Antinomias pascuales

Por José Rico Pavés
-Obispo auxiliar de Getafe



    Afirma Blaise Pascal en uno de sus Pensamientos que “en Jesucristo se concilian todas las contradicciones” (P 241 [257]). En el mes que acoge la primera luna llena de la primavera, cuando los campos verdean y las flores anuncian en los árboles frutos venideros, la celebración de la Pascua nos hace entrar, de manera siempre nueva, en la paradoja (¡misterio!) de la salvación: la muerte, muerta; la derrota de la Cruz es la victoria definitiva sobre el pecado; para rescatar al esclavo, se entrega el Hijo; el Crucificado es el Resucitado. Como si la Liturgia pusiera voz a los acontecimientos, hemos asistido en el último mes a sucesos dramáticos que nos han vuelto a recordar que “muerte y vida lucharon, y la muerte fue vencida”.
    La avalancha de barro que sepultó la ciudad de Mocoa (Colombia), los enfrentamientos armados en la región del Kasai (Congo), las revueltas en Venezuela, los atentados terroristas en El Cairo (Egipto), en Estocolmo (Suecia), en París (Francia), o en Irak, la guerra en Siria y la creciente tensión internacional, hacen siempre necesaria la tarea que el Papa Francisco ha propuesto el miércoles santo, a las puertas de la celebración del Triduo Santo: “A todos nos hará bien detenernos delante del crucifijo, mirarlo y decir: ‘Contigo nada está perdido. Contigo puedo siempre esperar. Tú eres mi esperanza’. Y cuando nos pregunten por nuestra sonrisa donada y por nuestro paciente compartir, entonces podremos responder que Jesús está todavía aquí, que sigue estando vivo entre nosotros, que Jesús está con nosotros, vivo y resucitado”.
    Los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo han llenado las meditaciones y homilías del Papa en el último mes. Desde ellos, ha seguido completando las catequesis sobre la esperanza y se ha invitado con palabras y gestos a ser testigos de Cristo resucitado. Significativa ha sido la visita pastoral a Carpi y Mirandola, poblaciones golpeadas por los terremotos hace cinco años, para testimoniar el afecto y cercanía de la Iglesia a todos los afectados. Palabras de ánimo han recibido los niños del Hospital pediátrico Bambino Gesù de Roma, y los jóvenes que participaron en la vigilia de oración preparatoria de la Jornada Mundial de la Juventud.
    Tres cartas significativas ha firmado el Papa en las últimas semanas: la dirigida al cardenal Kevin Farrell, Prefecto del Dicasterio para los laicos, la familia y la vida, para preparar el IX Encuentro Mundial de las Familias, que tendrá como tema El evangelio de la familia: alegría para el mundo y se celebrará en Dublín, a finales de agosto de 2018; la enviada al X Forum para el futuro de la agricultura; y la destinada al obispo de Asís, ante la próxima inauguración del Santuario de la Expoliación.
    Intensa ha sido la acogida a grupos variados, como los miembros del Pontificio Colegio Español de San José, de Roma, con motivo del ciento veinticinco aniversario de su fundación, ocasión propicia para recordar a los sacerdotes que completan su formación en las universidades romanas que deben huir siempre de la tentación del carrerismo. A los participantes en el Capítulo General del Orden de Clérigos Regulares Somascos, les ha recordado que el rasgo característico de su carisma es el cuidado de los últimos siguiendo el método pedagógico de su fundador, san Jerónimo Emiliani. A los participantes en un Congreso sobre Lutero 500 años después, les ha exhortado a eliminar prejuicios y “contar la historia de una manera diferente”. De desarrollo humano integral ha hablado con los que han conmemorado el 50 aniversario de la encíclica Populorum Progressio. El Papa también ha saludado a una delegación de líderes musulmanes de Gran Bretaña, invitándoles a realizar el trabajo “de la oreja”, o sea, escucharnos. Las antinomias pascuales nos recuerdan cada año la verdad de las palabras del ya citado Pascal: “Sólo por Jesucristo conocemos la vida y la muerte. Fuera de Jesucristo no sabemos lo que es nuestra vida, ni lo que es nuestra muerte, ni Dios, ni nosotros mismos” (P 396 [417]).


