En el último mes hemos recibido del Papa Francisco un nuevo documento muy representativo de su modo de responder, como Sucesor de Pedro, a los desafíos del momento presente. Se trata de la Carta Apostólica, en forma de Motu proprio, titulada Como una madre amorosa, un pequeño texto de carácter normativo que explicita aún más los cánones del Código de Derecho Canónico en los que se regulan los “motivos graves” que pueden llevar a la remoción de los obispos diocesanos, eparcas y los asimilados a estos por el derecho.

Con este documento, el Papa precisa que entre las causas graves se encuentra la negligencia de los obispos en el cumplimiento de su oficio, en concreto en lo relativo a los casos de abusos a menores. El amor que la Iglesia profesa a todos sus hijos, como el de una madre amorosa, se traduce en cuidado y atención especiales hacia los más pequeños e indefensos. La negligencia en la defensa de los desvalidos, como son los niños que han sufrido el horror de los abusos, daña mortalmente el amor de madre y provoca en muchos casos heridas incurables. La firmeza ante la negligencia es exigencia del amor materno y escuela eficaz de prevención. En este Año santo extraordinario, con esta Carta Apostólica, el Papa nos vuelve a mostrar que la misericordia es el entrañable amor materno, que se conmueve ante la fragilidad de su creatura recién nacida y la abraza, supliendo todo lo que le falta para que pueda vivir y crecer. Bajo la perspectiva del amor materno, bien se pueden repasar otras intervenciones del Papa Francisco en las últimas semanas.

Como madre amorosa, continúa el Papa comentando pasajes evangélicos en las catequesis de las Audiencias de los miércoles y de los sábados, para introducirnos en el misterio insondable de la misericordia divina. A través de algunas parábolas de la misericordia se nos ha enseñado la actitud correcta para rezar e invocar la misericordia del Padre. También mediante los milagros, entendidos como signos, Jesucristo nos revela el amor de Dios, como en las bodas de Caná o en la curación del ciego que estaba junto al camino o del leproso que suplicante se acercó a Él. “Jesús nunca permanece indiferente a la oración hecha con humildad y con confianza, rechaza todos los prejuicios humanos, y se muestra cercano, enseñándonos que tampoco nosotros tenemos que tener miedo de acercarnos y tocar al pobre y al excluido, porque en ellos está el mismo Cristo”.

Con la paciente actitud de una madre amorosa, se ha sentado el Papa ante los sacerdotes reunidos para celebrar su Jubileo en este Año Santo y les ha dirigido tres meditaciones dentro del Retiro espiritual organizado con esta ocasión. Mostrando el camino que media entre la distancia y la fiesta, Francisco ha meditado primero sobre la “dignidad avergonzada” y la “vergüenza dignificada”, que es el fruto de la misericordia. Ha meditado después sobre el “receptáculo de la misericordia” que es nuestro pecado y ha presentado a María como recipiente y fuente de misericordia. En la última meditación, ha propuesto centrarse en las obras de misericordia, bajo el título “El buen olor de Cristo y la luz de su misericordia”. El retiro sacerdotal, predicado en la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, ha sido ocasión preciosa para aconsejarnos que volvamos a leer la Encíclica Haurietis aquas de Pío XII y recordarnos que el centro de la misericordia es el Corazón de Cristo y que “el corazón que Dios une a esa miseria moral nuestra es el corazón de Cristo, su Hijo amado, que late como un solo corazón con el del Padre y el del Espíritu”.

Ejercicio de madre amorosa hemos encontrado, en fin, en el Jubileo de los enfermos y personas discapacitadas, en las audiencias variadas y en el viaje apostólico a Armenia, la tierra de Noé, donde la pequeña comunidad católica y la Iglesia Apostólica Armenia, un siglo después del genocidio de 1915, reciben el abrazo materno del Papa, que quiere con sus palabras y gestos, mostrar la especial solicitud hacia los más desvalidos.

“Como madre amorosa”
Es el título del documento en el que el Papa ha fijado las causas de remoción de obispos debido a negligencia en el cumplimiento de su oficio, en concreto en casos de abusos a menores.

Retiro para sacerdotes
Tres meditaciones predicó el Papa a los sacerdotes en tres basílicas papales en Roma, en un retiro durante el Jubileo.

