La Jornada Mundial de las Misiones ha ofrecido al Papa Francisco la oportunidad de volver a pedir a los miembros de la Iglesia la valentía y audacia apostólicas que exige el tiempo presente: “¡Hoy es tiempo de misión y de valentía! Es tiempo de valentía, aunque ser valiente no significa tener garantía de éxito. Se nos pide valentía para luchar, no necesariamente para vencer; para anunciar, no necesariamente para convertir. Se nos pide valentía para ofrecer alternativas al mundo, sin que eso implique que tengamos que ser polemistas o agresivos. Se nos pide la valentía para abrirnos a todos, sin disminuir nunca el carácter absoluto y único de Cristo, único salvador de todos. Se nos pide valentía para resistir a la incredulidad, sin hacernos arrogantes... ¡Hoy es tiempo de valentía! ¡Hoy se requiere valentía!”. Cuando hemos entrado en el último mes del Año santo de la misericordia, las palabras del Papa en el día del Domund, nos ofrecen un marco propicio para mostrar en visión de conjunto sus intervenciones del último mes.

Ejercicio de valentía apostólica ha sido el viaje a Georgia y Azerbaiyán. Francisco no pierde el tiempo cuando viaja lejos para confortar a católicos que viven en minoría: “El Papa imita en esto al Espíritu Santo: también él ha bajado del cielo en una comunidad de periferia, cerrada en el Cenáculo. Y a esta comunidad le infunde valor, fuerza, parresia para seguir adelante y proclamar el nombre de Jesús”. Valentía se requiere para seguir desarrollando las catequesis de las Audiencias sobre las obras de misericordia y, a la vez, dirigir llamamientos enérgicos a la comunidad internacional para el cese de los conflictos bélicos en Siria e Iraq, y para socorrer con prontitud a las víctimas de los recientes desastres naturales.

No han faltado encuentros valientes con grupos de diferente naturaleza que han escuchado del Papa palabras de aliento, como los mantenidos con los participantes en el encuentro sobre deporte y fe, con los primados de las Provincias anglicanas que acompañaron al arzobispo de Canterbury al recordar el cincuenta aniversario del encuentro entre Pablo VI y el arzobispo anglicano Michael Ramsey, con un grupo de peregrinos luteranos, o con los participantes en los Capítulos Generales de diferentes familias de vida consagrada y de apostolado seglar. Valentía se pide a los trece nuevos cardenales, cuyo nombramiento ha anunciado el Papa en un nuevo Consistorio, que tendrá lugar coincidiendo con la clausura del Año de la misericordia. Elegidos de los cinco continentes, expresan la universalidad de la Iglesia que anuncia y testimonia la Buena Noticia de la Misericordia de Dios en cada rincón de la tierra.

Verdadera valentía evangélica manifestaron los siete nuevos santos canonizados por el Papa Francisco, quien destacó en todos ellos un rasgo común: haber entrado hasta el fondo del misterio de la oración: “Estos siete testigos que hoy han sido canonizados, han combatido con la oración la buena batalla de la fe y del amor. Por ello han permanecido firmes en la fe con el corazón generoso y fiel”. De los santos aprendemos que la verdadera “pastoral vocacional” es siempre encuentro con el Señor, que se alcanza en docilidad a la gracia poniendo en ejercicio lo que vemos hacer a Cristo: “salir, ver y llamar”.

En el mes de octubre, sin embargo, el rostro de la más auténtica valentía evangélica ha vuelto a resplandecer al invocar el Nombre de María Santísima. Recomendando, una vez más, la oración del Rosario, síntesis de la historia de la misericordia de Dios que se transforma en historia de salvación para quienes se dejan plasmar por la gracia, el Papa nos ha vuelto a pedir que acudamos con confianza a la que es Madre de misericordia: “Aferrémonos fuertemente a esta fe sencilla de la Santa Madre de Dios; pidámosle que nos enseñe a regresar siempre a Jesús y a darle gracias por los innumerables beneficios de su misericordia”.

En breve

MISIONES
La Jornada Mundial de las Misiones se ha celebrado el 23 de octubre con el lema “Sal de tu tierra”, las palabras de Dios a Abrahán.

