En pocos trazos
Septiembre – octubre 2015

Además de la familia

Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

Como era de esperar, las intervenciones del Papa durante el último mes se han centrado principalmente en el tema de la familia. En las catequesis de las Audiencias de los miércoles, en las meditaciones del rezo del Angelus, en los discursos pronunciados en el aula sinodal y en las homilías de las Misas con participación de los padres sinodales, no ha dejado Francisco de invitar a sostener con la oración los trabajos de la XIV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Nos ha pedido poner la mirada en Jesús y, al mismo tiempo, dejarnos mirar por Él. Repasando el pasaje evangélico del encuentro del joven rico con Jesús, el Santo Padre ha hablado de tres miradas (intensa, pensativa y de aliento), para constatar que aquel joven no se dejó conquistar por la mirada de amor de Jesús y proponernos un principio de vida: “Sólo acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones”. A partir de este principio, se pueden leer las otras intervenciones del Pontífice, como ayuda para dejarnos conquistar por la mirada de amor de Jesús.
Especial relevancia ha tenido el discurso pronunciado con motivo del quincuagésimo aniversario de la institución del Sínodo de los obispos por parte del beato papa Pablo VI. Bajo la acción del Espíritu Santo, la Iglesia en el Concilio Vaticano II ha tomado una mayor conciencia de que la sinodalidad es una de sus dimensiones constitutivas. Iglesia sinodal significa Iglesia que escucha y camina en comunión jerárquica. “Se trata de una escucha recíproca, en que cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio episcopal, Obispo de Roma: uno a la escucha de los otros; y todos a la escucha del Espíritu Santo”. El Sínodo de los obispos aparece así como el punto de convergencia de este dinamismo de escucha. A la luz de la sinodalidad propone el Papa comprender el ministerio jerárquico y el ejercicio mismo del Primado del Sucesor de Pedro.
Dirigiéndose al cuerpo de la gendarmería, Francisco ha acudido a la intercesión del arcángel san Miguel para no ceder en la lucha contra el Maligno y superar la tentación de la codicia, de la adulación y de toda forma de vanidad. A los participantes en el encuentro promovido por la Fundación Banco de alimentos, les ha exhortado Francisco para que sigan impulsando su actividad propia dentro de la cultura del encuentro y del compartir. Aunque la aportación al problema mundial del hambre pueda parecer una gota en el océano, sigue siendo necesaria para agrandar el río que alimenta la esperanza de millones de personas. El mismo Cristo es quien invita a abrir espacios en el corazón ante la urgencia de dar de comer al hambriento.
A los participantes en el Capítulo general de los misioneros combonianos del Corazón de Jesús, el Papa les ha recordado que, en cuanto están consagrados a Dios para la misión, están llamados a imitar a Jesús misericordioso y manso. En el Sagrado Corazón del Redentor encontrarán la mansedumbre que, como hija de la caridad, es paciente, perdona sin límite, aguarda sin límite y soporta sin límite. “Es la mansedumbre de la mirada de Jesús cuando miraba a Pedro la noche del jueves santo, o cuando invitaba a Tomás, el incrédulo, a poner la mano junto al Corazón traspasado. Ahí, en ese Corazón, se aprende la mansedumbre necesaria para afrontar la acción apostólica incluso en contextos difíciles y hostiles”.
En la canonización del sacerdote Vicente Grossi, de la religiosa madrileña santa María de la Purísima, y de los esposos y padres Luis Martin y María Azelia Guérin, el Papa ha señalado el camino de santidad que los hijos de la Iglesia están llamados a recorrer según su propia vocación. Los santos son quienes se han dejado conquistar por la mirada de Jesús y han sabido responder a los retos apostólicos y evangelizadores de su tiempo. Con su ejemplo e intercesión, nos estimulan a perseverar en el servicio a Dios y a los hermanos.

En breve
Oración por la familia
Francisco ha invitado a sostener con la oración los trabajos de la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre la familia.

50 años del Sínodo
El Papa ha pronunciado un discurso de especial relevancia en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos.

