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HOMILIA SAN BENITO MENNI

En su Exhortación Apostólica “Novo Millenio Ineunte” nos decía Juan Pablo II: “No dudo en decir que la perspectiva en la que debe situarse el camino pastoral es el de la santidad (...) En realidad, poner la programación pastoral bajo el signo de la santidad es una opción llena de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, s el Bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserción en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, sería un contrasentido contentarse con una vida mediocre, vivida según una ética minimalista y una religiosidad superficial” (NMI. nn. 30-31)

Vivimos momentos en nuestra sociedad y en nuestra cultura en los que esta perspectiva de la santidad se hace especialmente urgente. Hoy no caben medias tintas. Seguir a Jesucristo y amarle con todo el corazón supone reconocer que sólo en Él está la salvación y que sólo amándonos unos a otros, tal como Él nos amó, es decir, por el camino de la cruz, encontrará el hombre la vida verdadera. Pero es claro que este modo de pensar y este modo de vivir entra inmediatamente en conflicto con todo un ambiente cultural que se ha olvidado de Dios y en el que se extiende, cada vez más tiene, el nihilismo en el pensamiento, el relativismo en la moral y el puro pragmatismo materialista en la configuración de la vida diaria. (cfr. IE)

La celebración de la fiesta de un santo nos llena de luz y de esperanza. Para aprender a ser santos tenemos que mirar a los santos. Ellos son los que nos dicen, con el testimonio de sus vidas en qué consiste el camino de la verdadera santidad. Sus vidas son el reflejo del amor divino y un ejemplo viviente entrega a Dios y a los hermanos. “Mediante el testimonio admirable de los santos fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva, dándonos así pruebas evidentes de tu amor. Ellos nos estimulan con su ejemplo en el camino de la vida y nos ayudan con su intercesión” (Prefacio II de los santos).

San Benito Menni es un modelo luminoso de santidad. Fiel seguidor de S. Juan de Dios es un verdadero heraldo del Evangelio de la misericordia y profeta de la hospitalidad. Las palabras del Señor: “Venid, benditos de mi Padre; heredad el Reino preparado para vosotros, desde la creación del mundo (...) porque estuve enfermo y me visitasteis” (Mt. 25,34.36) quedaron grabadas en su alma para siempre.

Durante sus estudios sacerdotales y de enfermería fue forjando su personalidad como religioso hospitalario. Una personalidad que él, con un gran espíritu de obediencia, puso a disposición de sus superiores para entregarse, en cuerpo y alma, al servicio de los enfermos más necesitados.

España, cuna de la Orden Hospitalaria, vivía, en la segunda mitad del siglo XIX, momentos de trágicas luchas políticas y, en algunos sectores, una gran hostilidad hacia lo religioso. La obra de S. Juan de Dios había quedado prácticamente extinguida. San Benito Menni fue el hombre providencial, elegido por Dios, para renovar e impulsar nuevamente en España la obra que Juan de Dios había iniciado.

Y junto a su gran obra como restaurador de la Orden Hospitalaria está su obra como fundador. Con su llegada a Granada (1878), Benito Menni entra en contacto con dos jóvenes, María Josefa Recio y María Angustias Jiménez, que en el año 1881 (hace 125 años) serán el germen, aquí en Cienpozuelos, en medio de muchos sufrimientos y hasta del martirio de una de ellas de la Congregación de Hermanas Hospitalarias del Sagrado Corazón de Jesús”

Como signo de su identidad de su identidad en el servicio hospitalario S. Benito Menni les trasmite su mensaje en seis palabras, que todas las hermanas llevan muy dentro de su corazón: “rogar, trabajar, padecer, sufrir, amar a Dios y callar”. Realmente estas palabras reflejan, en gran medida, lo que fue la vida de S. Benito Menni. Un hombre lleno de Dios, lleno del amor de Dios. Y, por estar lleno del amor a Dios, un hombre apasionado por el amor a los hijos de Dios, mas pobres y abandonados.

