Las enseñanzas del Papa en el último mes encuentran en la solemnidad de Pentecostés una especial orientación. Como en el primer pentecostés de la historia, la Iglesia vuelve cada año a reunirse en torno a la Virgen María, para disponerse a una nueva efusión del Espíritu Santo. Y como cada año, también este, aún celebrando lo mismo, trae siempre dones por estrenar. La Vigilia de oración, celebrada en el Circo Máximo de Roma, ha permitido al Papa dar gracias a Dios por el cincuenta aniversario de la Renovación Carismática Católica, “corriente de gracia del Espíritu”, y traer a la memoria el ejemplo de los mártires del tiempo presente, más numerosos que en la antigüedad, para volver a señalar la tarea que el Espíritu Santo pone a la Iglesia en la actualidad: “Hoy es más urgente que nunca la unidad de los cristianos, unidos por el poder del Espíritu ‎Santo, en la oración y la ‎acción por los más débiles‎. Caminar juntos, trabajar juntos. Amarnos”. El Espíritu Santo hace que los discípulos sean un pueblo nuevo, cuyos miembros reciben un corazón nuevo. A cada uno da un don y a todos reúne en unidad. El pueblo nuevo creado por el Espíritu se caracteriza tanto por la diversidad como por la unidad. Caminar juntos requiere entonces vencer dos tentaciones frecuentes: buscar la diversidad sin unidad, y buscar la unidad sin diversidad. Las intervenciones de Francisco en el mes de junio bien pueden repasarse advirtiendo el equilibrio entre unidad y diversidad, pilares de la comunión que sostiene el compromiso misionero.
En Pentecostés ha querido el Papa hacer público el Mensaje para la próxima jornada mundial de las misiones. En un mundo confundido por tantas ilusiones, herido por grandes frustraciones y desgarrado por numerosas guerras fratricidas, que afectan de forma injusta sobre todo a los inocentes, Francisco nos invita a preguntarnos por el fundamento de la misión, su centro y sus actitudes vitales. En las solemnidades de la Santísima Trinidad, del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, y del Sagrado Corazón de Jesús, el Papa nos ha mostrado la fuente y el culmen de la vida cristiana, principio y fin de la comunión eclesial. “En la fragmentación de la vida, el Señor sale a nuestro encuentro con una fragilidad amorosa que es la Eucaristía”, sacramento de la unidad. En las catequesis de las Audiencias de los miércoles sobre la esperanza, Francisco propone la oración del Padrenuestro como “manantial de esperanza”, la medicina del amor de Dios para vencer la herida del desánimo y la compañía discreta de los santos, cuya existencia nos asegura que la vida cristiana no es un ideal inalcanzable, sino que es posible con la gracia.
Dirigiéndose a la plenaria de la Congregación para el Clero, Francisco ha valorado la nueva Ratio fundamentalis como un documento que ofrece las claves de una formación sacerdotal integral. Con especial preocupación el Papa se ha referido a los sacerdotes jóvenes, dándoles palabras de aliento y pidiendo a los obispos que les muestren paternal cercanía. Tres consejos dirige Francisco a los sacerdotes más jóvenes: orar sin cansarse, caminar siempre y compartir con el corazón. Reconocer el testimonio de dos párrocos, Primo Mazzolari y Lorenzo Milani, ha sido el motivo principal de la intensa visita apostólica a Bozzolo (diócesis de Cremona) y Barbiana (diócesis de Florencia). Para renovar el ardor y la pasión de la acción misionera de la Iglesia, el Papa ha anunciado a los participantes en la asamblea de las Obras Misionales Pontificias la dedicación en otoño del año 2019 de un tiempo extraordinario de oración y reflexión sobre la misión ad gentes, coincidiendo con el centenario de la Carta Apostólica Maximun illud, de Benedicto XV. Con los miembros del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso, Francisco ha reflexionado sobre tres puntos: valorar el papel de la mujer, educar a la fraternidad y dialogar. “En la compleja sociedad actual, caracterizada por pluralidad y globalización, hay necesidad de un mayor reconocimiento de la capacidad de la mujer para educar a la fraternidad universal”. “Ampliar los espacios para una presencia femenina más fuerte” forma parte de la unidad urgente que el Espíritu Santo impulsa en la Iglesia.
 