Viaje apostólico a Armenia
Los católicos, los cristianos y todos los armenios han recibido el abrazo materno de Francisco, durante el viaje apostólico a su país.

Celebraciones jubilares
Se ha celebrado el jubileo de los enfermos y las personas discapacitadas.

Al encuentro de las heridas del hombre
Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

De manos del papa Francisco hemos avanzado por el camino del tiempo pascual para encontrarnos con el rostro de Cristo Buen Pastor y celebrar el misterio de su Ascensión y la efusión renovada del Espíritu Santo en Pentecostés. El desenlace de la Pascua ha guiado la predicación del Papa en el marco litúrgico y en las meditaciones previas al canto del Regina coeli, con dos acentos especiales en este año: misión y misericordia.

El secreto de la misión de la Iglesia es la presencia entre nosotros del Señor resucitado, que con el don del Espíritu continúa abriendo nuestra mente y nuestro corazón, para anunciar su misericordia también en los ambientes más refractarios de nuestras ciudades. Al recordar la 50º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Francisco ha dirigido a los comunicadores un deseo hecho petición: "que nuestro modo de comunicar en la Iglesia tenga siempre un claro estilo evangélico, un estilo que una la verdad y la misericordia".

El Espíritu Santo, según la promesa de Cristo, nos enseña todo, es decir, que lo indispensable es amar como Dios. Según esto, el Papa continúa las catequesis de los miércoles y los sábados desarrollando la misericordia. Se ha detenido en la reconciliación y en sus ministros, los confesores. Con palabras enérgicas, se nos ha recordado dónde reside el estilo del actuar de Dios: "Estamos todos avisados: la misericordia hacia los pecadores es el estilo con el cual obra Dios y a esa misericordia Él es muy fiel: nada ni nadie podrá apartarlo de su voluntad de salvación". Hemos meditado con el Papa algunas parábolas evangélicas de la misericordia y, desde el sentido común custodiado por la gracia, se nos ha invitado a no confundir la piedad, que es una manifestación de la misericordia, con la compasión que a veces expresamos hacia los animales.

Con entrañas de misericordia, Francisco ha invitado a coptos y católicos a dar testimonio en aquello que podemos defender unidos, como la sacralidad y la dignidad de toda vida humana, la santidad del matrimonio y de la vida familiar, el respeto de la creación que Dios nos ha confiado. Invitaciones al diálogo y al trabajo en común se han repetido en los discursos dirigidos a diferentes grupos de personas, pertenecientes a asociaciones eclesiales o a organismos civiles, como el Capítulo General de los Mercedarios, el Royal Institute for interfaith studies, "Médicos con África CUAMM", el Círculo San Pedro, la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice, nuevos embajadores, reclutas de la Guardia Suiza o directivos y entrenadores de los equipos de fútbol de Juventus y Milán.

Entre las enseñanzas del Papa hay tres destacadas. En primer lugar, la vigilia de oración “Para secar las lágrimas”, celebrada en el marco del Año de la misericordia: "Si Dios ha llorado, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende. El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos".

En segundo lugar destaca el discurso del Papa al recibir el premio Carlomagno, llamada a la conciencia de Europa para que alumbre un nuevo humanismo. La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, impulsando su misión: "El anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima".

En tercer lugar, el discurso dirigido a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana ha servido para dibujar los rasgos del sacerdote de nuestro tiempo, constituido por una triple pertenencia: al Señor, a la Iglesia y al Reino. Llamado a servir al Pueblo de Dios en la fraternidad de su presbiterio, no debe olvidar el sacerdote que "la comunión es realmente uno de los nombres de la Misericordia".

En pocos trazos
José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

La lógica de la misericordia pastoral

Con la celebración de la Pascua nos hemos detenido junto al Papa Francisco ante la tumba vacía de Jesús, con estupor y gratitud el gran misterio de la resurrección del Señor. En este Año jubilar descubrimos con que el misterio pascual de Cristo, su pasión, muerte y resurrección, es la revelación plena de la misericordia que actúa en la historia.