Cuando uno lee la vida de los santos se queda asombrado de su extraordinaria capacidad de trabajo y de sufrimiento y de su gran creatividad y constancia en el ejercicio de la caridad. Y nos parecen personas excepcionales y admirables, pero muy dificil de imitar.

Es verdad que son personas excepcionales. Pero si llegaron a hacer lo que hicieron es porque en ellos había un muy profunda espiritualidad. Y esa espiritualidad, sí podemos imitarla y seguirla. Porque esa espiritualidad esta al alcance de todos y la Iglesia, nuestra Madre, nos la ofrece todos los días. Después, las obras que resulten de esa espiritualidad dependerán de muchas cosas y de las cualidades y dones especiales que el Señor conceda a cada uno.

Y ¿qué es lo que encontramos en la vida espiritual de S. Benito Menni?.

Encontramos una vivencia intensa del misterio de la Santísima Trinidad. “Si alguno me ama, guardará mi Palabra y mi Padre le amará y vendremos a Él y haremos morada en él” (Jn.14,23). Él se siente inundado por el amor divino, por el don del Espíritu Santo que ha recibido, y de esta manera se siente también participe del amor que une a las Tres divinas personas y llamado extender en el mundo ese amor, especialmente en los más necesitados de amor.

Y ese amor de Dios, S. Benito Menni, lo vivirá en el corazón de Cristo, en el Corazón de Jesús. Ese corazón traspasado por la lanza del soldado, del que brotará sangre y agua, del que nacerá la Iglesia. Benito vivirá mucho la espiritualidad del Corazón de Jesús. En el Corazón de Jesús, fuente de amor, en la humanidad de Jesús él descubrirá el amor del Padre que ha entregado a su Hijo Único para que el mundo tenga vida por medio de Él. La contemplación de la Pasión del Señor le llenará a . Benito de fortaleza para afrontar los muchos padecimientos que tuvo que sfrir en su vida, especialmente en su etapa final.

Y todo esto lo vivió con una devoción intensa y filial a la Virgen María. Con la sencillez de un niño sabía acudir a María, en todos los momentos, buscando su protección y pidiéndole que le mantuviera siempre fiel en el seguimiento de su Hijo Jesucristo y en el amor a todos a aquellos por los que su Hijo había muerto en la cruz.

La vida espiritual de S. Benito, de la que brotará su intensa actividad, su humildad heroica y su caridad sin límites, es en realidad una vida espiritual sin complicaciones marcada por la recepción de los sacramentos y la adoración a la Eucaristía, ante la que pasaba largos ratos de oración íntima.

S. Benito fue un gran formador, en el seguimiento de Cristo, de hermanas y hermanos hospitalarios. Supo lograr con tesón que muchos colaboradores, bienhechores y voluntarios se fueran identificando con sus proyectos y sobre todo el estilo evangélico de esos proyectos.

Él sigue teniendo un gran actualidad entre nosotros. Y su obra continua en sus seguidores. En él hemos de encontrar todos una llamada a la sensibilidad y al compromiso con los hombres que viven en la actualidad, situaciones de pobreza y marginación: especialmente en el mundo de los enfermos mentales, tan olvidados hoy en nuestra sociedad y que tanto sufrimiento produce en ellos mismos y en sus familias.

En S. Benito Menni tienen los voluntarios un ejemplo y un protector. El amor al hermano, la solidaridad con los que se hayan en pobreza y carencia extremas, el servicio a los enfermos, imágenes vivas de Jesús fueron los criterios que llenaron la vida de este gran hombre y de este gran santo.

Que él interceda por nosotros, ante el Señor, para que sintamos la urgencia de la caridad, superemos nuestros egoísmo, y siguiéndole de todo corazón nos convirtamos en esos buenos samaritanos de los que nuestra sociedad de hoy tanta necesidad tiene.

 

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