En breve

-Vigilia de oración
El Papa y los jóvenes celebraron una vigilia de oración en la víspera del Domingo de Ramos, preparando la Jornada Mundial de la Juventud

-Cercanía a los afectados
Francisco realizó una visita pastoral a Carpi y a Mirandola, dos lugares golpeados por el terremoto hace cinco años, para mostrar su cercanía y afecto.

-Colegio Español
Cumple 125 años el Colegio Español de San José, en Roma, y el Papa ha recibido en audiencia a los responsables del centro, y a los residentes actuales y anteriores.

-50 aniversario
Una conferencia internacional sobre el desarrollo humano integral ha conmemorado en Roma el aniversario de la encíclica Populorum progressio.


Cuaresma, camino de esperanza
Por José Rico Pavés


    El miércoles de ceniza ha inaugurado a la vez tiempo litúrgico y nuevo mes. Las enseñanzas del Papa en este tiempo encuentran en la Palabra de Dios proclamada en la Liturgia de Cuaresma su hilo conductor, a la vez que permiten seguir aumentando la siembra de esperanza. “El éxodo cuaresmal es el camino en el cual la esperanza misma se forma”. En cuanto virtud, la esperanza, para hacerse fuerte, necesita el ejercicio de colaboración con la gracia. Un ejercicio que encuentra en el camino cuaresmal el campo idóneo de entrenamiento. Se pueden entonces leer las enseñanzas últimas del Papa como propuestas para formar la esperanza, sintetizadas en tres acciones: escucha de la Palabra de Dios, contemplación del rostro de Cristo y reconocimiento de la propia debilidad desde la misericordia divina.
    Ejercicio de escucha encontramos en las meditaciones, homilías y catequesis. Si en las meditaciones previas al Ángelus se nos desglosa el itinerario cuaresmal a partir del evangelio de cada domingo, en las Homilías de las diversas celebraciones litúrgicas Francisco nos ayuda a seguir las huellas de Jesús en el combate espiritual contra el maligno con la fuerza de la Palabra de Dios, mientras que las catequesis de las Audiencias de los miércoles continúan el ciclo sobre la esperanza.
    El mismo ejercicio de escucha ha propuesto el Papa a los participantes en el Congreso celebrado al cumplirse el cincuenta aniversario de la Instrucción Musicam sacram. Reconociendo sin disimulos que en el encuentro con la modernidad la Liturgia ha sufrido muchos problemas de lenguaje, formas y géneros musicales, Francisco ha invitado a promover una formación musical adecuada para impulsar una renovación, sobre todo cualitativa, de la música sacra y del canto litúrgico.
    Ejercicio de contemplación ha realizado el Papa durante la Semana de Ejercicios, después de la cual ha realizado la visita pastoral a la parroquia romana de Santa Magdalena Canossa, donde ha propuesto contemplar el doble rostro de Cristo: el luminoso y hermoso de la transfiguración, y el afeado a causa de nuestros pecados en la cruz. Esperanza nacida de la contemplación ha sembrado el Papa en la intensa visita pastoral a Milán, donde se ha encontrado con familias, sacerdotes y consagrados, presos, y jóvenes que han recibido el sacramento de la confirmación.
    Ejercicio para reconocer la propia debilidad y fortalecer la esperanza ha sido el encuentro con los párrocos de la diócesis de Roma, donde Francisco ha planteado el tema del progreso de la fe en la vida del sacerdote. Tomando de nuevo Evangelii gaudium como documento programático, el Papa ha descrito el camino sacerdotal de maduración de la fe a partir de tres expresiones (memoria, esperanza y discernimiento del momento presente), explicadas desde cada una de las virtudes teologales y desde la imagen de Simón Pedro, “pasado por la criba”, sobre quien ora Jesús para que conforte a sus hermanos. “Es importante para un sacerdote saber integrar las propias tentaciones y los propios pecados en el ámbito de esta oración de Jesús para que no se debilite nuestra fe, sino que madure y ayude a su vez a reforzar la fe de quienes nos han sido confiados”. A los participantes en el XXVIII curso sobre el fuero interno organizado por la Penitenciaría Apostólica, ha dado tres consejos para llegar a ser buen confesor: ser buen amigo del Buen Pastor; ser hombre del Espíritu, es decir, de discernimiento; y convertir el confesionario en lugar de evangelización, pues la evangelización más auténtica es siempre el encuentro con Dios que es Misericordia. A los voluntarios del “Teléfono Amigo Italia”, en el cincuenta aniversario de la asociación, el Papa ha agradecido el servicio de esperanza llevado a cabo desde el diálogo y la escucha.
    La Virgen María, que nos sostiene siempre con solicitud materna, se nos presenta en este tiempo de Cuaresma como icono perfecto de la obediencia a Dios y de la confianza incondicional a su voluntad. Ella es Madre de esperanza.