El bálsamo de la misericordia se sigue derramando en las palabras y gestos del Papa, marcados ahora por el gozo de la Pascua. Las meditaciones previas al rezo del Ángelus, las homilías de las grandes celebraciones litúrgicas y algunas de las Audiencias jubilares de los sábados proyectan con fuerza la noticia que nunca envejece: “¡Cristo ha resucitado! ¡La misericordia y el amor han vencido sobre el pecado!”. Mención especial merece la vigilia de oración en la noche previa al Domingo de la Divina Misericordia, corazón de todo el Año jubilar, en la que Francisco ha manifestado: “Qué bello sería, que como un recuerdo, digamos, un ‘monumento’ de este Año de la Misericordia, haya en cada diócesis una obra estructural de misericordia: un hospital, una casa para ancianos, para niños abandonados, una escuela donde no haya, una casa para recuperar los toxicómanos…”.

Las Audiencias generales de los miércoles se siguen centrando en el tema de la misericordia. Comenta Francisco el salmo 51 para buscar el perdón, confesar la propia culpa y celebrar la santidad de Dios. Completadas las catequesis sobre la misericordia divina en el Antiguo Testamento, la enseñanza se dirige ahora a Jesucristo, quien lleva la misericordia a plenitud. La vocación de san Mateo, nos recuerda que “la Iglesia no es una comunidad de perfectos, sino de discípulos en camino, que siguen al Señor porque se reconocen pecadores y necesitados de su perdón”. La actitud de la pecadora que, en casa de Simón, lava los pies de Jesús con sus propias lágrimas “nos enseña la relación entre fe, amor y agradecimiento. Le han sido perdonados muchos pecados y por esto ama mucho”.

Los Discursos buscan trazar puentes, unas veces para superar los obstáculos de la división, como el dirigido a una Delegación del Consejo metodista mundial, tras la apertura la Oficina ecuménica metodista en Roma; otras, para ayudar a expandir el abrazo misericordioso del Padre, como el dirigido a una delegación de la Papal Foundation; otras para recordar el testimonio de los mártires y exhortar a vivir en fidelidad la vocación sacerdotal confiando en la protección amorosa de la Virgen María, como el dirigido a la comunidad del Pontificio Colegio escocés de Roma; otras, para mover los corazones a socorrer a quienes padecen situaciones de especial fragilidad, como el transmitido a los participantes en un Congreso de Cáritas de las diócesis italianas.

Bien sabemos que para el Papa, tan importantes o más que las palabras son los gestos. El comienzo de la Pascua nos ha dejado algunos muy significativos, como la oración por los cristianos que celebraban la Pascua en Pakistán y murieron en un atentado; o por los que sufren las consecuencias de la violencia en Ucrania; o por todas las personas secuestradas en zona de conflicto armado, las víctimas del terremoto de Ecuador y por los que padecen el drama del desempleo. Sin embargo, entre todos los gestos, el viaje a la isla griega de Lesbos constituye una lección viva de misericordia encarnada. En el encuentro con los refugiados Francisco ha llorado con los que lloran, ha rezado por las víctimas de las migraciones y ha unido sus manos con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla para tenderlas unidas a todos los que sufren la tragedia de la emigración y del desplazamiento.

La esperada Exhortación Apostólica Amoris Laetitia sobre el amor en la familia, presentada por Francisco en continuidad con el Magisterio precedente, nos invita ante todo a ejercitar la lógica de la misericordia pastoral. ¿Acaso no es esto lo que el mismo Papa lleva a cabo con sus gestos y palabras?

En breve

-Vigilia Divina Misericordia
La noche anterior al Domingo de la Divina Misericordia se celebró un Vigilia, en la plaza de San Pedro.

-Con los migrantes en Lesbos
El 16 de abril Francisco acudió a visitar la isla griega de Lesbos, y recordó que “todos somos migrantes”.

-Exhortación apostólica
Firmada el 19 de marzo, la exhortación apostólica “La alegría del amor” publicada el 8 de abril está impregnada de la lógica de la misericordia pastoral.

-Audiencias
Las audiencias generales de los miércoles, y las especiales por el jubileo, siguen siendo ocasión de desarrollar aspectos del tema de la misericordia.