La peregrinación del Papa a Fátima con motivo del primer centenario de las apariciones de la Virgen María en Cova da Iria llena de luz las enseñanzas de Francisco en el mes dedicado a la Reina del Cielo. Así como en Fátima reconocemos el papel singular de la Virgen Madre, la predilección divina hacia los pequeños y la urgencia de un mensaje para construir la paz, así también las intervenciones del Santo Padre en las últimas semanas han girado en torno a María como Madre de esperanza, la grandeza de ser pequeños en el reconocimiento de la santidad de los pastorcillos Jacinta y Francisco, y la actualidad imperecedera de una llamada a la conversión y a la oración como el camino seguro para alcanzar la paz.


“¡Tenemos una Madre!” ha sido el grito repetido de Francisco al recordar que “Fátima es sobre todo este manto de Luz que nos cubre cuando nos refugiamos bajo la protección de la Virgen Madre para pedirle «muéstranos a Jesús»”. Aferrándonos a Ella como hijos podemos vivir de la esperanza que se apoya en Jesús. Por eso el Papa ha vuelto a pedir durante el Ángelus que recemos el Rosario, como pidió la Virgen a los pequeños pastores.


En la recta final de la cincuentena pascual, la Virgen María, perfecta discípula de su Hijo y Señor, nos ayuda a ser cada día más dóciles al Paráclito para aprender a amarnos como Jesús nos ha amado. Las catequesis sobre la esperanza cristiana, que siguen centrando la atención de las Audiencias de los miércoles, se detienen también en María, invocada como Madre de esperanza. “María ha vivido más de una noche en su camino de madre”. Ella nos enseña la virtud de la espera, experimentamos su maternidad, por eso la amamos como Madre. “No estamos huérfanos”.
La referencia a la Madre también ha estado presente en la Carta a los participantes en la XXXVI Asamblea General del CELAM, recordando el tercer centenario de Nuestra Señora de Aparecida. “Aparecida es toda ella una escuela de discipulado”. La aparición de la imagen de la Virgen hace trescientos años y la experiencia actual de la Consejo Episcopal Latinoamericano ofrecen claves, pequeñas grandes certezas, que renuevan la esperanza en medio de tantas inclemencias.


Junto a María, la “Bella Señora”, este mes de mayo nos ha regalado la canonización de los niños Jacinta y Francisco, pequeños a los ojos del mundo, grandes a los ojos de Dios. En Fátima la Virgen eligió el corazón inocente y la sencillez de tres niños pequeños como depositarios de su mensaje: “Con la canonización de Francisco y Jacinta, he querido proponer a toda la Iglesia su ejemplo de adhesión a Cristo y el testimonio evangélico, y además, he querido proponer a toda la Iglesia el cuidado de los niños”.


Inocencia y sencillez son criterios siempre nuevos a la hora de comunicar el Evangelio de la misericordia a todas las gentes, reto planteado por el Papa a los participantes en la plenaria de la Secretaría para la Comunicación. A la comunidad del Pontificio Colegio Pío Rumano de Roma, Francisco ha pedido custodiar la memoria y cultivar la esperanza. Al igual que a los miembros del Pontificio Colegio Portugués de Roma, a quienes ha deseado que aprendan a saborear a Dios, siguiendo el ejemplo de los pequeños videntes de Fátima.


El mensaje de paz confiado por la Virgen a los pastorcillos es llamada a la oración y a la penitencia para implorar la gracia de la conversión. La paz es tarea que requiere corazones reconciliados con Dios y con los hermanos. En la construcción de la paz importa el trabajo de todos. Como mensajero de paz, el Papa se ha dirigido a los nuevos guardias suizos, a los equipos de fútbol de la Juventus y la Lazio, a los nuevos embajadores que han presentado cartas credenciales, y a otros peregrinos que se han acercado a escuchar sus palabras de aliento. Para todos vale la invitación filial de quien tiene a la Virgen como Madre: “Dejémonos guiar por la luz que viene de Fátima. Que el Corazón Inmaculado de María sea siempre nuestro refugio, nuestra consolación y la vía que nos conduce a Cristo”.

