El domingo 15 de febrero, a las 17.00 horas, la Catedral Santa María Magdalena de Getafe acogerá el Rito de Ingreso al Catecumenado, presidido por el vicario episcopal para la Evangelización y la Transmisión de la Fe, Jesús Úbeda.
Participarán también María Barber, delegada de Anuncio, Catequesis y Catecumenado, y Jesús Ortiz de Zárate, delegado del Catecumenado y responsable de la Liturgia.
En esta ocasión son 50 los candidatos que darán un paso decisivo en su camino de fe al participar en este rito, que marca el inicio oficial de su proceso de iniciación cristiana. Entre ellos se encuentra Luis Lacoste, estudiante de Física de 23 años, natural de Boadilla del Monte, uno de los más jóvenes del grupo.
Su historia no es la de quien siempre estuvo cerca de la fe. «Desde que era pequeño, muchas veces me perdía en los placeres mundanos», reconoce con crudeza. Durante cinco años fumó porros «casi todos los días», hasta el punto de sentirse «muy apático, casi sin emociones, que te da igual todo».
En su etapa de socorrista «trabajaba para pagarme la Universidad» encontró a Mariluz y a Emilio, su marido, quienes le hablaron de Dios y le animaron a cambiar de vida y a acercarse a la fe.
El punto de inflexión: un retiro Effetá
El punto de inflexión llegó tras una tiempo en el que experimentó un profundo vacío interior. «No me sentía nada lleno por dentro y no sabía qué hacer. Necesitaba ilusión, necesitaba sentirme vivo», explica. En un retiro de Effetá vivió una experiencia que describe con imágenes muy gráficas: «Jesús se me presentó… y me dijo: “tengo aquí tu ilusión, ¿qué quieres hacer con ella?”». Su respuesta fue inmediata: «dámela porque la necesito».
Desde entonces, afirma sin titubeos: «empecé a sentirme muchísimo más vivo». Define este proceso como «volver a nacer», una vida nueva que le ha ayudado también a «poner límites emocionales» y a ordenar su existencia desde otra perspectiva.
Su decisión de entrar en el Catecumenado nace de un deseo claro: «fui al Catecumenado para conocer a Dios, sobre todo para conocerle». No se trata solo de una emoción pasajera, sino de una búsqueda intelectual y espiritual coherente —no en vano estudia Física, una disciplina que muchos consideran ajena a la fe—. Sin embargo, él asegura que ha descubierto que Dios «no está detrás de las leyes físicas, sino por encima de ellas».
El rito comenzará en el atrio de la Catedral, espacio que simboliza el umbral entre la vida anterior y el inicio de un camino de purificación y preparación hacia los sacramentos de la iniciación cristiana. Allí, los catecúmenos serán acogidos oficialmente por la Iglesia y comenzarán un itinerario que culminará con el Bautismo —o la plena incorporación sacramental—, la Confirmación y la Eucaristía.
Para Luis, vivir este momento en la Catedral y junto a otros 49 candidatos tiene un profundo significado: «Es una forma de hacer público mi compromiso en el mundo». Un gesto que, en su caso, supone «dejar atrás una etapa de dispersión y asumir una identidad creyente de manera visible».
A otros jóvenes que puedan sentirse inquietos espiritualmente, les lanza un mensaje directo y generacional: «Que dejen de estar todo el rato anestesiados con la tecnología… y que realmente vivan lo que les pide su interior».
Llegados desde los más remotos lugares
Los simpatizantes que el domingo celebrarán el Rito de Ingreso al Catecumenado tienen entre 17 y 46 años. En esta ocasión son 50 los candidatos que darán un paso decisivo en su camino de fe al participar en este rito, que marca el inicio oficial de su proceso de iniciación cristiana.
En cuanto a sus lugares de procedencia, la mayoría son españoles, pero también hay presencia de otros países tan diversos como Perú, Francia, Inglaterra, Mozambique, El Salvador, Cuba, China, Irán, Argentina, República Dominicana o Nigeria, signo visible de la universalidad de la Iglesia.
Una celebración cargada de simbolismo
El rito de ingreso, cargado de simbolismo, comenzará en el atrio de la iglesia, un lugar que, más allá de ser solo un espacio físico, marca el inicio del proceso de purificación y preparación de los catecúmenos para recibir los sacramentos de la iniciación cristiana en el futuro.
A través de este ritual, que está lleno de signos litúrgicos profundos, los nuevos catecúmenos serán introducidos en la belleza y riqueza de la liturgia de la Iglesia, un primer paso hacia su plena integración en la vida eclesial.
El rito de ingreso es un momento de alegría, esperanza y comunión, no solo para los catecúmenos, sino también para toda la comunidad cristiana. Este acto simboliza el inicio de un proceso formativo que, a lo largo de los meses, les llevará a profundizar en el misterio de la fe y a prepararse para recibir los sacramentos de Bautismo, Confirmación y Eucaristía, completando así su plena iniciación cristiana.