Por José Rico Pavés
-Obispo auxiliar de Getafe

La cuaresma del Año jubilar ha sido propuesta por Francisco como un tiempo favorable para salir de nuestro vacío existencial mediante la escucha de la Palabra de Dios y las obras de misericordia. Las enseñanzas del Papa en las últimas semanas del periodo cuaresmal bien pueden ser ordenadas atendiendo a esa doble orientación.
La Palabra de Dios ha seguido orientando las meditaciones previas al rezo del Ángelus, las audiencias de los miércoles y de los sábados, y las homilías de las grandes celebraciones litúrgicas. Llamando a la conversión, se nos ha invitado a pensar en la invencible paciencia de Jesús: “¿Habéis pensado en la paciencia de Dios? ¿Habéis pensado también en su obstinada preocupación por los pecadores? Nunca es demasiado tarde para convertirse, ¡nunca! Hasta el último momento: la paciencia de Dios nos espera”.
Se nos ha invitado también a dejarnos alcanzar por la mirada llena de amor de nuestro Padre, para volvernos a Él con todo el corazón, rechazando cualquier compromiso con el pecado. Ha vuelto el Papa a profundizar en el gesto del lavatorio de los pies, mostrando que con él Cristo nos enseña que el amor consiste en el servicio concreto y en la confesión mutua de nuestros pecados para sabernos perdonar de corazón. “Ser misericordiosos como el Padre, significa seguir a Jesús en el camino del servicio”.
Un nombre concreto del servicio es el episcopado, como ha recordado el Santo Padre en la ordenación de dos obispos durante la solemnidad de san José. A los nuevos obispos les ha pedido amar con amor de padre y de hermano a los que Dios les confía, especialmente a sus colaboradores más cercanos, los presbíteros y los diáconos: “Dan ganas de llorar cuando escuchas que un presbítero ha pedido hablar con su obispo y la secretaria o el secretario le ha dicho: ‘Tiene que hacer tantas cosas, que antes de tres meses no te podrá recibir’. El primer prójimo del obispo es su presbítero”.
En la celebración penitencial de la jornada “24 horas para el Señor”, Francisco nos ha pedido reconocer que todos, somos mendigos del amor de Dios, y ha llamado a los pastores a escuchar el grito, quizás escondido, de cuantos desean encontrar al Señor: “Estamos obligados a revisar esos comportamientos que a veces no ayudan a los demás a acercarse a Jesús; los horarios y los programas que no salen al encuentro de las necesidades reales de los que podrían acercarse al confesionario; las reglas humanas, si valen más que el deseo de perdón; nuestra rigidez, que puede alejar la ternura de Dios”. En la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor encontramos “la cátedra de Dios” a la que debemos acudir para aprender el amor humilde, que salva y da la vida...
Orientaciones concretas sobre el ejercicio de las obras de misericordia, hemos encontrado en los discursos dirigidos a grupos diferentes de peregrinos. A los participantes en la asamblea plenaria de la Academia Pontificia para la Vida les ha pedido estar atentos a las nuevas colonizaciones ideológicas que invaden el pensamiento humano, sabiendo conjugar, mediante el ejercicio de la virtud, ciencia, técnica y humanidad. A los participantes en un curso de la Penitenciaría Apostólica y en otro del Tribunal de la Rota Romana, les ha recordado que la Iglesia es Madre y quiere mostrar a todos el rostro de Dios fiel a su amor, misericordioso y siempre capaz de volver a donar fuerza y esperanza. A quienes han participado en el encuentro de la Harvard World Model United Nations, Francisco les ha exhortado a “poner rostro” a las problemáticas que ellos estudian. A los hermanos, en fin, del Camino Neocatecumenal, especialmente a las familias enviadas en misión ad gentes les ha ofrecido tres palabras, a modo de mandato para la misión: unidad, gloria y mundo. En estas familias resplandece de forma admirable cómo la renovación de la vida bautismal pasa por la escucha de la Palabra de Dios y las obras de misericordia.
En breve

-Audiencias jubilares
Un sábado al mes se celebran audiencias generales extraordinarias, en el año de la Misericordia. La próxima será el 9 de abril.

-24 horas para el Señor
En San Pedro, el Papa confesó a varias personas y se confesó él mismo. Esa iniciativa se ha celebrado en muchos lugares del mundo.