DEPORTE Y FE
7.000 personas han participado en la conferencia internacional “El deporte al servicio de la humanidad”, organizada el Consejo Pontificio de la Cultura.

SANTOS
Junto al español Manuel González, ha sido proclamados santos el “cura Brochero”, el niño José Luis Sánchez del Río, la carmelita Isabel de la Trinidad y otros tres beatos.

REZO DEL ROSARIO
Francisco ha calificado el Rosario de “síntesis de la historia de la misericordia de Dios”.

Perfiles
Por José Rico Pavés

El Año santo de la misericordia continúa su andadura ofreciendo el marco de las intervenciones del Santo Padre en las últimas semanas. Las meditaciones que acompañan el rezo del Angelus y las catequesis de las Audiencias generales de los miércoles y de las Audiencias jubilares de los sábados se centran en los pasajes bíblicos que la Liturgia proclama y en las enseñanzas de Jesús que transmiten los evangelistas. La Palabra de Dios aparece así como la lámpara que el Papa sigue levantando para guiar a la Iglesia por el camino de la misericordia. Esta Palabra es la que nos muestra a Jesús desvelando el rostro misericordioso del Padre, la que nos enseña a distinguir dos estilos de vida contrapuestos (el mundano y el evangélico), la que descubre a la Iglesia el camino a seguir para salir al encuentro de cada persona, la que nos permite desenmascarar las imágenes falsas de Dios que nos impiden disfrutar de su presencia, la que revela la necesidad de redención para adquirir la verdadera libertad, la que nos invita a acudir con plena confianza a Cristo, en quien está nuestro descanso, y la que nos ayuda a comprender que la llamada del Señor a ser perfectos es llamada a ser misericordiosos como el Padre.

En este marco hemos celebrado la segunda Jornada mundial de oración por el cuidado de la creación, expresión del compromiso común para proteger la vida, respetando el ambiente y la naturaleza. El Papa ha presidido la Santa Misa dentro de la cual ha sido canonizada la Madre Teresa de Calcuta, quien ha sido propuesta como “generosa dispensadora de la misericordia divina”: “Hoy entrego esta emblemática figura de mujer y de consagrada a todo el mundo del voluntariado: que ella sea vuestro modelo de santidad”. Francisco ha viajado de nuevo a Asís para la Jornada Mundial de oración por la paz, donde ha vuelto a subrayar el vínculo intrínseco entre una actitud religiosa auténtica y el gran bien de la paz: “Nunca se puede usar el nombre de Dios para justificar la violencia. Sólo la paz es santa. Sólo la paz es santa, no la guerra”.

El último mes nos ha dejado también encuentros decisivos que han permitido al Papa trazar el perfil de diferentes vocaciones y ministerios en la Iglesia y la sociedad. Así, a los participantes en el Congreso de abades benedictinos, les ha recordado la responsabilidad que por vocación los monjes están llamados a custodiar: mantener vivos los oasis del espíritu donde pastores y fieles puedan beber en las fuentes de la divina misericordia. A los participantes en el Seminario de actualización para obispos en territorios de misión les ha pedido que manifiesten con su vida y ministerio la paternidad de Dios. Palabras parecidas ha dirigido también a los participantes en el Curso de formación para nuevos obispos, ofreciendo recomendaciones para “hacer pastoral la misericordia”: “La mayor riqueza que podéis llevar de Roma al inicio de vuestro ministerio episcopal es la conciencia de la misericordia con la que habéis sido mirados y elegidos”. A los participantes en un encuentro de representantes pontificios les ha pedido realizar su ministerio como humildes enviados y les ha recordado el perfil de los pastores que considera necesarios para la Iglesia de hoy: “testigos del Resucitado y no portadores de curriculum; obispos orantes, familiarizados con las cosas de lo «alto» y no aplastados por el peso de lo que viene desde «abajo»; obispos capaces de entrar «con paciencia» en la presencia de Dios, para poseer así la libertad de no traicionar el Kerygma que se les ha confiado; obispos pastores y no príncipes y funcionarios”. Al Consejo Nacional Italiano de la Orden de los Periodistas ha pedido que el periodismo favorezca la cultura del encuentro, ofreciendo para ello tres consejos: amar la verdad, vivir con profesionalidad y respetar la dignidad humana. A los catequistas, en fin, durante la celebración de su jubileo, les ha pedido que no olviden el centro en torno al cual gira su ministerio: el anuncio pascual, es decir, proclamar con gozo que Cristo ha resucitado.