EN BREVE

-Cuaresma y esperanza
“El camino en el que se forma la esperanza”: así ha descrito el Papa la Cuaresma en la catequesis del miércoles de ceniza.

-Música litúrgica
Ante un congreso en los 50 años del documento Musicam sacram, el Papa ha subrayado que el sentido de la música sacra es donarnos la gloria de Dios.

-Visita a Milán
El 25 de marzo, Francisco hizo una intensa visita pastoral de un día a la ciudad de Milán.

-Párrocos y sacerdotes
Los párrocos de Roma se reunieron en San Juan de Letrán con el Papa, quien luego destacó en la Penitenciaría Apostólica las cualidades de un buen confesor.


Tenaz siembra de esperanza
Por José Rico Pavés

Una palabra se ha repetido con especial intensidad en las enseñanzas del papa Francisco durante el último mes: esperanza. Las catequesis de las Audiencias de los miércoles, centradas en esta virtud, permiten reconocer el hilo conductor de una actividad llevada a cabo con palabras y hechos que bien puede ser calificada como tenaz siembra de esperanza. Si en las catequesis se ha profundizado en la naturaleza propia de la esperanza, entendida como seguridad de lo que nos aguarda, virtud comunitaria, fundada en el amor divino, que permite vencer cualquier desánimo, las diferentes intervenciones del Santo Padre pueden también recorrerse teniendo en cuenta esos mismos aspectos.
La esperanza, ante todo, es seguridad de lo que nos aguarda, pues en su centro se encuentra la certeza de la fe: Cristo murió por nosotros para que vivamos siempre con Él. Es esa certeza la que permite al Papa dirigirse a católicos y evangélicos, en el encuentro con una Delegación ecuménica de la Comunidad Evangélica en Alemania, o la que le ha llevado, en la Fiesta de la Presentación del Señor a mostrar a las personas consagradas como testigos de la esperanza que no defrauda y a invitar, especialmente en el momento presente, a vencer la “tentación de la supervivencia”. Seguridad esperanzada han recibido los fieles de la parroquia romana de Santa María Josefa del Corazón de Jesús, en Castelverde, con motivo de la visita pastoral, en la que el Papa, partiendo de las lecturas bíblicas, ha explicado que la meta de la santidad se alcanza cuando somos misericordiosos como nuestro Padre celestial.
Ahora bien, la seguridad de la esperanza es siempre comunitaria, ya que necesita un cuerpo, en el que los diferentes miembros se sostengan mutuamente. El hogar de la esperanza cristiana es la Iglesia y el soplo que la mantiene siempre viva es el Espíritu Santo. Por eso, a los participantes en el encuentro de Economía de Comunión, organizado por el Movimiento de los Focolares, les ha invitado a seguir cultivando la lógica propia del Evangelio, que consiste en dar sin reservas. Con los participantes en la plenaria de la Congregación para la Educación Católica ha compartido Francisco algunos anhelos: humanizar la educación, acrecentar la cultura del diálogo y sembrar la esperanza. «El hombre no puede vivir sin esperanza y la educación es generadora de esperanza».
Es también propio de la esperanza no defraudar porque su fundamento está en el amor de Dios. La seguridad de que Dios me ama no nos la puede arrebatar nada ni nadie. Esta palabra de esperanza ha sostenido el encuentro con la Comisión Caridad y Salud de la Conferencia Episcopal Italiana, con los participantes en el III Foro de los pueblos indígenas y con la comunidad de la Civiltá Cattolica, a quien Francisco ha invitado a “permanecer en alta mar”, participando de la misión evangelizadora de la Iglesia como una revista verdaderamente “católica”, es decir, como una revista que posee la mirada de Cristo sobre el mundo, y la transmite y testimonia». Con esa mirada el Papa ha vuelto a estrechar los vínculos de afecto con los hermanos judíos, al recibir una Delegación de la Liga Antidifamación y al encontrarse con el rabino Abrahán Skorka.
La esperanza, en fin, es antídoto contra la desilusión y el desánimo, como ha recordado a los participantes en el foro internacional sobre migraciones y paz, a quienes Francisco ha entregado cuatro palabras para construir esperanza: acoger, proteger, promover e integrar. Al igual que en la visita a la Universidad Roma Tres, donde ha animado a profesores y estudiantes a vivir la Universidad como ambiente de verdadero diálogo y ha pedido a los jóvenes que nadie les quite la esperanza. Hasta el deporte, imagen de la vida y de la sociedad, es ocasión para cultivar la esperanza. Así lo ha recordado en la audiencia concedida a una Delegación de Special Olympics International y a una representación del equipo español de fútbol Villarreal CF.