Canonizaciones
El camino de los hijos de la Iglesia es un camino de santidad. Canonizados los padres de Santa Teresita y otros.

Misión y servicio
El mismo Cristo mueve a abrir espacios de ayuda en el corazón.

En pocos trazos
Septiembre 2015

Los verbos del Pastor

José Rico Pavés – Obispo auxiliar de Getafe

Los meses de julio y agosto nos han mostrado al Papa Francisco en misión, con una dedicación no afectada por el calor del verano. Sabe bien el Santo Padre que la Iglesia extiende su tarea por el mundo entero, en todo tiempo y lugar, y la evangelización no conoce vacaciones. Durante el viaje apostólico por tierras de Ecuador, Bolivia y Paraguay, nos ha mostrado en primera persona cómo se debe impulsar la nueva etapa evangelizadora. Sus palabras y gestos son escuela de evangelización.
De regreso al Vaticano, tomando como referencia la escena evangélica de Jesús que conforta y enseña a los discípulos después de la misión, la atención se ha fijado en los verbos del Pastor, es decir, en la actuación de Jesús descrita por el evangelista con tres palabras: ver, tener compasión y enseñar. Los dos primeros verbos configuran a Jesús como buen Pastor. Y de su compasión nace el deseo de enseñar la Palabra de Dios a la gente: “Jesús ve, Jesús tiene compasión, Jesús nos enseña”. Las enseñanzas de Francisco, queriendo estar guiadas por el Espíritu de Jesús, nacen también de una mirada compasiva, que le permite reconocer las potencialidades humanas y espirituales de nuestros contemporáneos, a la vez que descubre los graves problemas sociales y económicos que les afligen. Dirigiendo la mirada y la compasión a los tres países visitados, el Papa ha hecho balance de su visita apostólica: “Ante los grandes desafíos que debe afrontar el anuncio del Evangelio, invité a buscar en Cristo Señor la gracia que salva y que da fuerza al compromiso del testimonio cristiano, a ampliar la difusión de la Palabra de Dios, a fin de que la destacada religiosidad de esas poblaciones pueda ser siempre testimonio fiel del Evangelio”.
Los mismos verbos del Pastor han sido conjugados durante las catequesis de las Audiencias de los miércoles. El tema de la familia se ha desglosado con enseñanzas cuyo eco mediático sigue aún resonando. Con palabras sencillas, Francisco se ha referido a la situación de quienes tras la ruptura de su vínculo matrimonial han establecido una nueva convivencia. “La Iglesia sabe bien que tal situación contradice el sacramento cristiano, pero con corazón de madre busca el bien y la salvación de todos, sin excluir a nadie. Es necesario una fraterna y atenta acogida, en el amor y en la verdad, hacia estas personas que en efecto no están excomulgadas, como algunos piensan: ellas forman parte siempre de la Iglesia”. Se ha ocupado también el Papa de tres facetas de la vida familiar: la fiesta, el trabajo y la oración. “En esta coyuntura, las familias cristianas tienen la gran misión de manifestar los aspectos esenciales de la creación de Dios, como son la identidad y el vínculo del hombre y la mujer, la generación de los hijos, el trabajo que cuida la tierra y la hace habitable”.
Mirada, compasión y enseñanza se han conjugado en la intervención de Francisco durante el Encuentro sobre “Esclavitud moderna y cambio climático, el compromiso de las grandes ciudades”, en la que ha recordado algunos de los principios expuestos en la Carta Encíclica Laudato si. O en las palabras dirigidas a los monaguillos, servidores del altar: “Cuanto más cerca estéis del altar, más os acordaréis de dialogar con Jesús en la oración diaria, más os nutriréis de la Palabra y del Cuerpo del Señor, y más capaces seréis de dirigiros al prójimo llevándole el don que habéis recibido”. O en el diálogo con los jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil.
La mirada, en fin, del pastor se ha dirigido al Cielo en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen, para recordar que, a la luz de este misterio, nuestra vida no es un vagabundear sin sentido, sino una peregrinación a la casa de nuestro Padre, que nos espera con amor. Mientras caminamos, la Eucaristía, en la que Cristo se nos da para que entremos en comunión con Él, nos hace gustar anticipadamente la vida del Cielo.

