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DEDICACIÓN AL CULTO DIVINO DEL TEMPLO PARROQUIAL DE SAN ISIDRO

Queridos hermanos:

Vamos a vivir con mucho gozo esta solemne liturgia de la dedicación al culto divino de vuestro templo parroquial. Un templo construido con mucho cariño y con mucho esfuerzo y que, a partir de ahora, será el lugar donde esta comunidad parroquial se reunirá para alabar a Dios, celebrar los sacramentos y escuchar la palabra divina. Realmente, lo sabéis muy bien, lo que de verdad importa es el edificio espiritual, cuya piedra angular es Jesucristo. Nos lo acaba de recordar el apóstol Pedro: “Acercándoos a Él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida y preciosa ante Dios, también vosotros cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual, para un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo” (I Ptr. 2,4-9)

La piedra fundamental sobre la que se construye la Iglesia es Jesucristo. Sobre él, unidos a Él, por nuestra fe en su muerte en la cruz y en su resurrección gloriosa, somos edificados los cristianos. En la medida en que los cristianos nos adherimos a Él y en Él crecemos, la Iglesia se va convirtiendo en morada de Dios en medio de los hombres.

Sois Parroquia, ante todo, gracias al hecho de que Cristo está aquí, en medio de vosotros, con vosotros y en vosotros. Sois Parroquia porque estáis unidos a Cristo gracias al memorial del único sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre que se hace presente y se renueva en la Iglesia en el sacramento del pan y del vino. Centrad vuestras actividades parroquiales en la Sagrada Eucaristía y en el encuentro personal con Cristo.

Vivid la Eucaristía como banquete de comunión, en torno al cual la comunidad se reúne y se va consolidando entre todos la verdadera unidad. La Eucaristía, decía Juan Pablo II, crea comunión y educa para la comunión. “Esta peculiar eficacia para promover la comunión, propia de la Eucaristía, es uno de los motivos de la importancia de la Misa dominical...Ella es el lugar privilegiado donde la comunión es anunciada y cultivada constantemente. Precisamente a través de la participación eucarística, el día del Señor se convierte en el día de la Iglesia, que puede desempeñar así de manera eficaz su papel de sacramento de unidad” (E.E.41)

Papel privilegiado de la Parroquia es mantener y hacer visible esa unidad que brota de la Eucaristía. La Parroquia ha de ser acogedora para todos colaborando a la unidad del genero humano: ayudando a los matrimonios y a las familias, educando en la fe a los niños y a los jóvenes, cuidando a los enfermos y los ancianos, acogiendo con amor a todos los que acudan a ella., teniendo un corazón misericordioso con las mas diversas formas de pobreza tanto materiales como espirituales. La imagen de Zaqueo buscando al Señor, en medio de la multitud es un imagen muy elocuente de muchas personas, que hoy, perdidas en el anonimato de la gran ciudad, se sienten desamparadas y buscan una luz y un fundamento que de sentido a sus vidas.

Nadie ha de sentirse extraño en la Parroquia. Todavía sigue siendo válida aquella imagen rural de la Parroquia de la que nos hablaba el beato Juan XXIII. La Parroquia ha de ser como la fuente de la aldea, donde todo el mundo acude para calmar su sed. Hay mucha gente sedienta de Dios. ¡Que vuestro testimonio de vida les ayude a encontrarse con Aquel, que es fuente de agua viva, Jesucristo el Señor!

Los distintos ritos que iremos realizando nos ayudarán a comprender el misterio de la Iglesia, una Iglesia que renace en la fuente bautismal, se alimenta en la mesa de la Palabra y de la Eucaristía y crece por la acción del Espíritu Santo hasta convertirse en un templo espiritual.

La entrega al Obispo de las llaves del Templo significa que este edificio sólo tiene como misión acercar a los hombres a Dios, en el seno de la Santa Madre Iglesia, animada por el Espíritu Santo y guiada por Pedro y los apóstoles.

El agua bendita con la que hemos sido rociados y hemos rociado el templo nos ha recordado el bautismo. El bautismo es la puerta por la que hemos entrado a la Iglesia. En el bautismo hemos sido sumergidos en la muerte de Cristo para renacer con Él a una vida nueva y ser templo vivos de su gloria.

La proclamación de la Palabra de Dios tiene, como habéis visto, en este día una particular relevancia. Hemos pedido a Dios que en este templo resuene siempre con fuerza la Palabra divina para que todos los que acudan a él conozcan el misterio de Cristo y alcancen la salvación.

Dentro de un momento, al terminar la homilía, invocaremos a la Santísima Virgen y a todos los santos. Ellos forma la Jerusalén celeste. Los santos son nuestro intercesores y amigos. Ellos nos van a enseñar a seguir a Jesús y nos van a mostrar el sentido auténtico de la vida cristiana. De una manera especial pediremos la intercesión de S. Isidro labrador y de su esposa Sta. María de la Cabeza, modelo de matrimonio ejemplar. Y a ellos les vamos a pedir, en este día, que este templo sea el lugar donde el pueblo cristiano, reunido por Cristo, adore a Dios con espíritu y verdad y crezca cada día más en el amor. (La colocación de las reliquias en el altar, recordando la veneración que desde muy antiguo la Iglesia rendía a los santos mártires, nos ayudará a vivir esa comunión con aquellos que son para nosotros maestros de la fe.)