El cambio de año nos ha traído un renovado acento en las enseñanzas del Papa sobre la importancia de la vocación cristiana que, teniendo su raíz en el bautismo, se concreta en diferentes estados de vida dentro de la Iglesia. Si el año 2016 concluía con la publicación de la esperada nueva Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis, titulada “El Don de la vocación presbiteral”, actualizando las directrices para la formación de los futuros presbíteros, el año 2017 ha comenzado con la aparición del documento preparatorio de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos que, en octubre de 2018, se ocupará del tema “Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional”. Con este motivo, Francisco ha dirigido una Carta a los jóvenes, invitándoles a escuchar la llamada de Dios y a responder con generosidad siguiendo el ejemplo de la Virgen María. Las intervenciones del Papa en el último mes bien pueden recorrerse advirtiendo la urgencia vocacional que vive la Iglesia en el momento presente.

El tiempo litúrgico de Navidad ha sido ocasión propicia para participar en los misterios de la infancia de Cristo, desde su nacimiento hasta su manifestación a todos los pueblos. Trayendo a la memoria la matanza de los Santos Inocentes, Francisco ha dirigido una  Carta a los obispos para recordar que la Navidad vino acompañada del llanto. Un llanto que se sigue escuchando ante tantas situaciones dramáticas que hieren de forma dolorosísima en nuestro tiempo a muchos niños. Como san  José, el primer invitado a custodiar la alegría de la Salvación, se pide a los pastores que hagan frente a los Herodes de hoy y protejan con todo empeño la inocencia de los más pequeños. Toda vocación en la Iglesia, teniendo su origen en el bautismo, es desarrollo del don inmerecido de la filiación. Al celebrar la Fiesta del Bautismo del Señor y administrar el bautismo a un grupo numeroso de niños, el Papa ha invitado a padres y padrinos a acompañar a sus hijos en la vida de fe que han pedido para ellos. Ha recordado también, al escuchar el concierto de los niños llorando, que “la primera predicación de Jesús en el establo fue un llanto”.

Poco después, dirigiéndose a un grupo de jóvenes recientemente confirmados, ha afirmado que la Confirmación no es “el sacramento del adiós” sino un punto de partida en la vida cristiana. Las catequesis de las Audiencias de los miércoles  continúan ampliando la exposición sobre la esperanza, recurriendo al ejemplo bíblico de Raquel, en quien encontramos un modelo de esperanza vivida en el llanto, advirtiendo  del peligro de caer atrapados en los ídolos que el mundo ofrece a nuestra esperan- za, y aprendiendo del profeta Jonás a sostener la esperanza con la oración.


En clave vocacional puede también ser leído el discurso del Papa con ocasión de las felicitaciones del cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, dedicado al tema de la seguridad y de la paz, “porque en el clima general de preocupación por el presente y de incertidumbre y angustia por el futuro, en el que nos encontramos inmersos, considero importante dirigir una palabra de esperanza, que nos señale también un posible camino para recorrer”. Trabajar por la paz supone reconocer la dignidad trascendente del ser humano, fundamento de la vida entendida como vocación. “La paz es un don, un desafío y un compromiso. Un don porque brota del corazón de Dios; un desafío, porque es un bien que no se da nunca por descontado y debe ser conquistado continuamente; un compromiso, ya que requiere el trabajo apasionado de toda persona de buena voluntad para buscarla y construirla”.


