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CADA DÍA VIVIMOS EL ACONTECIMIENTO DE LA IGLESIA

Es una bendición poder vivir cada día algo grande porque nuestro corazón está hecho para cosas grandes. Grandeza que, por cierto, no consiste en el tamaño, ni en el ruido, ni en lo extraordinario. Es la grandeza de lo pequeño, lo que se vive en lo cotidiano, es aquello que verdaderamente llena el corazón. Esto, sencillamente, es lo que vivimos cada día en la Iglesia.

  Si nos paráramos a pensar: ¿qué me da a mí la Iglesia? La Iglesia te da la Palabra de Dios, te da los sacramentos, y también la caridad, te da la fraternidad en una comunidad que te acoge como hermano porque verdaderamente lo eres, somos hijos de un mismo Padre. La Iglesia es la presencia del Señor cada día, y la garantía de que no soy yo quien construyo mi propia historia, es el Señor el que lo hace, pues la Iglesia es la garantía de la fidelidad al Señor. Por eso, podemos sentirnos agradecidos a esta Iglesia, orgullosos de formar parte de esta comunidad que el Cuerpo de Cristo.

  Hoy la fe no es una marca de moda, no son pocas la veces que ante los demás tenemos que justificar lo que creemos y por qué creemos, y esto nos puede llevar a la doble tentación de encerrarnos y vivir la fe como algo privado, o, por el contrario, querer defenderla con la fuerza. Pero el amor no se impone; nosotros proponemos la fe en un Dios que nos ama, y lo hacemos “con dulzura y respeto”, con claridad en la palabra y con caridad en el testimonio. Yo me siento orgulloso de la fe que recibí de mis padres, y que cada día intento hacerla algo mío. Es esta experiencia inmensa del amor de Dios la que me impulsa a decir a todos que “nuestro Dios es amor”, porque no quiero que nadie se prive de lo que sostiene mi vida.

  Algunos querrán contestar a esta experiencia de fe aduciendo los pecados de la Iglesia. La Iglesia es santa y pecadora, esta es la conciencia de la comunidad cristiana desde el principio, y así lo han expresado maestros y pastores santos. Es santa porque Dios es santo, y es pecadora porque los somos nosotros. La Iglesia existe para los hombres que somos pecadores, pero queremos ser santos como Dios es santo. Por eso, Dios, conociendo nuestra debilidad ha dejado en la Iglesia los medios para que lleguemos a Él, y nos ha mostrado que quiere que nos salvemos juntos.

  La experiencia sinodal a la que estamos convocados tiene que ser un signo de credibilidad de una Iglesia que vive la unidad de la fe, para ser signo de esperanza y de caridad en medio del mundo. Es la invitación que quiero hacer a esta iglesia diocesana de Getafe.

  Para vivir este propósito nos acogemos a la materna intercesión de la Virgen María, a la que veneramos como Nuestra Señora de los Ángeles.

    A todos os saludo y os bendigo.

               + Ginés, Obispo de Getafe