Homilías

Funeral del policia nacional asesinado por ETA en Madrid el 10 de julio de 2001

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HOMILÍA DEL FUNERAL DEL POLICÍA NACIONAL ASESINADO POR ETA EN MADRID EL 10 DE JULIO DE 2001
SAN MARTÍN DE VALDEIGLESIAS , 11 DE JULIO DE 2001

Queridas autoridades, queridos hermanos y amigos y muy especialmente querida familia de Luis, queridos padres y hermanos, querida Maite:

Estáis viviendo en estos momentos una experiencia muy dura, una experiencia de profunda tristeza y desconcierto. Estáis verdaderamente desolados. ¿ Cómo ha podido suceder esto? ¿Cómo es posible que exista gente tan desalmada y tan irracional que nos haya podido arrebatar de esta forma cruel y bárbara a nuestro querido Luis? ¿Cómo se puede entender que de una manera calculada, preparada fríamente y pretendidamente justificada nos hayan destrozado la vida?

Sé que en unas circunstancias como estas, cualquier palabra sobra. No hay palabras.

Pero permitidme que os diga, con todo mi cariño, que vuestra tristeza y vuestro dolor es también nuestra tristeza y nuestro dolor. Quiero estar muy cerca de vosotros y conmigo toda la Iglesia y particularmente esta Iglesia y este pueblo de San Martín: pueblo de gente buena, pueblo de personas sencillas que aman la vida y que acogen con afecto a todo el que llega. Este pueblo ¡tu pueblo, Maite!, con lagrimas en los ojos y el corazón encogido, os abraza con mucho amor , para consolaros, para llorar con vosotros, para abriros las puertas de sus casas y para que os sintáis rodeados de amigos, que os quieren de verdad y os ofrecen toda la ayuda que necesitéis. No estáis solos.

Y este pueblo bueno y cordial y esta Iglesia a la que represento quiere unirse también a vosotros y a todos los hombres y mujeres con sentimientos de humanidad para condenar, una vez más, con toda firmeza este crimen y todos los crímenes y atrocidades que ETA desde hace tantos años viene cometiendo. Y para condenar no sólo a los autores materiales de este crimen, de este horrendo pecado, sino también a todos los que de una u otra forma, directa o indirectamente, por acción o por omisión, están cooperando con este pecado.

Porque en el pecado ajeno puede haber una cooperación y, por lo tanto, en grados diversos, una grave responsabilidad.

Hay cooperación y participación en el plano de la voluntad: mandando y dando órdenes a los asesinos o aconsejándoles, o consintiendo lo que hacen o elogiándolos o justificándolos.

Se puede cooperar en el plano de la acción participando directa o indirectamente en el pecado ajeno o encubriendo a los culpables o siendo cómplices de ellos.

Y, se puede cooperar - y esto frecuentemente se olvida - con la omisión o el silencio culpable o con la no oposición clara y rotunda, o con la indiferencia y la no manifestación en su contra, o , especialmente en el caso de los que tienen responsabilidades sociales o políticas, no poniendo todos los medios a su alcance, de palabra y con actuaciones, para acabar con ETA, incluso dejando a un lado aspiraciones legítimas. Porque no basta despreciar a ETA. Hay que poner todos los medios que la ley permita para acabar con ella. Y las aspiraciones legítimas, se hacen ilegítimas, se pervierten, cuando se anteponen a bienes superiores como el bien de la vida o el bien de la libertad.

Pero, hoy especialmente, querida familia de Luis quiero que, por encima de todo, mi palabra sea para vosotros una palabra de esperanza y una palabra de fe.

Nuestro hermano Luis ha muerto cumpliendo su deber y ayudando a la gente para que no sufrieran ningún daño.Y Jesucristo dice: “No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos” y en el evangelio que hemos escuchado dice también: “ Venid benditos de mi Padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo ... porque lo que hicisteis a mis hermanos más humildes me lo hicisteis a mi”

Nosotros creemos y proclamamos que Jesucristo muerto en una cruz, por nuestros pecados, asumiendo todos los sufrimientos e injusticias de la humanidad, ha resucitado de entre los muertos; y vive y da la vida a cuantos creen en El. Y todos los que han muerto en el Señor y han muerto amando y entregándose al prójimo un día resucitarán con El.

SI. Creemos en la resurrección de los muertos. Creemos que llegará un día, como dice el libro del Apocalipsis, en que “ya no habrá ni muerte, ni luto, ni llanto ni dolor”.

Creemos que hemos nacido no para morir, sino para vivir. Ceemos que el ser humano no es fruto de la casualidad o del azar; que no es, como una estrella fugaz, que nace de la nada y se pierde en la nada y en el olvido. El ser humano, nos dice la razón, es algo tan maravilloso, que sólo puede ser fruto de una sabiduría y de un amor personal. Y eso que la razón intuye, nos lo confirma la fe. Dios ha querido revelarnos su Rostro en Jesucristo, que es su Palabra. Nosotros creemos que la sabiduría y el amor de Dios se han hecho rostro humano en Jesucristo y en El la muerte ha sido vencida y el amor ha triunfado. Eso es lo que ahora vamos a celebrar en la Eucaristía: el Misterio Pascual, el Misterio de nuestra fe: “Anunciamos tu muerte proclamamos ti resurrección ¡Ven Señor Jesús!

Creemos que somos fruto del amor divino y que nuestro destino, en Cristo muerto y resucitado, por el que podemos llegar a ser hijos de Dios, es el encuentro definitivo e inefable con la inmensidad del Amor de Dios.

Nuestro querido hermano Luis ha muerto en un acto de servicio y de amor.” En el atardecer de la vida seremos juzgados por el amor”

Creemos y esperamos encontrarnos un día con él, en el amor de Dios.

San Martín de Valdeiglesias, 11 de Julio de 2001

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