La voz de la Iglesia en la casa común

por José Rico Pavés. Obispo auxiliar de Getafe

El hecho más relevante de las intervenciones magisteriales del Papa Francisco durante el último mes es, sin duda, la publicación de la Encíclica Laudato si sobre el cuidado de la casa común. “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”.

Es relevante no sólo por tratarse del primer documento pontificio de este rango redactado íntegramente por Francisco, sino también por la temática desarrollada y por la pretensión del mismo. Abordando la cuestión del cuidado debido a la creación, el Papa ha querido ampliar expresamente un capítulo de la Doctrina Social de la Iglesia que hoy requiere de modo especial nuestra atención. Pero al hacerlo no se ha dirigido exclusivamente a los católicos, sino que, dirigiéndose a todos, ha hecho oír la voz de la Iglesia en la casa común: “Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”. Esta nueva encíclica ha puesto en evidencia de manera aún más clara la doble preocupación que orienta el Magisterio de Francisco: la reforma misionera de la Iglesia y el diálogo con todos sobre nuestra casa común.

El impulso de la reforma misionera se descubre en las homilías y meditaciones del rezo del Angelus, acompasadas siempre a la Palabra de Dios que se proclama en la Liturgia. En las audiencias de los miércoles, la catequesis se sigue centrando en el tema de la familia, con atención particular a situaciones humanamente difíciles, como son la enfermedad, el cuidado de los ancianos o la experiencia de la muerte. “La oscuridad de la muerte se debe afrontar con un trabajo de amor más intenso... El amor es más fuerte que la muerte. Por eso el camino es hacer crecer el amor, hacerlo más sólido, y el amor nos custodiará hasta el día en que cada lágrima será enjugada... La cruz de Jesús derrota la muerte. Jesús nos devolverá a todos la familia”.

Impulsos de reforma se perciben también en los discursos en la visita ad limina de los obispos de la República Dominicana, Puerto Rico, Estonia y Letonia, así como en los dirigidos a la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias, a cuyos miembros ha recordado Francisco cuál sigue siendo el principal reto de la Iglesia en nuestro tiempo: “La humanidad tiene tanta necesidad del Evangelio, fuente de alegría, esperanza y paz.Tiene prioridad la misión evangelizadora, porque la actividad misionera es aún hoy el máximo desafío para la Iglesia”. Se entiende entonces por qué el Papa ha querido encomendar la preparación del Año santo de la misericordia al Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización, “para que aparezca de forma más evidente que el don de la misericordia es el anuncio que la Iglesia está llamada a transmitir en su obra de evangelización en este tiempo de grandes cambios”.

El diálogo con todos, unido al empuje misionero, se ha practicado en los viajes apostólicos a Sarajevo (Bosnia y Herzegovina) y a Turín. En el primero, el Papa ha viajado como peregrino de paz y esperanza, para animar el camino de reconciliación y convivencia pacífica entre poblaciones diferentes. “He apreciado el compromiso de colaboración y solidaridad entre personas de diferentes religiones, instando a todos a llevar adelante la obra de reconstrucción espiritual y moral de la sociedad. Trabajan juntos como verdaderos hermanos”. En el segundo, la ostensión de la Sábana Santa ha sido la ocasión para agradecer a Dios la vida y la obra de san Juan Bosco, san José Benito Cottolengo y el beato Pier Giorgio Frassati. El ejemplo y la intercesión de estos hijos destacados de la Iglesia siguen iluminando la tarea evangelizadora. En los encuentros con el mundo del trabajo, con los salesianos e Hijas de María Auxiliadora, con los enfermos, los discapacitados y los jóvenes, mantenidos en Turín, Francisco ha hecho resonar la voz de la Iglesia, portadora de la alegría del evangelio, ayudando a mostrar el lugar peculiar que corresponde al ser hu- mano en este mundo, la casa común.

