En pocos trazos

Bajo el signo de la misericordia

Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe
“¿Por qué un Jubileo de la Misericordia?”. Al día siguiente de la apertura de la Puerta Santa que ha inaugurado el año santo extraordinario de la misericordia, Francisco ha dedicado la catequesis de la audiencia de los miércoles a explicar por qué la Iglesia necesita este momento extraordinario. Junto con la bula Misericordiae vultus, esta intervención del Papa nos ofrece la guía más completa para recorrer con provecho el año santo recién estrenado.
El Jubileo es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir únicamente lo que a Dios más le gusta: “Perdonar a sus hijos, tener misericordia con ellos, a fin de que ellos puedan a su vez perdonar a los hermanos, resplandeciendo como antorchas de la misericordia de Dios en el mundo”. En una época, como la nuestra, de profundos cambios, la contribución peculiar de la Iglesia consiste en vivir la misericordia cumpliendo una triple tarea: hacer signos visibles de la cercanía de Dios; dirigir la mirada a Dios, Padre misericordioso, y a los hermanos necesitados de misericordia; y volver al contenido esencial del evangelio, para poner en el centro a Jesucristo, “la Misericordia hecha carne”. Las enseñanzas del Papa en el último mes de 2015, primero del año santo jubilar, bien pueden ordenarse en torno a esta triple tarea, ayudándonos a orientar la vida bajo el signo de la misericordia.
Signos visibles de la cercanía de Dios ha cumplido Francisco en su primer viaje apostólico a África, visitando Kenia, Uganda y la República Centroafricana. Como un signo de fe y de esperanza para países que están intentando salir de conflictos violentos que provocan mucho sufrimiento a la población, la Puerta Santa del Jubileo de la Misericordia se ha abierto en Bangui una semana antes de comenzar el año jubilar. Signo visible de la cercanía de Dios ha sido también la petición de oraciones por los trabajos de la Conferencia sobre el cambio climático celebrado en París, o por la pacificación de la amada tierra de Siria o de Libia.
La tarea de dirigir la mirada al Padre misericordioso y a los necesitados de misericordia se descubre en el Rescripto sobre el cumplimiento y la observancia de la nueva ley del proceso matrimonial. Las nuevas leyes que han entrado en vigor “quieren mostrar la cercanía de la Iglesia a las familias heridas, con el deseo de que a la multitud de los que viven el drama del fracaso conyugal llegue la obra sanadora de Cristo”. Con mirada de misericordia ha recordado también el Papa que “un signo importante del Jubileo es también la Confesión. Acercarse al Sacramento con el cual somos reconciliados con Dios equivale a tener experiencia directa de su misericordia. Es encontrar el Padre que perdona: Dios perdona todo”.
La misma mirada ha llevado a Francisco a ofrecer durante la presentación de la felicitación navideña a los miembros de la Curia romana los “antibióticos curiales”: remedios para superar los males que han ensombrecido el trabajo abnegado y fiel de quienes ofrecen un servicio eclesial de colaboración leal en la Santa Sede. Los escándalos no van a detener una “reforma que seguirá adelante con determinación, lucidez y resolución”. Para obtener el antídoto que cure esos males es necesario volver a lo esencial, lo cual es posible trazando un programa con términos cuya primera letra forman la palabra misericordia: misionariedad, idoneidad, espiritualidad, ejemplaridad, racionalidad, inocuidad, caridad, honestidad, respetuosidad, dadivosidad, impavidez y atendibilidad.
La tarea, en fin, de poner en el centro a Jesucristo la vemos cumplida en las meditaciones previas al rezo del Ángelus o en los discursos dirigidos a la Asociación de padres de familia de las escuelas católicas italianas y a los jóvenes de la Acción Católica. Para poner a Cristo en el centro no hay mejor camino que acudir a María, Madre de la Misericordia. Su Inmaculada Concepción nos recuerda que en nuestra vida todo es don, todo es misericordia.

EN BREVE

- Por qué un Jubileo
Es un momento privilegiado para que la Iglesia aprenda a elegir sólo lo que a Dios más le gusta. Y nos ayuda orientar la vida bajo el signo de la misericordia.

- Signos visibles de cercanía de Dios
Eso han sido el viaje a África; la petición de oraciones por los trabajos sobre el cambio climático, y por la paz; la invitación a acercarse a la confesión: Dios perdona todo.