En la oración de dedicación expresaremos con mucha fe todo lo que para esta Parroquia va a significar este templo. “En este día tu pueblo quiere dedicarte , Señor, esta casa de oración en la cual te honra con amor, se instruye con tu Palabra y se alimenta con tus sacramentos.. que los pobres encuentre aquí misericordia, los oprimidos alcancen la verdadera libertad, y todos los hombre sientan la dignidad de ser hijos tuyos, hasta que lleguen gozosos a la Jerusalén celestial.”

Ungiremos después el altar y los muros del Templo con el Santo Crisma, pidiéndole al Señor que santifique este altar y este templo de forma que expresen visiblemente el misterio de Cristo y de la Iglesia. Y el incienso que después quemaremos sobre el altar recién consagrado expresará nuestra alabanza a Dios , nuestra oración ferviente y nuestro firme deseo de que, así como con el incienso el templo se llena de suave olor, así en esta comunidad cristiana se aspire siempre el aroma de Cristo.

En el evangelio de hoy el Señor nos invita a permanecer unidos a Él, como los sarmientos a la vid, para dar fruto abundante. El sarmiento no puede vivir separado de la vid. De ella viene la savia que lo alimenta. Si no es alimentado por la vid no puede producir nada que merezca la pena. Es la misma verdad que S. Pablo nos inculca con la imagen del cuerpo y los miembros: Cristo es la Cabeza de un cuerpo que es la Iglesia, de la cual cada cristiano es un miembro (cfr. Rom. 12,4 ss.; I Cor. 12,12 ss.). También el miembro si está separado del cuerpo, no puede hacer nada.

La savia que da vida a la vid y a los sarmiento y la fuerza vital que une íntimamente a la cabeza y a los miembros es el Espíritu Santo. En este día tenemos que pedir al Espíritu Santo el don de la comunión: que Él haga posible permanentemente entre nosotros el milagro de la unidad: “que todos sean uno, para que el mundo crea” . La unidad es un don que tenemos que pedir y al mismo tiempo una responsabilidad y una tarea que hemos de realizar: unidad, entre nosotros, con Cristo y en el seno de la Iglesia universal, aceptando gozosamente su diversidad de carismas y ministerios,. No se pueden separar estas tres realidades, unidas por el Espíritu Santo: nosotros (es decir la Parroquia), Cristo y la Iglesia. Como tampoco se puede separar la Iglesia Universal de la Iglesia Diocesana. En la Iglesia Diocesana, se concreta y realiza plenamente el misterio de la Iglesia Universal.

La Parroquia, crecerá en fecundidad apostólica y cumplirá plenamente su misión de ser sal y luz en medio de los hombres si permanece unida a Cristo, su Cabeza y con Cristo a la Iglesia Diocesana y a la Iglesia Universal. Estoy seguro de que así lo viviréis en esta Parroquia, que hoy dedica al culto divino su nuevo templo parroquial. Vivid muy abiertos y atentos al magisterio de La Iglesia, participad activamente en la iniciativas apostólicas, que la Iglesia os proponga, particularmente en los asuntos que, en estos momentos, tiene mayor urgencia como son los temas relativos a la transmisión de la fe, la juventud y la familia, y celebrad, gozosamente, siempre que os sea posible, los acontecimientos que van
marcando la vida y la historia de nuestra Iglesia diocesana. Y, sobre todo, en comunión con toda la Iglesia, vivid el ministerio de la caridad, es decir, el amor fraterno entre nosotros y la preocupación por los más pobres y los más necesitados de amor.

La Virgen María está muy presente hoy, en esta fiesta. Que ella proteja con amor maternal a esta comunidad que inaugura su templo parroquial.

Os invito en este día a poner vuestra mirada en la Virgen María y a pedir su intercesión para que nos ayude a vivir, unidos a ella, nuestro camino de confianza en la voluntad divina. Realmente el “si” de María al plan de Dios supuso un cambio completo en el destino del mundo. Gracias al “sí” de María nacerá Aquel que será la salvación de todos los hombres. Gracias al “si” de María será anunciada a todos los hombres la Buena Nueva. Gracias al “si” de María la muerte y el pecado serán vencidos. Y gracias al “si” de María el mundo recuperará la esperanza.

Que esta comunidad parroquial, a ejemplo de María, se deje transformar por Dios para convertirse en verdadera morada de Dios entre los hombres y en medio de este barrio, en medio de las casas de los hombres, proclame las maravillas de Dios y acerque a todas las gentes a Jesucristo, para que en Él encuentren la salvación. Amen

 

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