Paciente y mansa guía pastoral
Por José Rico Pavés. Obispo auxiliar de Getafe

Con estupor siempre nuevo, el tiempo pascual invita a volver la mirada a Cristo Buen Pastor, para aprender de Él que todos los que tienen en la Iglesia la misión de guías (sacerdotes, obispos, Papas) “están llamados a asumir no la mentalidad del manager sino la del siervo”. Al acudir a la intercesión materna de María durante el rezo del Regina coeli en el cuarto domingo de Pascua el Papa Francisco ha pedido para él, para los obispos y para todos los sacerdotes del mundo “la gracia de servir al pueblo santo de Dios mediante la alegre predicación del evangelio, la sentida celebración de los Sacramentos y la paciente y mansa guía pastoral”. Se puede repasar el magisterio pontificio del último mes tomando como referencia la formulación sugerente de esta petición.

La alegre predicación del evangelio ha vuelto a brillar en las Audiencias de los miércoles, a través de las cuales el Papa sigue exponiendo la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio y la familia. Al presentar la complementariedad del varón y de la mujer, Francisco se ha preguntado por qué hoy muchos jóvenes prefieren simplemente convivir a casarse. Su respuesta es certera y luminosa: por miedo a fracasar. Este miedo se vence cuando se proclama sin rebajas la belleza del Evangelio de la familia. “El sacramento del matrimonio es un gran acto de fe y de amor: testimonia la valentía de creer en la belleza del acto creador de Dios y de vivir ese amor que impulsa a ir cada vez más allá, más allá de sí mismo y también más allá de la familia misma. La vocación cristiana a amar sin reservas y sin medida es lo que, con la gracia de Cristo, está en la base también del libre consentimiento que constituye el matrimonio”. Esta belleza se recibe cuando se llevan a la práctica tres palabras sencillas en la vida familiar: “permiso”, “gracias”, “perdón”.

La sentida celebración de los Sacramentos ha seguido el ritmo marcado por la liturgia del tiempo pascual. Las palabras de Cristo que se proclaman en estos días contienen la fuerza del amor que nunca envejece y que se manifiesta en gestos, pequeños y cotidianos, de cercanía. La predicación papal al hilo de la Liturgia ha resonado en las visitas pastorales a las parroquias romanas, en la Misa de apertura de la asamblea general de Caritas internacional, en la canonización de cuatro beatas y en la solemnidad de Pentecostés. El libro de los Hechos de los apóstoles y el Evangelio de san Juan han guiado al Papa en la celebración de la Pascua, hasta llegar a la solemnidad de Pentecostés: “El don del Espíritu Santo ha sido dado en abundancia a la Iglesia y a cada uno de nosotros, para que podamos vivir con fe genuina y caridad operante, para que podamos difundir la semilla de la reconciliación y de la paz”.

En fin, la paciente y mansa guía pastoral se ha puesto en ejercicio en los encuentros con los obispos en visita ad limina de algunas conferencias episcopales africanas, como las procedentes de la República del Congo, de Mali, de Mozambique, de Togo o de la República Centroafricana. Al tiempo que reconoce la vitalidad de esas Iglesias particulares, el Papa ha alentado a seguir desarrollando una tarea evangelizadora profunda y explícita: “Seguid vigilando para que la pastoral social se realice cada vez más con el espíritu del Evangelio y se perciba cada vez mejor como una obra de evangelización, y no como la acción de una organización no-gubernamental”. La guía pastoral requiere sensibilidad eclesial, como ha recordado a la Conferencia Episcopal Italiana. También con las personas consagradas el Papa ha puesto en ejercicio la paciencia y la mansedumbre de un gobierno pastoral en el que no falta un sano sentido del humor, como en el encuentro con los religiosos de Roma, durante el cual ha recordado el error de la religiosa de clausura que le escribió para contarle que había descubierto que su clausura era el mundo, a lo cual respondió el Papa: “Dime, querida, ¿tú tienes reja portátil?”.