-Proceso matrimonial
Las nuevas normas sobre el proceso matrimonial quieren facilitar que a las familias heridas llegue la obra sanadora de Cristo.

- Madre de Misericordia
Santa María nos recuerda que en nuestra vida todo es don, todo es misericordia.

En pocos trazos
Octubre - noviembre 2015

La recta fe en Jesucristo

Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

“Custodiar y anunciar la recta fe en Jesucristo es el corazón de nuestra identidad cristiana”. Durante la visita pastoral a Prato y Florencia, el papa Francisco ha regalado una enseñanza de enorme importancia para comprender la nueva etapa evangelizadora que desea impulsar. La Iglesia en salida, que rechaza la cultura del descarte y confía en el poder del diálogo, lejos de sucumbir a la tentación de la mundanidad y someterse a los criterios de este mundo, se preocupa por custodiar y anunciar la recta fe en Jesucristo, sabiendo que ahí reside el núcleo de su propia identidad. Nuestra alegría está en compartir esta fe y confesar con Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo. El discípulo misionero sabe que debe ir contracorriente y no quedarse con la opinión corriente de quienes no ven en Jesús más que a un profeta o un maestro. Cuando la fe en Jesucristo se pervierte, toda la obra evangelizadora queda perjudicada. Evocando la figura del papa san León Magno, Francisco ha mostrado que el ministerio petrino tiene como tarea fundamental “custodiar y proclamar la verdad de la fe; defender y promover la comunión entre todas las Iglesias; conservar la disciplina de la Iglesia”. Las enseñanzas del Papa en este último mes bien pueden ser presentadas a partir de esta afirmación.
El ejercicio de custodiar y proclamar la verdad de la fe se ha llevado a cabo en las meditaciones previas al rezo del Ángelus, donde Francisco, al hilo del evangelio proclamado en la liturgia dominical, nos ha presentado a los santos como las personas que pertenecen totalmente a Dios y ejemplos a imitar; se ha fijado en el ejemplo de la pobre viuda que entregó en el cepillo del templo todo lo que tenía para vivir; y ha proclamado el triunfo de Jesús al final de los tiempos como el triunfo de la Cruz. La proclamación de la verdad de fe se ha llevado a cabo también en las catequesis de las audiencias de los miércoles, donde, además de recordar el 50 aniversario de la aprobación de algunos documentos del Concilio Vaticano II, como la Declaración Nostra aetate o los Decretos Presbyterorum ordinis y Optatam totius, ha retomado la temática familiar y ha expuesto la importancia de vivir el perdón en la familia, la actitud de la convivialidad (compartir con felicidad los bienes de la vida), o la simbólica puerta santa del año de la misericordia que puede tener su versión doméstica como expresión de la apertura de la familia a la misericordia del Padre.
El ejercicio de defender y promover la comunión entre todas las Iglesias se descubre en los discursos dirigidos a los peregrinos del pueblo gitano, a quienes ha deseado que se inicie una historia renovada sin prejuicios ni discriminaciones; o a los miembros de la Asociación Radio María, a quienes ha invitado a perseverar en su misión evangelizadora cultivando el jardín interior de la oración y de la escucha de la Palabra de Dios. “Es necesario amar con el corazón de María para vivir y sentir en sintonía con la Iglesia”. Palabras de comunión encontramos también en los discursos dirigidos a la Unión Cristiana de Empresarios y Directivos, a los participantes en el Congreso de Centros de Ayuda a la Vida, al personal del Instituto Nacional Italiano de la Seguridad Social, a quien ha recordado la importancia de custodiar el derecho al descanso, y al mundo del trabajo en la plaza de la catedral de Prato, animando de forma especial a los jóvenes. La promoción de la comunión ha llevado a Francisco a visitar la iglesia evangélica y luterana de Roma.
El ejercicio, en fin, de conservar la disciplina de la Iglesia se ha manifestado en las afirmaciones de Francisco ante las filtraciones de documentos reservados, triste hecho que no desvía al Papa en absoluto del trabajo de reforma que está llevando a cabo. La conversión pastoral es el imperativo actual. Tarea posible para quien descubre que “sólo a partir del Corazón de Cristo podemos comprender, profesar y vivir su verdad”.
En breve

-Visita pastoral
El Santo Padre ha visitado Prato y Florencia, con ocasión del V congreso nacional de la Iglesia italiana.