 

Antinomias pascuales

Por José Rico Pavés
-Obispo auxiliar de Getafe



    Afirma Blaise Pascal en uno de sus Pensamientos que “en Jesucristo se concilian todas las contradicciones” (P 241 [257]). En el mes que acoge la primera luna llena de la primavera, cuando los campos verdean y las flores anuncian en los árboles frutos venideros, la celebración de la Pascua nos hace entrar, de manera siempre nueva, en la paradoja (¡misterio!) de la salvación: la muerte, muerta; la derrota de la Cruz es la victoria definitiva sobre el pecado; para rescatar al esclavo, se entrega el Hijo; el Crucificado es el Resucitado. Como si la Liturgia pusiera voz a los acontecimientos, hemos asistido en el último mes a sucesos dramáticos que nos han vuelto a recordar que “muerte y vida lucharon, y la muerte fue vencida”.
    La avalancha de barro que sepultó la ciudad de Mocoa (Colombia), los enfrentamientos armados en la región del Kasai (Congo), las revueltas en Venezuela, los atentados terroristas en El Cairo (Egipto), en Estocolmo (Suecia), en París (Francia), o en Irak, la guerra en Siria y la creciente tensión internacional, hacen siempre necesaria la tarea que el Papa Francisco ha propuesto el miércoles santo, a las puertas de la celebración del Triduo Santo: “A todos nos hará bien detenernos delante del crucifijo, mirarlo y decir: ‘Contigo nada está perdido. Contigo puedo siempre esperar. Tú eres mi esperanza’. Y cuando nos pregunten por nuestra sonrisa donada y por nuestro paciente compartir, entonces podremos responder que Jesús está todavía aquí, que sigue estando vivo entre nosotros, que Jesús está con nosotros, vivo y resucitado”.
    Los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo han llenado las meditaciones y homilías del Papa en el último mes. Desde ellos, ha seguido completando las catequesis sobre la esperanza y se ha invitado con palabras y gestos a ser testigos de Cristo resucitado. Significativa ha sido la visita pastoral a Carpi y Mirandola, poblaciones golpeadas por los terremotos hace cinco años, para testimoniar el afecto y cercanía de la Iglesia a todos los afectados. Palabras de ánimo han recibido los niños del Hospital pediátrico Bambino Gesù de Roma, y los jóvenes que participaron en la vigilia de oración preparatoria de la Jornada Mundial de la Juventud.
    Tres cartas significativas ha firmado el Papa en las últimas semanas: la dirigida al cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los laicos, la familia y la vida, para preparar el IX Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá como tema El evangelio de la familia: alegría para el mundo y se celebrará en Dublín, a finales de agosto de 2018; la enviada al X Forum para el futuro de la agricultura; y la destinada al obispo de Asís, ante la próxima inauguración del Santuario de la Expoliación.
    Intensa ha sido la acogida a grupos variados, como los miembros del Pontificio Colegio Español de San José, de Roma, con motivo del ciento veinticinco aniversario de su fundación, ocasión propicia para recordar a los sacerdotes que completan su formación en las universidades romanas que deben huir siempre de la tentación del carrerismo. A los participantes en el Capítulo General del Orden de Clérigos Regulares Somascos, les ha recordado que el rasgo característico de su carisma es el cuidado de los últimos siguiendo el método pedagógico de su fundador, san Jerónimo Emiliani. A los participantes en un Congreso sobre Lutero 500 años después, les ha exhortado a eliminar prejuicios y “contar la historia de una manera diferente”. De desarrollo humano integral ha hablado con los que han conmemorado el 50 aniversario de la encíclica Populorum Progressio. El Papa también ha saludado a una delegación de líderes musulmanes de Gran Bretaña, invitándoles a realizar el trabajo “de la oreja”, o sea, escucharnos. Las antinomias pascuales nos recuerdan cada año la verdad de las palabras del ya citado Pascal: “Sólo por Jesucristo conocemos la vida y la muerte. Fuera de Jesucristo no sabemos lo que es nuestra vida, ni lo que es nuestra muerte, ni Dios, ni nosotros mismos” (P 396 [417]).


En breve

-Vigilia de oración
El Papa y los jóvenes celebraron una vigilia de oración en la víspera del Domingo de Ramos, preparando la Jornada Mundial de la Juventud

-Cercanía a los afectados
Francisco realizó una visita pastoral a Carpi y a Mirandola, dos lugares golpeados por el terremoto hace cinco años, para mostrar su cercanía y afecto.

-Colegio Español
Cumple 125 años el Colegio Español de San José, en Roma, y el Papa ha recibido en audiencia a los responsables del centro, y a los residentes actuales y anteriores.