El pasado 14 de junio se hizo pública la Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe Iuvenescit Ecclesia (“La Iglesia rejuvenece”), sobre la relación entre los dones jerárquicos y carismáticos para la vida y misión de la Iglesia. Tiene fecha del 15 de mayo, solemnidad de Pentecostés, y cuenta con la aprobación expresa del Sumo Pontífice Francisco, en Audiencia concedida al Prefecto de la Congregación el 14 de marzo, del presente año. Se trata, pues, de un documento que participa del magisterio ordinario del sucesor de Pedro.

En este caso, concurre además una circunstancia que aumenta el interés de la Carta: es el primer documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe aprobado por Francisco en su pontificado. El objetivo del texto es “recordar, a la luz de la relación entre dones jerárquicos y carismáticos, los elementos teológicos y eclesiológicos cuya comprensión puede favorecer una participación fecunda y ordenada de las nuevas agregaciones a la comunión y a la misión de la Iglesia”. Tras repasar los elementos fundamentales de la doctrina sobre los carismas en la Escritura y en el Magisterio, se ofrecen elementos de identidad de los dones jerárquicos y carismáticos, y aporta algunos criterios para el discernimiento de los nuevos grupos eclesiales. Aunque el interés se centra en estos nuevos grupos, los fundamentos doctrinales que recuerda la Carta son de enorme importancia para comprender de manera correcta la relación entre el ministerio apostólico y la vida consagrada.

Frente a quienes erróneamente han presentado la relación en la Iglesia entre la dimensión institucional y la carismática en términos de contraste o contraposición, el Magisterio desde san Juan Pablo II ha insistido en que ambas dimensiones son igualmente esenciales (co-esenciales) para la constitución divina de la Iglesia fundada por Jesús. La coesencialidad no se debe entender a modo de una vía con dos rieles paralelos, sino como surco único en el que anchura y profundidad –aun distinguiéndose– son inseparables, pues, como afirmaba Benedicto XVI, “en la Iglesia también las instituciones esenciales son carismáticas y los carismas deben institucionalizarse de un modo u otro para tener coherencia y continuidad”.

El último documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe aparece así, en tiempo y contenido, como el pórtico que permite entrar en la lectura coherente de algunas intervenciones recientes del Papa. La Carta Apostólica Los bienes temporales, sobre algunas competencias en materia económica y financiera, ofrece nuevas directrices para una mayor transparencia en la administración del patrimonio de la Santa Sede. La Constitución Apostólica Vultum Dei quaerere, sobre la vida contemplativa femenina, a la vez que desea expresar aprecio, alabanza y agradecimiento por la vida consagrada y la vida contemplativa monástica, ofrece disposiciones sobre doce temas que deberán incorporarse a las Constituciones o Reglas de cada uno de los Institutos de Vida Consagrada y Sociedades de Vida Apostólica: formación, oración, Palabra de Dios, Eucaristía y Reconciliación, vida fraterna en comunidad, autonomía, federaciones, clausura, trabajo, silencio, medios de comunicación y ascesis. El día 4 de agosto, descrito por Francisco, como el día de “un jesuita entre frailes”, el Papa se ha dirigido, por la mañana, a los Dominicos en el encuentro con el Capítulo General de la Orden de los Frailes Predicadores, y por la tarde, a los Franciscanos en la visita a la basílica de Santa María de los Ángeles, en Asís, con ocasión del VIII Centenario del “Perdón de Asís”. Tras la pausa de julio, han vuelto las catequesis en las audiencias de los miércoles centradas de nuevo en el Año de la misericordia.

La Iglesia ha vuelto a mostrar su rostro rejuvenecido en la Jornada Mundial de la Juventud, concebida por Francisco como “señal profética para Polonia, para Europa y para el mundo”, una señal de esperanza llamada fraternidad, de la que tan necesitada está hoy nuestro mundo en guerra.