Usar la medicina de la misericordia

Por José Rico Pavés. Obispo auxiliar de Getafe

La publicación de la Bula Misericordiae vultus, con la que ha sido convocado el Año Santo de la misericordia, ha traído de nuevo a la memoria las palabras del Papa san Juan XXIII en la apertura del Concilio Vaticano II: “En nuestro tiempo, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad”. Estas palabras consoladoras parecen ser norma de vida en las enseñanzas y en los gestos del Papa Francisco. Sus intervenciones durante el último mes conservan el sabor agradable de esa medicina divina que es la misericordia.
La celebración del Triduo Santo y la inauguración del tiempo pascual nos han llevado al manantial del que brota la misericordia que salva al mundo. Por eso el Papa ha pedido no sólo conmemorar la pasión del Señor, sino entrar en el misterio, asumiendo los sentimientos y actitudes del mismo Cristo. En la Pascua encontramos el acontecimiento que trae la novedad radical para todo ser humano, para la historia y para el mundo: “Es el triunfo de la vida sobre la muerte; es la fiesta del renacer y de la regeneración”. Hay que dejar, en consecuencia, que la propia existencia sea conquistada y transformada por la resurrección de Jesucristo. “Jesús nos invita a mirar sus llagas, nos invita a tocarlas, como a Tomás, para sanar nuestra incredulidad. Nos invita, sobre todo, a entrar en el misterio de sus llagas, que es el misterio de su amor misericordioso”.
Las Audiencias de los miércoles han continuado las catequesis sobre la familia, centrándose en los niños, “el fruto más bonito que el Creador ha dado al hombre y a la mujer”, y en la complementariedad del varón y de la mujer, cuya unión esponsal es reflejo de la comunión trinitaria, a cuya imagen el ser humano ha sido creado. Medicina de misericordia está aplicando el Papa al hablar de las “historias de pasión” que lamentablemente viven muchos niños cuando son rechazados o abandonados. La misma medicina se aplica a las heridas provocadas por la ideología de género, que destruye la diferencia y complementariedad del varón y de la mujer, y pervierte las relaciones esponsales.
Con mirada de compasión y misericordia, pide Francisco que reaccionemos ante la situación de los cristianos perseguidos. “Desgraciadamente todavía hoy oímos el grito angustiado y desamparado de muchos hermanos y hermanas indefensos, que a causa de su fe en Cristo o de su etnia son pública y cruelmente asesinados –decapitados, crucificados, quemados vivos–, o bien obligados a abandonar su tierra”. Los discursos y homilías del último mes han estado traspasados por esta preocupación. Al recordar el primer centenario del genocidio del pueblo armenio, el Papa ha invocado la Divina Misericordia “para que nos ayude a todos, en el amor a la verdad y la justicia, a curar toda herida y apresurar gestos concretos de reconciliación y de paz entre las naciones que aún no logran llegar a un acuerdo razonable sobre la interpretación de estos tristes acontecimientos”. El panorama del mundo contemporáneo ha sido calificado por el Papa como “estado de guerra”, como una tercera guerra mundial “por partes”, en la que a diario asistimos a crímenes atroces y a sangrientas masacres. Como un gesto de reconocimiento a la herencia espiritual cristiana del pueblo armenio, el Papa ha proclamado Doctor de la Iglesia universal al monje y presbítero san Gregorio de Narek, poeta, teólogo y místico del siglo XI.
La medicina de la misericordia, en fin, se sigue aplicando durante el Año de la Vida Consagrada mediante el recuerdo del quinto centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús, quien todavía hoy nos ayuda “a ver el mundo con los ojos de Cristo, para buscar lo que Él busca y amar lo que Él ama”. A los formadores de la vida consagrada, el Papa ha pedido que vivan con alegría y gratitud su ministerio, “con la certeza de que no hay nada más bello en la vida que pertenecer para siempre y con todo el corazón a Dios, y dar la vida al servicio de los hermanos”. Sin duda, afianzar esta certeza es la mejor medicina de misericordia.