-Iglesia luterana de Roma
El 15 de noviembre de 2015, el Papa visitó la Iglesia evangélica (luterana) de Roma, donde fue acogido con cordialidad.

-Aniversario de la declaración “Nostra Aetate”
A la audiencia del 28 de octubre, que el Papa dedicó al aniversario de “Nostra ætate” (sobre las relaciones con las religiones no cristianas) acudieron representantes de otras religiones.

-Audiencias
El tema dela familia se vuelve a encontrar en el centro de las catequesis del Santo Padre.

En pocos trazos
Septiembre – octubre 2015

Además de la familia

Por José Rico Pavés
Obispo auxiliar de Getafe

Como era de esperar, las intervenciones del Papa durante el último mes se han centrado principalmente en el tema de la familia. En las catequesis de las Audiencias de los miércoles, en las meditaciones del rezo del Angelus, en los discursos pronunciados en el aula sinodal y en las homilías de las Misas con participación de los padres sinodales, no ha dejado Francisco de invitar a sostener con la oración los trabajos de la XIV Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos.
Nos ha pedido poner la mirada en Jesús y, al mismo tiempo, dejarnos mirar por Él. Repasando el pasaje evangélico del encuentro del joven rico con Jesús, el Santo Padre ha hablado de tres miradas (intensa, pensativa y de aliento), para constatar que aquel joven no se dejó conquistar por la mirada de amor de Jesús y proponernos un principio de vida: “Sólo acogiendo con humilde gratitud el amor del Señor nos liberamos de la seducción de los ídolos y de la ceguera de nuestras ilusiones”. A partir de este principio, se pueden leer las otras intervenciones del Pontífice, como ayuda para dejarnos conquistar por la mirada de amor de Jesús.
Especial relevancia ha tenido el discurso pronunciado con motivo del quincuagésimo aniversario de la institución del Sínodo de los obispos por parte del beato papa Pablo VI. Bajo la acción del Espíritu Santo, la Iglesia en el Concilio Vaticano II ha tomado una mayor conciencia de que la sinodalidad es una de sus dimensiones constitutivas. Iglesia sinodal significa Iglesia que escucha y camina en comunión jerárquica. “Se trata de una escucha recíproca, en que cada uno tiene algo que aprender. Pueblo fiel, Colegio episcopal, Obispo de Roma: uno a la escucha de los otros; y todos a la escucha del Espíritu Santo”. El Sínodo de los obispos aparece así como el punto de convergencia de este dinamismo de escucha. A la luz de la sinodalidad propone el Papa comprender el ministerio jerárquico y el ejercicio mismo del Primado del Sucesor de Pedro.
Dirigiéndose al cuerpo de la gendarmería, Francisco ha acudido a la intercesión del arcángel san Miguel para no ceder en la lucha contra el Maligno y superar la tentación de la codicia, de la adulación y de toda forma de vanidad. A los participantes en el encuentro promovido por la Fundación Banco de alimentos, les ha exhortado Francisco para que sigan impulsando su actividad propia dentro de la cultura del encuentro y del compartir. Aunque la aportación al problema mundial del hambre pueda parecer una gota en el océano, sigue siendo necesaria para agrandar el río que alimenta la esperanza de millones de personas. El mismo Cristo es quien invita a abrir espacios en el corazón ante la urgencia de dar de comer al hambriento.
A los participantes en el Capítulo general de los misioneros combonianos del Corazón de Jesús, el Papa les ha recordado que, en cuanto están consagrados a Dios para la misión, están llamados a imitar a Jesús misericordioso y manso. En el Sagrado Corazón del Redentor encontrarán la mansedumbre que, como hija de la caridad, es paciente, perdona sin límite, aguarda sin límite y soporta sin límite. “Es la mansedumbre de la mirada de Jesús cuando miraba a Pedro la noche del jueves santo, o cuando invitaba a Tomás, el incrédulo, a poner la mano junto al Corazón traspasado. Ahí, en ese Corazón, se aprende la mansedumbre necesaria para afrontar la acción apostólica incluso en contextos difíciles y hostiles”.
En la canonización del sacerdote Vicente Grossi, de la religiosa madrileña santa María de la Purísima, y de los esposos y padres Luis Martin y María Azelia Guérin, el Papa ha señalado el camino de santidad que los hijos de la Iglesia están llamados a recorrer según su propia vocación. Los santos son quienes se han dejado conquistar por la mirada de Jesús y han sabido responder a los retos apostólicos y evangelizadores de su tiempo. Con su ejemplo e intercesión, nos estimulan a perseverar en el servicio a Dios y a los hermanos.