Por José Rico Pavés, obispo auxiliar de Getafe

En el último mes hemos recibido del Papa Francisco un nuevo documento muy representativo de su modo de responder, como Sucesor de Pedro, a los desafíos del momento presente. Se trata de la Carta Apostólica, en forma de Motu proprio, titulada Como una madre amorosa, un pequeño texto de carácter normativo que explicita aún más los cánones del Código de Derecho Canónico en los que se regulan los “motivos graves” que pueden llevar a la remoción de los obispos diocesanos, eparcas y los asimilados a estos por el derecho.

Con este documento, el Papa precisa que entre las causas graves se encuentra la negligencia de los obispos en el cumplimiento de su oficio, en concreto en lo relativo a los casos de abusos a menores. El amor que la Iglesia profesa a todos sus hijos, como el de una madre amorosa, se traduce en cuidado y atención especiales hacia los más pequeños e indefensos. La negligencia en la defensa de los desvalidos, como son los niños que han sufrido el horror de los abusos, daña mortalmente el amor de madre y provoca en muchos casos heridas incurables. La firmeza ante la negligencia es exigencia del amor materno y escuela eficaz de prevención. En este Año santo extraordinario, con esta Carta Apostólica, el Papa nos vuelve a mostrar que la misericordia es el entrañable amor materno, que se conmueve ante la fragilidad de su creatura recién nacida y la abraza, supliendo todo lo que le falta para que pueda vivir y crecer. Bajo la perspectiva del amor materno, bien se pueden repasar otras intervenciones del Papa Francisco en las últimas semanas.

Como madre amorosa, continúa el Papa comentando pasajes evangélicos en las catequesis de las Audiencias de los miércoles y de los sábados, para introducirnos en el misterio insondable de la misericordia divina. A través de algunas parábolas de la misericordia se nos ha enseñado la actitud correcta para rezar e invocar la misericordia del Padre. También mediante los milagros, entendidos como signos, Jesucristo nos revela el amor de Dios, como en las bodas de Caná o en la curación del ciego que estaba junto al camino o del leproso que suplicante se acercó a Él. “Jesús nunca permanece indiferente a la oración hecha con humildad y con confianza, rechaza todos los prejuicios humanos, y se muestra cercano, enseñándonos que tampoco nosotros tenemos que tener miedo de acercarnos y tocar al pobre y al excluido, porque en ellos está el mismo Cristo”.

Con la paciente actitud de una madre amorosa, se ha sentado el Papa ante los sacerdotes reunidos para celebrar su Jubileo en este Año Santo y les ha dirigido tres meditaciones dentro del Retiro espiritual organizado con esta ocasión. Mostrando el camino que media entre la distancia y la fiesta, Francisco ha meditado primero sobre la “dignidad avergonzada” y la “vergüenza dignificada”, que es el fruto de la misericordia. Ha meditado después sobre el “receptáculo de la misericordia” que es nuestro pecado y ha presentado a María como recipiente y fuente de misericordia. En la última meditación, ha propuesto centrarse en las obras de misericordia, bajo el título “El buen olor de Cristo y la luz de su misericordia”. El retiro sacerdotal, predicado en la víspera de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, ha sido ocasión preciosa para aconsejarnos que volvamos a leer la Encíclica Haurietis aquas de Pío XII y recordarnos que el centro de la misericordia es el Corazón de Cristo y que “el corazón que Dios une a esa miseria moral nuestra es el corazón de Cristo, su Hijo amado, que late como un solo corazón con el del Padre y el del Espíritu”.

Ejercicio de madre amorosa hemos encontrado, en fin, en el Jubileo de los enfermos y personas discapacitadas, en las audiencias variadas y en el viaje apostólico a Armenia, la tierra de Noé, donde la pequeña comunidad católica y la Iglesia Apostólica Armenia, un siglo después del genocidio de 1915, reciben el abrazo materno del Papa, que quiere con sus palabras y gestos, mostrar la especial solicitud hacia los más desvalidos.

“Como madre amorosa”
Es el título del documento en el que el Papa ha fijado las causas de remoción de obispos debido a negligencia en el cumplimiento de su oficio, en concreto en casos de abusos a menores.