-50 aniversario
Una conferencia internacional sobre el desarrollo humano integral ha conmemorado en Roma el aniversario de la encíclica Populorum progressio.


Cuaresma, camino de esperanza
Por José Rico Pavés


    El miércoles de ceniza ha inaugurado a la vez tiempo litúrgico y nuevo mes. Las enseñanzas del Papa en este tiempo encuentran en la Palabra de Dios proclamada en la Liturgia de Cuaresma su hilo conductor, a la vez que permiten seguir aumentando la siembra de esperanza. “El éxodo cuaresmal es el camino en el cual la esperanza misma se forma”. En cuanto virtud, la esperanza, para hacerse fuerte, necesita el ejercicio de colaboración con la gracia. Un ejercicio que encuentra en el camino cuaresmal el campo idóneo de entrenamiento. Se pueden entonces leer las enseñanzas últimas del Papa como propuestas para formar la esperanza, sintetizadas en tres acciones: escucha de la Palabra de Dios, contemplación del rostro de Cristo y reconocimiento de la propia debilidad desde la misericordia divina.
    Ejercicio de escucha encontramos en las meditaciones, homilías y catequesis. Si en las meditaciones previas al Ángelus se nos desglosa el itinerario cuaresmal a partir del evangelio de cada domingo, en las Homilías de las diversas celebraciones litúrgicas Francisco nos ayuda a seguir las huellas de Jesús en el combate espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios, mientras que las catequesis de las Audiencias de los miércoles continúan el ciclo sobre la esperanza.
    El mismo ejercicio de escucha ha propuesto el Papa a los participantes en el Congreso celebrado al cumplirse el cincuenta aniversario de la Instrucción Musicam sacram. Reconociendo sin disimulos que en el encuentro con la modernidad la Liturgia ha sufrido muchos problemas de lenguaje, formas y géneros musicales, Francisco ha invitado a promover una formación musical adecuada para impulsar una renovación, sobre todo cualitativa, de la música sacra y del canto litúrgico.
    Ejercicio de contemplación ha realizado el Papa durante la Semana de Ejercicios, después de la cual ha realizado la visita pastoral a la parroquia romana de Santa Magdalena Canossa, donde ha propuesto contemplar el doble rostro de Cristo: el luminoso y hermoso de la transfiguración, y el afeado a causa de nuestros pecados en la cruz. Esperanza nacida de la contemplación ha sembrado el Papa en la intensa visita pastoral a Milán, donde se ha encontrado con familias, sacerdotes y consagrados, presos, y jóvenes que han recibido el sacramento de la confirmación.
    Ejercicio para reconocer la propia debilidad y fortalecer la esperanza ha sido el encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, donde Francisco ha planteado el tema del progreso de la fe en la vida del sacerdote. Tomando de nuevo Evangelii gaudium como documento programático, el Papa ha descrito el camino sacerdotal de maduración de la fe a partir de tres expresiones (memoria, esperanza y discernimiento del momento presente), explicadas desde cada una de las virtudes teologales y desde la imagen de Simón Pedro, “pasado por la criba”, sobre quien ora Jesús para que conforte a sus hermanos. “Es importante para un sacerdote saber integrar las propias tentaciones y los propios pecados en el ámbito de esta oración de Jesús para que no se debilite nuestra fe, sino que madure y ayude a su vez a reforzar la fe de quienes nos han sido confiados”. A los participantes en el XXVIII curso sobre el fuero interno organizado por la Penitenciaría Apostólica, ha dado tres consejos para llegar a ser buen confesor: ser buen amigo del Buen Pastor; ser hombre del Espíritu, es decir, de discernimiento; y convertir el confesionario en lugar de evangelización, pues la evangelización más auténtica es siempre el encuentro con Dios que es Misericordia. A los voluntarios del “Teléfono Amigo Italia”, en el cincuenta aniversario de la asociación, el Papa ha agradecido el servicio de esperanza llevado a cabo desde el diálogo y la escucha.
    La Virgen María, que nos sostiene siempre con solicitud materna, se nos presenta en este tiempo de Cuaresma como icono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza incondicional a su voluntad. Ella es Madre de esperanza.



EN BREVE

-Cuaresma y esperanza
“El camino en el que se forma la esperanza”: así ha descrito el Papa la Cuaresma en la catequesis del miércoles de ceniza.