En breve
Oración por la familia
Francisco ha invitado a sostener con la oración los trabajos de la Asamblea Ordinaria del Sínodo de los Obispos, sobre la familia.

50 años del Sínodo
El Papa ha pronunciado un discurso de especial relevancia en la conmemoración del 50 aniversario de la institución del Sínodo de los obispos.

Canonizaciones
El camino de los hijos de la Iglesia es un camino de santidad. Canonizados los padres de Santa Teresita y otros.

Misión y servicio
El mismo Cristo mueve a abrir espacios de ayuda en el corazón.

En pocos trazos
Septiembre 2015

Los verbos del Pastor

José Rico Pavés – Obispo auxiliar de Getafe

Los meses de julio y agosto nos han mostrado al Papa Francisco en misión, con una dedicación no afectada por el calor del verano. Sabe bien el Santo Padre que la Iglesia extiende su tarea por el mundo entero, en todo tiempo y lugar, y la evangelización no conoce vacaciones. Durante el viaje apostólico por tierras de Ecuador, Bolivia y Paraguay, nos ha mostrado en primera persona cómo se debe impulsar la nueva etapa evangelizadora. Sus palabras y gestos son escuela de evangelización.
De regreso al Vaticano, tomando como referencia la escena evangélica de Jesús que conforta y enseña a los discípulos después de la misión, la atención se ha fijado en los verbos del Pastor, es decir, en la actuación de Jesús descrita por el evangelista con tres palabras: ver, tener compasión y enseñar. Los dos primeros verbos configuran a Jesús como buen Pastor. Y de su compasión nace el deseo de enseñar la Palabra de Dios a la gente: “Jesús ve, Jesús tiene compasión, Jesús nos enseña”. Las enseñanzas de Francisco, queriendo estar guiadas por el Espíritu de Jesús, nacen también de una mirada compasiva, que le permite reconocer las potencialidades humanas y espirituales de nuestros contemporáneos, a la vez que descubre los graves problemas sociales y económicos que les afligen. Dirigiendo la mirada y la compasión a los tres países visitados, el Papa ha hecho balance de su visita apostólica: “Ante los grandes desafíos que debe afrontar el anuncio del Evangelio, invité a buscar en Cristo Señor la gracia que salva y que da fuerza al compromiso del testimonio cristiano, a ampliar la difusión de la Palabra de Dios, a fin de que la destacada religiosidad de esas poblaciones pueda ser siempre testimonio fiel del Evangelio”.
Los mismos verbos del Pastor han sido conjugados durante las catequesis de las Audiencias de los miércoles. El tema de la familia se ha desglosado con enseñanzas cuyo eco mediático sigue aún resonando. Con palabras sencillas, Francisco se ha referido a la situación de quienes tras la ruptura de su vínculo matrimonial han establecido una nueva convivencia. “La Iglesia sabe bien que tal situación contradice el sacramento cristiano, pero con corazón de madre busca el bien y la salvación de todos, sin excluir a nadie. Es necesario una fraterna y atenta acogida, en el amor y en la verdad, hacia estas personas que en efecto no están excomulgadas, como algunos piensan: ellas forman parte siempre de la Iglesia”. Se ha ocupado también el Papa de tres facetas de la vida familiar: la fiesta, el trabajo y la oración. “En esta coyuntura, las familias cristianas tienen la gran misión de manifestar los aspectos esenciales de la creación de Dios, como son la identidad y el vínculo del hombre y la mujer, la generación de los hijos, el trabajo que cuida la tierra y la hace habitable”.
Mirada, compasión y enseñanza se han conjugado en la intervención de Francisco durante el Encuentro sobre “Esclavitud moderna y cambio climático, el compromiso de las grandes ciudades”, en la que ha recordado algunos de los principios expuestos en la Carta Encíclica Laudato si. O en las palabras dirigidas a los monaguillos, servidores del altar: “Cuanto más cerca estéis del altar, más os acordaréis de dialogar con Jesús en la oración diaria, más os nutriréis de la Palabra y del Cuerpo del Señor, y más capaces seréis de dirigiros al prójimo llevándole el don que habéis recibido”. O en el diálogo con los jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil.
La mirada, en fin, del pastor se ha dirigido al Cielo en la solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen, para recordar que, a la luz de este misterio, nuestra vida no es un vagabundear sin sentido, sino una peregrinación a la casa de nuestro Padre, que nos espera con amor. Mientras caminamos, la Eucaristía, en la que Cristo se nos da para que entremos en comunión con Él, nos hace gustar anticipadamente la vida del Cielo.