En el marco de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, el encuentro con la Delegación ecuménica de Finlandia, ha permitido a Francisco recordar que el diálogo teológico sigue siendo esencial para superar la división entre los cristianos. El verdadero ecumenismo se apoya en la conversión común a Jesucristo, como Nuestro Señor y Redentor.¿No es acaso la conversión la primera etapa de toda vocación?

El Corazón de Cristo, puerta de la misericordia siempre abierta

Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar

El Año Santo de la Misericordia ha llegado a su fin. Con palabras solemnes, el Papa Francisco oraba en nombre de toda la Iglesia antes de cerrar la Puerta Santa de la basílica de san Pedro, en el Vaticano: “Agradecidos por los dones de gracia recibidos y animados a testimoniar, con palabras y obras, la ternura de tu amor misericordioso, cerramos la Puerta Santa”. A continuación recordaba que existe una puerta que nunca se cierra: “El Espíritu Santificador renueva nuestra esperanza en Cristo Salvador, puerta siempre abierta a quien te busca con sincero corazón”. Las enseñanzas del Papa en el último mes se pueden presentar teniendo en cuenta ese doble movimiento: el que ha llevado a la conclusión del año santo y el que ha declarado siempre abierta la puerta de la misericordia divina.
    Al primer movimiento pertenecen el Jubileo de los presos, a quienes ha transmitido un mensaje de esperanza fundada en la libertad verdadera, y el Jubileo de las personas excluidas socialmente, que ha permitido escuchar al Papa pedir, una vez más, perdón: “Les agradezco los testimonios, y les pido perdón si alguna vez los ofendí por mi palabra o por no haber dicho las cosas que debía decir. Les pido perdón por todas las veces que los cristianos delante de una persona pobre o de una situación pobre, miramos para otro lado”. A este movimiento pertenecen también la celebración de Todos los Santos, en el viaje apostólico a Suecia, la conmemoración de los fieles difuntos o el Consistorio para la creación de los nuevos cardenales. A estos más directos colaboradores, el Papa les ha recordado que para dar forma tangible al camino del discípulo deben recorrer las cuatro etapas de la mistagogía de la misericordia: amar, hacer el bien, bendecir y rogar.
    Al segundo movimiento, que declara siempre abierta la puerta de la misericordia, pertenecen encuentros con peregrinos variados, como los mantenidos con miembros de diferentes religiones, con la familia Habsburgo, con los participantes en el Encuentro Mundial de Movimientos Populares, con los participantes en un encuentro sobre la trata de seres humanos, con la selección de fútbol de Alemania o con la Plenaria del Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Las Audiencias de los miércoles y las jubilares de los sábados han continuado la explicación sobre las obras de misericordia, incluso después de la clausura del año santo.
    La Carta Apostólica Misericordia et misera, firmada simbólicamente al terminar la Misa de la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo con la que concluía el año santo, aparece como invitación a convertir la misericordia en el centro de la vida de la Iglesia: “La misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre”. Para seguir viviendo con fidelidad, alegría y entusiasmo la riqueza del año jubilar propone el Papa celebrar la misericordia, atendiendo a la súplica de la Iglesia, sobre todo, en la celebración eucarística; recuperando la centralidad del Sacramento de la Reconciliación, con ampliación de la facultad concedida a todos los sacerdotes para absolver a quienes hayan procurado el pecado del aborto; consolando a todos cuantos se sienten probados por el sufrimiento, el dolor, o la soledad; cuidando a las familias; acompañando en la muerte; realizando signos concretos de misericordia; dejando paso a la fantasía de la misericordia para dar vida a nuevas iniciativas, fruto de la gracia. El Año Santo llega a su fin, pero no la misericordia: “Porque, aunque se cierra la Puerta santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Corazón de Cristo. Del costado traspasado del Resucitado brota hasta el fin de los tiempos la misericordia, la consolación y la esperanza”.

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