-Penitenciaría
Cada año organiza un curso para sacerdotes sobre el fuero interno. También el Tribunal de la Rota ha impartido un curso especial.

-Camino Neocatecumenal
Numerosas seguidores del Camino Neocatecumenal, sobre todo familias, se reunieron con el Papa en el aula Pablo VI.

Entrando en el corazón del Año santo de la Misericordia Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

Concluía el mes de enero cuando el Papa en la Audiencia jubilar de los sábados comenzaba sus palabras con esta constatación: «Entramos día tras día en el corazón del Año santo de la Misericordia». El día anterior, dirigiéndose a los participantes en la plenaria de la Congregación para la Doctrina de la Fe, volvía a recordar el objetivo de este Año: «Espero que en este Jubileo todos los miembros de la Iglesia renueven su fe en Jesucristo que es el rostro de la misericordia del Padre, el camino que une a Dios y al hombre».
Hemos asistido en el último mes a la clausura del Año de la vida consagrada, al comienzo del tiempo litúrgico de Cuaresma y al viaje apostólico del Santo Padre a México. Las intervenciones del Papa han girado en torno a estos acontecimientos, teniendo como hilo conductor la invitación reiterada a experimentar la misericordia divina para ser testigos de la misma en el mundo.
En el Jubileo de la Vida Consagrada, Francisco ha propuesto fortalecer tres pilares sobre los que se apoya la vida de los hombres y mujeres consagrados al servicio del Señor en la Iglesia: la profecía, la proximidad y la esperanza. Las personas consagradas están llamadas a ser personas del encuentro, custodios del estupor, que viven la alegría de la gratitud. El año de la vida consagrada ha sido como el río que «confluye ahora en el mar de la misericordia, en este inmenso misterio de amor que estamos experimentando con el Jubileo extraordinario». Palabras parecidas ha dirigido en el Jubileo de la Curia, donde ha invitado a los colaboradores más cercanos del Papa a convertirse en modelo para todos, de modo que «en nuestros lugares de trabajo... nadie se sienta descuidado o maltratado, sino que cada uno pueda experimentar, antes de nada, el amoroso cuidadoso del Buen Pastor».
En la Bula de convocatoria del Año Santo de la misericordia, el papa Francisco pidió que la cuaresma de este año fuera vivida con mayor intensidad, “como momento fuerte para celebrar y experimentar la misericordia de Dios”. Propuso entonces tres tareas concretas: volver a meditar pasajes de la Escritura donde resplandece el rostro misericordioso del Padre, cuidar más el sacramento de la Reconciliación con confesores que sean signo del primado de la misericordia y acoger a los misioneros de la misericordia como expresión de la solicitud materna de la Iglesia por el pueblo de Dios.
La meditación de la Palabra de Dios bajo la perspectiva de la misericordia divina está siendo desarrollada en las Audiencias generales de los miércoles, en las meditaciones del Angelus y en las predicaciones al ritmo de la liturgia. Ahí se nos presentan hitos de la Historia de la salvación que contienen enseñanzas para el tiempo presente, como la figura de Moisés, convertido en mediador de la misericordia, o la relación entre justicia y misericordia, o el sentido bíblico del “jubileo”, que para ser verdadero debe tocar el bolsillo. En las Audiencias jubilares de los sábados continua el Papa profundizando en la riqueza de la misericordia divina. Recogiendo enseñanzas de san Juan Pablo II, Francisco nos ha mostrado la relación entre misericordia y misión: «vivir de misericordia nos hace misioneros de la misericordia, y ser misioneros nos permite crecer cada vez más en la misericordia de Dios». No faltan referencias continuas a los confesores y a los misioneros de la misericordia, quienes deben ejercer su ministerio haciendo visible la maternidad de la Iglesia, buscando en el corazón del penitente el deseo del perdón y ayudándole a vencer la vergüenza en el reconocimiento de la culpa.
Como misionero de la misericordia se ha encontrado con el Patriarca de Moscú en La Habana y ha viajado a México, donde el Sucesor de Pedro ha vivido una «experiencia de transfiguración», con un baricentro espiritual en el santuario de la Virgen de Guadalupe, madre de la misericordia.

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