La voz de la Iglesia en la casa común

por José Rico Pavés. Obispo auxiliar de Getafe

El hecho más relevante de las intervenciones magisteriales del Papa Francisco durante el último mes es, sin duda, la publicación de la Encíclica Laudato si sobre el cuidado de la casa común. “El mundo es algo más que un problema a resolver, es un misterio gozoso que contemplamos con jubilosa alabanza”.

Es relevante no sólo por tratarse del primer documento pontificio de este rango redactado íntegramente por Francisco, sino también por la temática desarrollada y por la pretensión del mismo. Abordando la cuestión del cuidado debido a la creación, el Papa ha querido ampliar expresamente un capítulo de la Doctrina Social de la Iglesia que hoy requiere de modo especial nuestra atención. Pero al hacerlo no se ha dirigido exclusivamente a los católicos, sino que, dirigiéndose a todos, ha hecho oír la voz de la Iglesia en la casa común: “Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos”. Esta nueva encíclica ha puesto en evidencia de manera aún más clara la doble preocupación que orienta el Magisterio de Francisco: la reforma misionera de la Iglesia y el diálogo con todos sobre nuestra casa común.

El impulso de la reforma misionera se descubre en las homilías y meditaciones del rezo del Angelus, acompasadas siempre a la Palabra de Dios que se proclama en la Liturgia. En las audiencias de los miércoles, la catequesis se sigue centrando en el tema de la familia, con atención particular a situaciones humanamente difíciles, como son la enfermedad, el cuidado de los ancianos o la experiencia de la muerte. “La oscuridad de la muerte se debe afrontar con un trabajo de amor más intenso... El amor es más fuerte que la muerte. Por eso el camino es hacer crecer el amor, hacerlo más sólido, y el amor nos custodiará hasta el día en que cada lágrima será enjugada... La cruz de Jesús derrota la muerte. Jesús nos devolverá a todos la familia”.

Impulsos de reforma se perciben también en los discursos en la visita ad limina de los obispos de la República Dominicana, Puerto Rico, Estonia y Letonia, así como en los dirigidos a la Asamblea General de las Obras Misionales Pontificias, a cuyos miembros ha recordado Francisco cuál sigue siendo el principal reto de la Iglesia en nuestro tiempo: “La humanidad tiene tanta necesidad del Evangelio, fuente de alegría, esperanza y paz.Tiene prioridad la misión evangelizadora, porque la actividad misionera es aún hoy el máximo desafío para la Iglesia”. Se entiende entonces por qué el Papa ha querido encomendar la preparación del Año santo de la misericordia al Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización, “para que aparezca de forma más evidente que el don de la misericordia es el anuncio que la Iglesia está llamada a transmitir en su obra de evangelización en este tiempo de grandes cambios”.

El diálogo con todos, unido al empuje misionero, se ha practicado en los viajes apostólicos a Sarajevo (Bosnia y Herzegovina) y a Turín. En el primero, el Papa ha viajado como peregrino de paz y esperanza, para animar el camino de reconciliación y convivencia pacífica entre poblaciones diferentes. “He apreciado el compromiso de colaboración y solidaridad entre personas de diferentes religiones, instando a todos a llevar adelante la obra de reconstrucción espiritual y moral de la sociedad. Trabajan juntos como verdaderos hermanos”. En el segundo, la ostensión de la Sábana Santa ha sido la ocasión para agradecer a Dios la vida y la obra de san Juan Bosco, san José Benito Cottolengo y el beato Pier Giorgio Frassati. El ejemplo y la intercesión de estos hijos destacados de la Iglesia siguen iluminando la tarea evangelizadora. En los encuentros con el mundo del trabajo, con los salesianos e Hijas de María Auxiliadora, con los enfermos, los discapacitados y los jóvenes, mantenidos en Turín, Francisco ha hecho resonar la voz de la Iglesia, portadora de la alegría del evangelio, ayudando a mostrar el lugar peculiar que corresponde al ser hu- mano en este mundo, la casa común.