convertirse en esclavo de ellos. En cuanto a la octava Palabra (“no dirás falso testimonio ni mentirás”), Francisco ha mostrado la gravedad de la mentira y de las habladurías: los chismorreos matan. “Un chismoso o una chismosa es un terrorista, porque con su lengua lanza la bomba y se va tranquilo, pero lo que dice, esa bomba lanzada, destruye la fama del prójimo”.

El mes de noviembre nos ha dejado una nueva Declaración conjunta de la Iglesia Católica con la Iglesia Asiria de Oriente. A la vez que se anima a seguir profundizando en las diferentes formulaciones teológicas y costumbres diversas, se detiene en la dramática situación que padecen los cristianos perseguidos en Oriente Medio: “compartimos un sufrimiento común” y “estamos convencidos de la necesidad de garantizar los derechos de cada persona”. Prueba de ello es la última iniciativa académica impulsada por el Papa: la creación en la Pontificia Universidad Lateranense de una nueva “especialidad” académica, las “Ciencias de la paz”; un nuevo ciclo de estudios abierto a “todos los que lo deseen para promover una preparación adecuada de artífices de paz actuales y futuros”.

La II Jornada Mundial de los Pobres nos ha ofrecido, en fin, una manera concreta de “mirar como Jesús mira”, para escuchar el grito de los pobres: “Es el propio Cristo quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos. Nos pide que lo reconozcamos en el que tiene hambre y sed, en el extranjero y despojado de su dignidad, en el enfermo y el encarcelado”. Pidamos con el Papa la gracia de escuchar el grito de los que viven en aguas turbulentas: el grito de los pobres.

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