Retiro para sacerdotes
Tres meditaciones predicó el Papa a los sacerdotes en tres basílicas papales en Roma, en un retiro durante el Jubileo.

Viaje apostólico a Armenia
Los católicos, los cristianos y todos los armenios han recibido el abrazo materno de Francisco, durante el viaje apostólico a su país.

Celebraciones jubilares
Se ha celebrado el jubileo de los enfermos y las personas discapacitadas.

Al encuentro de las heridas del hombre
Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

De manos del papa Francisco hemos avanzado por el camino del tiempo pascual para encontrarnos con el rostro de Cristo Buen Pastor y celebrar el misterio de su Ascensión y la efusión renovada del Espíritu Santo en Pentecostés. El desenlace de la Pascua ha guiado la predicación del Papa en el marco litúrgico y en las meditaciones previas al canto del Regina coeli, con dos acentos especiales en este año: misión y misericordia.

El secreto de la misión de la Iglesia es la presencia entre nosotros del Señor resucitado, que con el don del Espíritu continúa abriendo nuestra mente y nuestro corazón, para anunciar su misericordia también en los ambientes más refractarios de nuestras ciudades. Al recordar la 50º Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, Francisco ha dirigido a los comunicadores un deseo hecho petición: "que nuestro modo de comunicar en la Iglesia tenga siempre un claro estilo evangélico, un estilo que una la verdad y la misericordia".

El Espíritu Santo, según la promesa de Cristo, nos enseña todo, es decir, que lo indispensable es amar como Dios. Según esto, el Papa continúa las catequesis de los miércoles y los sábados desarrollando la misericordia. Se ha detenido en la reconciliación y en sus ministros, los confesores. Con palabras enérgicas, se nos ha recordado dónde reside el estilo del actuar de Dios: "Estamos todos avisados: la misericordia hacia los pecadores es el estilo con el cual obra Dios y a esa misericordia Él es muy fiel: nada ni nadie podrá apartarlo de su voluntad de salvación". Hemos meditado con el Papa algunas parábolas evangélicas de la misericordia y, desde el sentido común custodiado por la gracia, se nos ha invitado a no confundir la piedad, que es una manifestación de la misericordia, con la compasión que a veces expresamos hacia los animales.

Con entrañas de misericordia, Francisco ha invitado a coptos y católicos a dar testimonio en aquello que podemos defender unidos, como la sacralidad y la dignidad de toda vida humana, la santidad del matrimonio y de la vida familiar, el respeto de la creación que Dios nos ha confiado. Invitaciones al diálogo y al trabajo en común se han repetido en los discursos dirigidos a diferentes grupos de personas, pertenecientes a asociaciones eclesiales o a organismos civiles, como el Capítulo General de los Mercedarios, el Royal Institute for interfaith studies, "Médicos con África CUAMM", el Círculo San Pedro, la Fundación Centesimus Annus Pro Pontifice, nuevos embajadores, reclutas de la Guardia Suiza o directivos y entrenadores de los equipos de fútbol de Juventus y Milán.

Entre las enseñanzas del Papa hay tres destacadas. En primer lugar, la vigilia de oración “Para secar las lágrimas”, celebrada en el marco del Año de la misericordia: "Si Dios ha llorado, también yo puedo llorar sabiendo que se me comprende. El llanto de Jesús es el antídoto contra la indiferencia ante el sufrimiento de mis hermanos".

En segundo lugar destaca el discurso del Papa al recibir el premio Carlomagno, llamada a la conciencia de Europa para que alumbre un nuevo humanismo. La Iglesia puede y debe ayudar al renacer de Europa, impulsando su misión: "El anuncio del Evangelio, que hoy más que nunca se traduce principalmente en salir al encuentro de las heridas del hombre, llevando la presencia fuerte y sencilla de Jesús, su misericordia que consuela y anima".

En tercer lugar, el discurso dirigido a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Italiana ha servido para dibujar los rasgos del sacerdote de nuestro tiempo, constituido por una triple pertenencia: al Señor, a la Iglesia y al Reino. Llamado a servir al Pueblo de Dios en la fraternidad de su presbiterio, no debe olvidar el sacerdote que "la comunión es realmente uno de los nombres de la Misericordia".