-Música litúrgica
Ante un congreso en los 50 años del documento Musicam sacram, el Papa ha subrayado que el sentido de la música sacra es donarnos la gloria de Dios.

-Visita a Milán
El 25 de marzo, Francisco hizo una intensa visita pastoral de un día a la ciudad de Milán.

-Párrocos y sacerdotes
Los párrocos de Roma se reunieron en San Juan de Letrán con el Papa, quien luego destacó en la Penitenciaría Apostólica las cualidades de un buen confesor.


Tenaz siembra de esperanza
Por José Rico Pavés

Una palabra se ha repetido con especial intensidad en las enseñanzas del papa Francisco durante el último mes: esperanza. Las catequesis de las Audiencias de los miércoles, centradas en esta virtud, permiten reconocer el hilo conductor de una actividad llevada a cabo con palabras y hechos que bien puede ser calificada como tenaz siembra de esperanza. Si en las catequesis se ha profundizado en la naturaleza propia de la esperanza, entendida como seguridad de lo que nos aguarda, virtud comunitaria, fundada en el amor divino, que permite vencer cualquier desánimo, las diferentes intervenciones del Santo Padre pueden también recorrerse teniendo en cuenta esos mismos aspectos.
La esperanza, ante todo, es seguridad de lo que nos aguarda, pues en su centro se encuentra la certeza de la fe: Cristo murió por nosotros para que vivamos siempre con Él. Es esa certeza la que permite al Papa dirigirse a católicos y evangélicos, en el encuentro con una Delegación ecuménica de la Comunidad Evangélica en Alemania, o la que le ha llevado, en la Fiesta de la Presentación del Señor a mostrar a las personas consagradas como testigos de la esperanza que no defrauda y a invitar, especialmente en el momento presente, a vencer la “tentación de la supervivencia”. Seguridad esperanzada han recibido los fieles de la parroquia romana de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Castelverde, con motivo de la visita pastoral, en la que el Papa, partiendo de las lecturas bíblicas, ha explicado que la meta de la santidad se alcanza cuando somos misericordiosos como nuestro Padre celestial.
Ahora bien, la seguridad de la esperanza es siempre comunitaria, ya que necesita un cuerpo, en el que los diferentes miembros se sostengan mutuamente. El hogar de la esperanza cristiana es la Iglesia y el soplo que la mantiene siempre viva es el Espíritu Santo. Por eso, a los participantes en el encuentro de Economía de Comunión, organizado por el Movimiento de los Focolares, les ha invitado a seguir cultivando la lógica propia del Evangelio, que consiste en dar sin reservas. Con los participantes en la plenaria de la Congregación para la Educación Católica ha compartido Francisco algunos anhelos: humanizar la educación, acrecentar la cultura del diálogo y sembrar la esperanza. «El hombre no puede vivir sin esperanza y la educación es generadora de esperanza».
Es también propio de la esperanza no defraudar porque su fundamento está en el amor de Dios. La seguridad de que Dios me ama no nos la puede arrebatar nada ni nadie. Esta palabra de esperanza ha sostenido el encuentro con la Comisión Caridad y Salud de la Conferencia Episcopal Italiana, con los participantes en el III Foro de los pueblos indígenas y con la comunidad de la Civiltá Cattolica, a quien Francisco ha invitado a “permanecer en alta mar”, participando de la misión evangelizadora de la Iglesia como una revista verdaderamente “católica”, es decir, como una revista que posee la mirada de Cristo sobre el mundo, y la transmite y testimonia». Con esa mirada el Papa ha vuelto a estrechar los vínculos de afecto con los hermanos judíos, al recibir una Delegación de la Liga Antidifamación y al encontrarse con el rabino Abrahán Skorka.
La esperanza, en fin, es antídoto contra la desilusión y el desánimo, como ha recordado a los participantes en el foro internacional sobre migraciones y paz, a quienes Francisco ha entregado cuatro palabras para construir esperanza: acoger, proteger, promover e integrar. Al igual que en la visita a la Universidad Roma Tres, donde ha animado a profesores y estudiantes a vivir la Universidad como ambiente de verdadero diálogo y ha pedido a los jóvenes que nadie les quite la esperanza. Hasta el deporte, imagen de la vida y de la sociedad, es ocasión para cultivar la esperanza. Así lo ha recordado en la audiencia concedida a una Delegación de Special Olympics International y a una representación del equipo español de fútbol Villarreal CF.

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